Mis diez pequeños placeres

Publicado: 30/04/2013 en Divagaciones, Esas cosas que me gustan
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HAppy Face icono de sonrisaParece que si no haces de vez en cuando un post con una lista no eres un blogger de verdad. Y, como yo estoy a ver si se me aceptan en esta (nuestra) comunidad, pues allá voy.

Lo más habitual es hacer listas de trucos para tal o cual cosa en las redes sociales, libros, restaurantes, actitudes para ser mejor persona… pero lo mío va de divagar, darle vueltas a las cosas y de estar a gusto, de conseguir sonreír hasta en los malos momentos (total nada) así que os voy a contar las diez cosas que a mí me hacen estar bien, relajarme, pasar a un estado de nirvana temporal. Y os lo quiero contar por si no habías caído en la cuenta de lo placenteras que son algunas de ellas.

¡A mí me funcionan!

Por cierto, ya sabéis que yo soy de enrollarme, así que si esperáis una enumeración sin más, ya estáis cambiando de blog. Vamos con ello pero sin orden, que a eso no me atrevo.

1- El agua. No es que al igual que hacen en las pelis (es que en la vida real no he visto a nadie que lo haga) que se arrean un whisky para estar mejor yo me tome un vasito de agua. No sé si por mi condición de cangrejo o porqué, pero sumergirme en el agua o notar como cae el agua sobre mí me relaja.

¡Ojo! Que en función de cada estado de ánimo necesito una cosa u otra. A ver, el modo chorros de spá y demás vale para cualquier situación, pero me refiero que, por ejemplo, si lo que estoy es furiosa, una ducha es lo mejor. Es como si a medida que cae el agua sobre mí, arrastrase la mala leche.

Sumergirme en una piscina sin más me aísla de las cosas que me agobian. Y nadar y dejarme llevar por el mar, me devuelve el estado de paz y una sonrisa -tipo Gioconda- a la boca.

2- El sonido del mar. No todo va a ir por el mismo camino, lo prometo, pero desde luego que el cerrar los ojos y escuchar las olas del mar me da vida. Sí, lo confieso, yo soy de las que graba el romper de las olas e incluso compra CDs con su sonido. La vida de un cangrejo de interior es muy muy dura.

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3- Columpiarme. Habéis leído bien. Hacía mucho tiempo que no lo probaba y hasta el momento me había conformado con el vaivén del balancín de mi jardín. Pero ésta Semana Santa me he saltado todas las normas del mundo y me he subido a un columpio infantil –de los de hierro del año Maricastaña- y debí de estar más de media hora retando a la gravedad. Ya sabes, intentando tocar el cielo con los pies.

Creo que es lo más placentero que hacía en mucho tiempo. ¡Se me había olvidado esa sensación de volar tan agradable!

4- El ejercicio físico. Tranquilos, no me voy a tirar el pisto en plan: “soy una súper deportista y por eso estoy guay” De jovencita, como era muy impulsiva, para evitar problemas mayores cuando alguien me tocaba las narices más de lo que estaba dispuesta a aguantar, me marchaba, daba una vuelta a la manzana toda pastilla y por el camino soltaba un poco de tensión.

Ahora, ya he aprendido a controlar mis impulsos –al menos un poquito más- sin moverme del sitio,  pero es verdad que una buena sesión de bicicleta de montaña me deja como nueva y si es con cuestas mejor. Las subidas para quemar tensión y las bajadas para que el viento arrastre todo lo negativo.

5- Abrazarme a una taza de té. Hay gente que bebe té o café. Yo me abrazo a la taza.

No pongo la taza al lado de mi ordenador mientras voy escribiendo y doy pequeños tragos, sino que cuando de verdad quiero disfrutar con esta bebida, que por otra parte me gusta mucho, lo que hago es atraparla con las dos manos y sentir el calor que desprende. Acercarla a la cara para que me llegue su aroma y disfrutar de ella mucho más que con el paladar. Rarita que es una…

La verdad es que no he probado a observarme desde fuera haciendo esto pero, ahora que lo pienso, debo parecer Gollum con su famoso “mi tesooooooro”. Aunque lo cierto es que me da igual. ¡Me gusta!

6- ¡Que me rasquen la espalda! Lo sé, es demasiado. Está bien para un oso, un chimpancé o un perrito mimoso, pero las personas no buscamos este tipo de cosas. Pues yo sí. Y no es que me pique todo el tiempo cual saco de pulgas. Es que me producen un placer sin parangón. Reconócelo, a ti también te gusta pero no lo verbalizas. ¡Pues tú te lo pierdes!

