Hablar del tiempo es un tópico, claro que sí. Pero es que además, da mucho juego.

Fíjate en el dicho popular de “Nunca llueve a gusto de todos”… Yo casi me atrevería a decir que de casi nadie.

Árboles con sol de fondoY no es que dude de que haya amantes de la lluvia, que haberlos haylos, como las meigas, aunque me imagino que en España, con la que está cayendo (literal), estarán con la boquita bien cerradita, para no despertar la ira de nadie.

Porque la verdad, es que yo creo –es un suponé, vaya por delante-, que la inmensa mayoría de las personas (humanas, bueno en este caso también las animales -nunca entendí esta redundancia-)  estamos de agua hasta… las narices ¡Qué a mi coche le va a salir champiñones en el capot!

Creo que a estas alturas del año, muchos nos planteamos si destinar nuestro pequeño (o gran) jardín a plantar un arrozal y así de paso mimetizamos con la creciente población china. Para amortizar el encharcamiento y que se sientan como en casa, ya sabes.

Volviendo al tiempo, que me voy por las ramas (peladas aún por este invierno remolón -que no quiere decir que mole dos veces, ni mucho menos). Ahora estamos en un momento en el que la gran mayoría está deseando que llegue el buen tiempo. Que deje de llover -que estamos muy hartos y los pantanos muy llenos-. Que por fin haga calorcito. Que la primavera se deje notar…

¿Para qué? Para empezar con las alergias, el “qué me pongo” -porque la ropa de entretiempo es muy complicada, no nos engañemos-, la astenia primaveral, el “qué pereza da ir a trabajar (el que tenga la suerte de poder ir) con el sol que hace”…

¡Si nos vamos a quejar igual! ¡Y más en primavera, estación en la que lo normal es que no haya un tiempo estable que se diga!

–          Que cae un chaparrón: ¡vaya fastidio, hoy (justo) que íbamos a ir de campo!

–          Que hace calor: ¡cómo empecemos así, se nos echa encima el verano sin enterarnos!

–          Que hace fresquito: ¡qué hartita estoy de tener que abrigarme!…

¡Si no nos va a parecer bien de todas formas! ¡Y en primavera menos que nunca¡

¡Qué ganas tengo de que llegue el verano y marcharme a la playa!!

Y llega el verano…

Y primero porque no te puedes ir a la playa y luego por que te vas, tampoco estas a gusto.

Empiezas con “este calor no hay quien lo aguante. Todo el día sudando”.

Pasas por el que “Es que con este calor no apetece ni trabajar (el que pueda, insistió)”.

Ya por fin te vas a la playa –si eres uno de los afortunados, claro, que si no te quedas en la fase 1 y con razón-  y entonces te dedicas a descansar…

Puesta de sol en el mar

Con la famiiilia…

Los niiiiiiiiiiñossss…

¡La sueeeeegraaaaaaaaaaaaaaaaa!

¡Y terminas por invocar hasta a mismísimo Herodes!

Porque en el día a día no te da tiempo a darte cuenta de lo desordenado que es tu marido.

De lo pesada que se pone la niña con el “me abuuuuuuurrrrrro”.

Lo graciosín que es el pequeñajo cuando te tira un cubo de arena mientras te das el bronceador.

Lo cansina que es tu mujer siempre intentando organizarlo todo hasta cuando toca relajarse…

¡Y casi tiene ganas de llegar al trabajo -no me voy a poner pesada al respecto- para contarle a los demás lo maravilloso que era el apartamento y, de paso, volver a tu rutina y desconectar de tanta familia! ¡Qué ya está bien! ¡Vaya vacaciones me han dado!

–          ¿Las vacaciones? Maravillosas, ya sabes…

Y llega el final del verano, que es triste por definición y la depresión post-vacacional, el otoño, la vuelta al trabajo  –… – en el que todo sigue igual o peor, el principio de curso con ese estrés y esos gastos inasumibles…

Y cuando lo superas, los días son muy cortos. Las temperaturas siempre son más bajas de lo que esperas. No ves la luz del sol y eso no hay que lo aguante… El día que sales con chaquetita, necesitabas abrigo. El día que te llevas un anorak, te dan ganas de comértelo con tal de no cargar con él…

¡Por lo menos que llegue el invierno y así vamos a la nieve y ya sabes a qué atenerte!

Y tu deseo se hizo realidad y dejó de ser tu deseo

Montaña nevadaY, cuando estas hasta el moño de rascar el cristal del coche por la mañana. De ir con más capas de ropa que una lechuga. De dejarte los guantes en cualquier lado. De estar pendiente de la quitanieves. De que se estropee la caldera de la calefacción siempre el día que más frío hace. De dejarte el paraguas –que nunca llevas, por otra parte- justo el día que más llueve… y sólo quieres que todo acabe ya y que llegue el buen tiempo, te das cuenta que ha pasado un ciclo completo sin que hayas dejado de quejarte.

Porque, para que nos vamos a engañar, da mucho más juego quejarse en el ascensor del tiempo, que decir “¡Qué bonito está el campo!” Que siempre queda un poco gay o como si te hubieses tragado la pastillita de la felicidad o estuviese recién f¡¿A semejante afirmación que contestas?!

– “Sí, precioso. Con sus amapolas, margaritas, dientes de león, helechos, jaras….”

Y te metes en el papel de Pilar,  María Esteve en “Al otro lado de la cama” a ver si mientras recitas todas las plantas del campo llegas al 8º, se baja ya ese cursi y se acaba esta conversación absurda.

Moraleja

Vive el momento, Carpe Diem. No vaya a ser que en la siguiente fase tampoco estés a gusto y vayamos desperdiciando por ahí la vida ¡Que no está como para regalarla!

Por cierto, a ver si empieza ya a hacer bueno de una vez, que tengo ganas de dar un paseo en bici  😉

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comentarios
  1. Aquí, en las proximidades de Barcelona, hoy ha hecho un calor que ya he empezado a desear que vuelva el invierno, je, je… Qué grande María Esteve… ¿Y qué me dices de Willy Toledo como ‘NIño melón’? Qué dolor de barriga de tanto reírme!

    • IkramBarcala dice:

      Jajaja Benjamín, ¡¡tú si que eres impaciente!!

      Conozco un vendedor en Madrid que es igual que María Esteve en esa película. Le preguntas si tiene camisas para gemelos y ya te dice que: sí, lisas, de rayas, con cuadros, con puños y cuellos en otro color, de fiesta, sencillas, y camisas de falsos gemelos, con doble puño, y además, corbatas, gemelos, pisa corbatas (si no se llevan nada!!)… Y así 10 minutos sin tomar aire. No pude comprar nada, me dio la risa…

  2. Damabel dice:

    Más razón que un santo, lo que nos quejamos…..
    Pero…. solecito, dónde estás?? Vuelve, que te echamos de menos!!

    • IkramBarcala dice:

      Hola Damabel,
      ¿Durante cuanto tiempo quieres que haga sol? Es para ir haciendo el pedido 😉
      No, en serio, si cambiamos el chip y conseguimos ver lo bueno de cada cosa, nos dará igual si llueve o hace sol.
      Besos!!

Y a ti ¿Qué te parece?

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