El primer martes de mayo estrené sección (Divagando con…) y experimento con mi amigo virtual (también conocido como virutal) Benjamin Recacha. La verdad es que para mí la experiencia fue absolutamente positiva.

En primer lugar, tuve el honor de contar con uno de sus inteligentísimos textos en mi blog.

La propuesta era que ambos creásemos un post con sobre el hashtag #gratisnotrabajo. Cada uno con su estilo, su experiencia y su opinión.

Se trataba de ofreceros dos opciones sobre un mismo tema. Él además tuvo la amabilidad de publicar ambos post también en su blog, con lo que hicimos una especie de intercambio de seguidores: yo os presenté a Benjamín (por si alguno no le conocíais) y él a su vez, me presentó a sus lectores. Ya os digo, una experiencia de lo más positiva.

Para esta segunda entrega de Divagando con… (la idea es que se repetir la experiencia el primer martes de cada mes), mi “invitada” es una persona muy muy especial para mí @LaReinaBruja, autora del blog con el mismo nombre.

Es una mami bloggera y muy tuitera, a la que tampoco conozco en persona, pero que siempre me ha aportado mucho en este mundo virtual que es Twitterland.

La Reina Bruja en su blog nos cuenta las “Aventuras y desventuras de una bruja y sus brujitas” y por eso, el tema que la he propuesto para divagar no es el de ser madres, sino “Remadre”. Porque si la maternidad (paternidad) es magia y caos con un hijo, cuando llegan más…)

Si estuviésemos sobre un escenario os pediría un gran aplauso para ella, pero como es un blog os recomiendo que no os perdáis ni una coma de su post. 😉

¡Mucak!

Tablero de la sección

La Reina Bruja

Avatar La Reina Bruja

Cuando la querida cangrejita me pidió escribir para su blog le dije que sí sin dudarlo. Lo que no contaba es con mi falta de tiempo y me veo escribiendo como todo lo que hago normalmente: a última hora, deprisa y corriendo. Y esto no es culpa de la maternidad, es que he sido así de desastrosa desde que tengo uso de razón.

Soy hija única, encima pertenezco a una familia enorme la cual tengo a 1000 km de distancia, con lo que desde bien pequeña decidí que cuando fuera mayor yo no quería tener sólo un hijo. Es más, siempre decía que 2 seguro y, si se podía, 3. 

Así que cuando me quedé embarazada de la primera y aún siendo un embarazo pesado por las náuseas, porque me salió diabetes gestacional y eso de pincharse el dedito tres veces al día era un rollo, a pesar de la cesárea……. yo tenía claro que no sería mi único embarazo. 

Pero cuando embarazada por segunda vez, ilusionada con la primera eco, salta la sorpresa….. “Ven, que primero te digo cuántos llevas”… entonces sí tuve claro que era mi último embarazo. Eso, aparte del vuelco que dio nuestra vida el día que volví a casa con dos enanas en los brazos.

Siempre he dicho que si te tienen que venir dos, casi mejor de segundos ya que ser primeriza de dos tiene que ser muy estresante. Confieso que he tenido mucha suerte. Las minis duermen solas desde que nacieron. No tenían ni dos meses cuando dormían casi 12 horas con dos mini pausas para comer en las cuales casi no abríamos los ojos para no desvelarnos!

Eso sí, la logística era complicadísima. Primero con el cochecito genelar en tren con los capazos, que impedían poner un patinete para que se subiera la mayor. Por lo que, la pobre, si íbamos solas, tenía que ir caminando con solos 2 años y medio. Si le sumas, chupetes, biberones, baberos, recambios, pañales, etc, etc….. para 3, os podéis imaginar el bolso con el que salíamos de casa. 

Pero lo que peor llevé fueron los celos de la mayor. Destronada de golpe por dos. La pobre pasó de ser el centro de atención a quedar un pelín desplazada. Por mucho que se intenta no cambiar ciertas rutinas, por mucho que quieras mantener un grado de atención, lo cierto es que no das para más y la pobre lo nota. Al principio del todo fue medianamente bien, pero al llegar las vacaciones escolares y quedarnos las cuatro en casa, fue un verano bastante duro. 

Pero ya pasó. Las mellizas tienen hoy día 4 años. La mayor 6 años y medio (importante el medio!!!). Y a día de hoy sigo mirándolas de vez en cuando y pienso si es verdad que son las tres mías. Pasar de uno a dos es duro, pero sentir seis brazos alrededor tuyo, abrazándote, y diciendo “mami t’estimo molt (mami te quiero mucho)”… no tiene precio.

 

Reincidente… y orgullosa de serlo 🙂

Avatar de Ikram Barcala

¡Qué de dos veces al botón # el que no haya oído nunca eso de que un hijo da guerra por uno, pero que cuando son dos, la historia se multiplica por tres!

Y te lo dicen.

Y lo oyes.

