Tengo una doble vida

Publicado: 03/05/2013 en Divagaciones, Uncategorized
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Señoras, señores, tengo una doble vida.

Evidentemente no es que tenga una familia paralela a la mía o un amante y que me dé por contarlo en un blog (sería de muy mal gusto y yo soy un cangrejo con mucha clase) o que sea una periodista eficaz y madre amantísima por el día 😉 y por la noche me convierta en pitonisa, prostituta de alto estanding o actriz porno.

Es menos emocionante que eso –me temo- para todos vosotros, pero más satisfactorio para mí.

Mi doble vida se basa en que, cuando estoy despierta tengo una vida tangible, normal, como la del resto de todos vosotros y que cuando duermo, los sueños son tan tan intensos, que a la mañana siguiente tengo que hacer un esfuerzo por distinguir entre lo que ha pasado y lo que soñé, para no liarla.

Esto, la verdad, es que me ha pasado un poquito siempre.

Recuerdo con sonrojo –que antiguo me ha quedado- una vez que soñé con mi profe de Historia. Era un tipo la marImagen tratada de unos libros en una estantería de desagradable, misógino hasta la enfermedad, con pinta de poco aseado –lo he suavizado, lo reconozco- y sobre el que corría la leyenda negra de que le había dejado su mujer por malos tratos. ¡Una joya, vaya!

Pues va mi inconsciente y decide tener un sueño con él no sé si erótico o semi-erótico, pero cuando menos, romántico. ¡Alucino!

A la mañana siguiente, no me acordaba de nada. Había descansado muy bien y me dirigía a la pesadísima clase de Historia. Todo tan normal. Pero cuando entró el profesor en el aula, yo, sin ningún sentido, me puse roja como un tomate y me entraron unos nervios absolutamente injustificados.

En ese momento, el tipo se transformó ante mis ojos como si todo lo sucedido durante la noche en mis sueños hubiese sido real. Empecé a mirarle de otra forma. Sí, es cierto que iba desaliñado, pero podía ser que se tratase sólo de su estilo…

Pero claro, en el momento que abrió la boca mi consciente y mi subconsciente empezaron a luchar para llegar a una opinión consensuada sobre la situación.

Como te puedes imaginar, tras 50 minutos de clase volví a mi conclusión inicial sobre él, aunque es cierto que no le volvía a mirar nunca del mismo modo. Como si en el fondo me pudiese creer que en él, otra forma de ser era posible.

Esto fue hace muchos, muchísimos años –si me pongo a pensar cuantos, me voy a poner enferma- y el tema de mis sueños realistas/inventados no ha cambiado, es más, se ha acentuado.

Para empezar, porque no sé si por culpa del Lorazepam o porqué, cada vez interactúo más en los sueños, vamos que me marco unas parrafadas, unas carcajadas y unas llantinas, que mi chico lo flipa.

Y para continuar, porque no sólo cada vez me acuerdo más de mis sueños, sino que además soy capaz de encadenarlos de una noche para otra –a veces, qué más quisiera yo que tener ese absoluto control siempre- y los vivo con una intensidad y un realismo que cuando me levanto, hay veces que me cuesta distinguir lo real de lo soñado.

Por ejemplo, hace dos noches fue una jornada de esas en las que el peque no te deja pegar ojo y sin embargo, cada pequeña siesta era un intenso sueño. En uno de ellos, por ejemplo, me fui a dar un agradable paseo por la playa con varios amigos 2.0.

Imagen de la playa

En otro, me daba un baño clandestino al atardecer en el mar –se nota que tengo ganas de mar ¿no? – y el colmo de todo fue el sueño final de la noche.

Tengo muy mala suerte con los iPhones –a los que adoro- y ya me han robado dos, aunque el último de ellos lo recuperé previo pago de un rescate a su secuestrador –como lo leéis. Muy fuerte-.

Pues estaba yo en mi sueño tan tranquila haciendo una de mis frikifotos desde mi apartamento –que no tengo- a pie de playa, cuando se me cayó el teléfono desde una segunda planta. Desde allí, con mi vista supersónica –que tampoco tengo- podía comprobar que, pese al golpe, el teléfono seguía en perfecto estado. En ese momento llegó un chico extranjero –la verdad es que en este sueño todos eran guiris- y cogió el móvil flipando de que alguien lo hubiese dejado allí.