IMG_60517- Caminar descalza. Antes de ayer veía en un Españoles por el Mundo en la Selva Negra un circuito que había en plena naturaleza para caminar descalzo y sentir en los pies los distintos puntos de reflexología gracias a las diferentes texturas por las que caminabas en pleno bosque y así, activar no sé qué historias del cuerpo.

Yo la verdad es que me conformo con ir por casa descalza –cosa que a mi chico no le gusta nada-, la arena de la playa -soy un cangrejo, que esperabas- o el césped.

Lo de la reflexología podal lo he probado y es bestial: lo que duele y lo bien que funciona, aunque lo cierto es que no soporto que me toquen los pies. Sin embargo, notar la hierba fresca al caminar o sumergirme entre la arena de la playa, y más si está muy muy calentita me deja como nueva.

8- Mi mantita. Ya, no suena muy maduro… Soy de las que después de comer se deja devorar por una mantita en un sofá y si hay siesta, mucho mejor. Pero lo que no concibo es sentarme relajada sin mantita, ya sea agosto y haya 40 grados a la sombra.

9- Gatos jugando. Sí, a algunos les gustan perder su mirada en las bolas de plasma, a otros en los peces nadando en una pecera… y yo confieso que soy capaz de pasarme horas sin enterarme cuando veo a dos gatos jugando. ¡Y no es un decir! En mi anterior casa había un jardín en el que siempre había cachorrillos jugando y más de una mañana se me fue el control del tiempo viendo como correteaban, trepaban a un árbol, luchaban juguetones entre ellos… Estas imágenes me relajaban tanto, que luego no tenía ni cargo de conciencia por mi improductividad…

10- Colorear. Venga, otro gusto rarito de chica madura. Hace unos años imprimí para mi hija un montón de dibujos de estos para colorear, para que tuviese entretenimiento durante toda la Navidad y descubrí lo relajante y adictivo que puede ser rellenar espacios en blanco con unas acuarelas, temperas, rotuladores o incluso las Plastidecor de toda la vida.

Seguro que los psicólogos tendrán algo que decir de todo esto –si hay alguno en la sala le invito a que lo haga-, pero creo que entre mi hermana y yo coloreamos bastantes más que mi hija.

Lo de pintar es otra cosa. Para eso hay que tener un don que no está en mi ADN.

Lo dejo en 10 cosas que me gusta hacer para no asustar a nadie -demasiado-, porque ya sé que muchos de estos pequeños placeres no son ni exóticos, ni eróticos, ni convencionales. Son raros, sin más. Pero te invito a que los pruebes, porque a lo mejor te sorprende.

¿Cuáles con tus trucos para, simplemente, disfrutar?

Viajar, comer chocolate o el shopping a lo bestia seguramente nos guste a la mayoría, pero yo me refiero a esas pequeñas cosas que te producen unos instantes de placer emocional.

Veeeeeeenga, os dejo otro de propina:

11- Los abrazos. No soy besucona, pero me gusta abrazar y que me abracen, aunque este placer lo he descubierto de un tiempo a esta parte.

¿Has observado que necesitado está el mundo de abrazos y gestos cariñosos?

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comentarios
  1. Delicioso post. No sabía que el cangrejo fuera un animal tan sensible… Mis pequeños placeres… A ver que piense… Todos están muy relacionados con la naturaleza: ver y escuchar cómo fluye un arroyo de montaña, sentarme en las alturas y contemplar el paisaje que se extiende a mis pies, el sonido de las hojas de los árboles mecidas por el viento, el olor de la hierba después de la lluvia, el golpeteo de la lluvia sobre la lona de la tienda de campaña donde estoy durmiendo, el canto de los pájaros por la mañana… y uno que no he experimentado nunca en vivo y en directo, pero que si lo hiciera me derretiría de emoción: escuchar el aullido de un lobo salvaje. Por supuesto, tengo otros muchos placeres más comunes, como leer un buen libro, o escribirlo (no tan común, quizás), escuchar música (recientemente escribí un post sobre mis 5 principales) o jugar a basket. Pues sí que hay cosas que vale la pena experimentar, ¿sabes?

    • IkramBarcala dice:

      ¡Uy sí, es que la apariencia engaña! ¡Muchas gracias!