Yo gritaba -con una voz afónica que sólo me sale en los sueños cuando estoy en peligro- que el móvil era mío, pero él se metía en un autoservicio que había debajo del apartamento sin oírme.

Corrí por el pasillo. Salté por otro balcón que estaba a la altura de la playa. Continué corriendo hasta acceder a los bajos del apartamento desde la arena –en la vida real ya se me habría salido el hígado por la boca o me habría roto un tobillo, pero en esos sueños soy como Lara Croft– y llegué hasta el autoservicio en un periquete.

Imagen tratada de un iPhone sobre la camaUna vez que estaba dentro, le intenté hacer entender que ese teléfono era mío mientras él me hacía gestos de no tener ni idea de qué le hablaba. Vamos que se estaba haciendo el tonto o me tomaba a mí por idiota.

En ese momento, mí sueño paso de ser virtual a ser real y me dije a mi misma:

–          ¡Ah no! ¡Hasta en sueños me van a robar a mí el móvil! ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Y decidí despertarme -y de hecho me desperté- con la sensación de haber dado al geta ese con el plato en las narices.

Y a pesar de que la noche fue de no pegar ojo y de dormir 10 de cada 35 minutos, me fui a bañar al mar, paseé por la playa con amigos virtuales, me tomé un helado fantástico e incluso rescate a mi querido iPhone de las garras de un desaprensivo. 

Esta noche he decidido irme a dar otro bañito a la playa, pero dejar el móvil en la mesilla de noche ¿Te vienes?

¿Tú también tienes una doble vida?
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comentarios
  1. Y puestos a soñar, volemos sueños de plenitud, bailando con Morfeo danzas de vida, de esencia primigenia, infinitos sueños que sueños son…

  2. Buf! Yo hay mañanas que me despierto más cansado de lo que me acosté porque mis sueños son auténticas películas de acción. Y me pasa como a ti, que me acuerdo de casi todo. A veces soy absolutamente incapaz de explicarlos. Tengo en la cabeza todo lo que ha pasado, pero el nivel de surrealismo es tal que no encuentro las palabras adecuadas para hacerlo inteligible. Eso sí, los mejores son cuando me “visto” de Superman y me voy por ahí volando y exhibiendo mi fuerza sobrehumana. Luego están los sueños donde me mezclo con “celebrities”. Hubo una época en que estaba enganchadísimo a ‘Friends’ y por las noches me convertía en un colega más de la pandilla. Ahora que lo escribo, hace pocos días soñé con ellos otra vez, je, je… También he sido ciclista, de los buenos, de los que coronan el Tourmalet escapado; titular indiscutible en el Barça (cuando me gustaba el fútbol) y en el Joventut de Badalona (el basket me sigue gustando)…

    Por otra parte están los sueños catastróficos, tipo Armaggedon, El día de mañana y La guerra de los mundos, en que la destrucción de la Tierra es inevitable, y debo decir que son bastante angustiosos. Recuerdo una vez que soñé que el Sol se hacía tan enorme que iba a engullirnos, y lo viví en persona. Afortunadamente, sólo era un sueño.

    Ahora bien, confieso que el subconsciente nunca me ha jugado una mala pasada del calibre de la tuya con tu profe de historia. No sé si será común a todos los profes de historia, pero los míos los recuerdo tan poco agraciados y agradables como describes tú al tuyo. Bueno, me voy a poner a hacer unos estiramientos, que nunca se sabe qué me va a tocar esta noche…

    • IkramBarcala dice:

      ¡Jajajaja! ¡Pues sí me vuelven a intentar quitar el iPhone te llamo y vienes con capa y todo!!

      Oye ¿También te pones los calzoncillos por encima de los pantalones ? A ver si tu que eres Súper Héroe a tiempo parcial me explicas esa moda 😉

      Besotes que esta noche ya tengo un par de compromisos en la otra vida! Muack!

  3. GGil_M dice:

    Me quiero bañar…. En la playa, no pienses que soy una guarrila

    • IkramBarcala dice:

      Vayamos pues querida, que como es nuestro sueño seguro que hace una temperatura estupenda. ¿Qué te apetece Cabo de Gata o de Creus? He pensado que de paso podíamos tener un velero y dar una vueltecita un poco más retiradas de la orilla.

      Muack!

Y a ti ¿Qué te parece?

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