      De tus placeres creo que comparto todos menos el del lobo. ¡Si escucho yo semejante cosa me desintegro del miedo! La araña del inicio y el capítulo de los lobos de El hombre y la tierra presiden muchas de mis peores pesadillas…

      Pero de todos tus “placeres” creo que me quedo con el murmullo de un arroyo. Es otra estampa, con banda sonora incluida, que hipnotiza. Creo que es el regalo que nos espera esta primavera después un año tan intenso de lluvias. ¿Vale qué al otro lado del riachuelo haya un campo de amapolas?

      • Vale, por supuesto. En el pueblo donde vivo estoy rodeado de campos de amapolas y aún no he encontrado el momento de hacer una foto decente. En cuanto a lo del lobo, yo soy de los que cuando salgo a la montaña voy atento a los matorrales a ver si veo una lagartija o cualquier otro bicho y se me acelera el pulso cuando diviso una rapaz por los aires, je, je…

      • Vale, por supuesto. Donde vivo estoy rodeado de campos que ahora están salpicados del rojo de las amapolas y todavía no he tenido tiempo de hacer una foto decente. Sobre lo del lobo, yo soy de los que va por el campo atento a los matorrales a ver si sorprendo a alguna lagartija o cualquier otro bicho y el pulso se me acelera cuando diviso una rapaz en el cielo, así que un lobo sería el summun, je, je…

        • IkramBarcala dice:

          ¿Sacaste hoy un poquito de tiempo para esa foto? Son demasiado efímeras como para andárselo pensando… Yo lo que sueño con volver a ver son luciérnagas. Me parecen ya seres mitológicos.

        • No, no he podido aún. Hoy he estado de manifestación y de paseo por la playa. Ahora colgaré unas fotos…

  2. Damabel dice:

    Comparto algunos de tus trucos (otros no tanto)….pero, sobre todo sobre todo, lo de la mantita en el sofá….no hay nada como eso…. Mi rincón de sofá (“mi sitio”) con mi mantita

    • IkramBarcala dice:

      Maribel ya me has dejado con la curiosidad de saber cual no… Yo mi sitio en el sofá lo tengo que regatear con mi perra aunque sí me apuras, el “momento mantita” mejora cuando ella se acurruca sobre mis pies.

      Muack!

    • Damabel dice:

      Pues para no dejarte con la intriga, no sea que aumente tu insomnio por las noches…..que no quiero yo ser responsable de ello….
      Pues no comparto lo de andar descalza (….qué fríoooo, salvo quizás en la playa claro…) ni que nada ni nadie ande jugueteando ni toqueteando mis pies… No me mola.
      Ni tampoco lo de los gatos, es que a mi los gatos….como que no….si acaso me ponen màs nerviosa que otra cosa….además es que me dan alergia (pero de verdad, soy alérgica al pelo de gato).
      Y por último, lo de la espalda, vale acariciar en vez de rascar? Porque eso si que me mola, lo de las cosquis en la espalda…. Eso sí me gusta

      Besos!

      • IkramBarcala dice:

        ¡Jajajaja! ¡Muy piadosa Maribel!

        Por supuesto que aceptamos las cosquis, es más ¡compramos la propuesta y por toneladas!
        Lo de los gatos… a mi también me dan una alergia tremenda 😦 así que me tengo que conformar con mirarles sin más ¡y eso que tengo dos preciosos sobrinos gatunos: Lula y Haku! (Besos y lametones para ambos).

        En cualquier caso, me encanta conocer esos pequeños placeres de la gente, porque hay veces que no sabemos o no recordamos ya lo que nos puede gustar un pequeño gesto ¿has probado lo del columpio últimamente?

        ¡Besos!

  3. Juliana dice:

    Un buen libro de temática variada, un pitillo fumado sin apuro, en soledad y con un paisaje espléndido, una buena charla, la escritura… pequeños placeres cotidianos 🙂

    • IkramBarcala dice:

      Juliana, comparto todos y cada unos de esos pequeños placeres, aunque el del piti no lo practique por temas de salud. ¡Qué maravillosos esos instantes! Vamos a saborearlos:

      Muack!

  4. Aludido dice:

    He de indicar que parece que el picor de espalda de Ikram se hereda, su hijita también sufre de ese mal… Estamos a la espera de que su hijo pequeño se manifieste…

Y a ti ¿Qué te parece?

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