Y lo intentas asimilar…

Y cuando lo vives, ni te lo crees.

Pero no tengo ninguna intención de hacer un post quejándome de la cantidad de trabajo que dan los niños y lo caótica que es la vida cuando amplias la familia. Esto ya lo hago todos los días con mi chico, mis vecis y siempre que toca ¡Qué ni de súper mami, ni quejica lastimosa!

Lo que sí tengo claro -y creo que es lo más importante de mi experiencia como madre– es todo lo que me aportan estos dos bichillos. Y que, si bien es cierto que mi vida es muuuuucho más complicada ahora para sincronizar intereses y necesidades (especialmente en mi caso que entre los hermanos hay una diferencia de edad de 6 años), también lo es que cuento con la ayuda de la hermana mayor, la experiencia de haberla tenido y no ser primeriza -que me curte para lo que me venga con el pequeñajo- y el sosiego que la edad te da para hacer frente cada instante. Con sus cosas buenas y sus cosas malas.

Por un lado esa edad (a ver, que no soy tan vieja, pero si 6 años mayor que cuando pasé por esto con la niña) hace que no te apetezca demasiado correr detrás del pitufo por el parque. Que los riñones duelan más cuando le estás enseñando a montar en bici… Pero también hace que sepas que igual no es necesario que le sujetes en todo momento en el parque. Que si te ve firme y confiada a ti, más firme y confiado estará él dando pedales… Lo uno por lo otro.

La idea de escribir este post -o al menos, mi inicio de reflexión sobre el tema- fue hace bastante tiempo. Casi un año, diría yo. Cuando en una de esas maravillosas visitas al INEM la ¿asistente social? (desconozco en que están formados estos trabajadores, la verdad) repasó mi currículo conmigo y después de hacerme unas preguntas me dijo:

–          ¡¿Pero tú qué quieres?! No sólo eres madre, sino reincidente.

Lo juro, lo dijo así.

–          Si con un hijo hoy en día es prácticamente imposible encontrar trabajo, ¡imagínate con dos! Ponte a estudiar cualquier cosa mientras, porque desde luego a ti no te va a contratar nadie.

Y lo cierto es que, de momento, aunque me duela reconocerlo, ha acertado. Pero no creo que haya sido por ser “reincidente”. Esto ni lo pongo en mi currículo, ni he tenido la oportunidad de contárselo a ningún empleador. Sencillamente nadie contestó a mis envíos de currículos.

Ese día, por supuesto, salí hecha polvo del INEM. No por haberme metido en un callejón sin salida al tener los dos hijos, como parecía decirme esta señora, sino porque sí soy consciente de que hoy en día (pero no hoy como 4 de junio, sino como cualquier día del siglo XX y XXI) parece que sea imposible que puedas disfrutar de tu faceta de madre y de profesional a la vez.

Y esa es la verdadera carga. No sumarle a un hijo otro más. Sino que en esta sociedad tener un hijo es un problema.

¿Con respecto a mi experiencia inmediata de sumar a un hijo otro más? Desde luego es el mejor regalo que le podía haber hecho a mi hija y por supuesto a mí misma. ¿Qué muchos días se tiran de los pelos? ¿Qué aun no hay una opción de ocio válida para los dos a la vez? ¿Qué no doy más de mí con tanta lavadora y la factura del colegio quita el hipo de un tirón? Pues sí, pero hoy por hoy, la pregunta más frecuentes del chiquitajo (sobre todo) es qué si se puede ir al cole con su hermana o si puede dormir con ella en su habitación. Es decir, que si pueden pasar aun más tiempo juntos.

La admiración y el cariño de este pequeñajo es el mejor regalo para la princesa destronada, aunque a veces la maten los celos. Aunque haya que fastidiarse sin ir a algún sitio porque su hermano no puede. O haya más de una vez en la que le ha pintado sus deberes. O si cada tres minutos le pone patas arriba la habitación…

Nunca me gustó la idea de tener un único hijo, porque me parecía que era como robarle a mi hija la oportunidad de tener un mejor amigo para toda la vida. Así que, personalmente ¡Soy una reincidente orgullosa! 

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comentarios
  1. Ante todo, agradecer tus amables palabras hacia mi identidad 2.0. Estoy encantado de ser amigo virutal (oye, aunque se hayan desordenado las letras, me gusta como suena, je, je) tuyo…
    Sois unas valientes. Yo también tenía muy claro que tendría un par de churumbeles. Tengo un hermano dos años menor que yo y lo que difrutamos nuestra infancia juntos es impagable. Pero chicas, una cosa son los deseos y otra muy diferente las realidades… Albert es un sol de niño, pero en su tierna infancia me ha dado mucho trabajo, demasiadas noches sin dormir… En fin, que no nos vemos con otro, no ahora por lo menos. Y lo que tengo clarísimo es que traer a un niño/a al mundo es la mayor responsabilidad que un ser humano pueda asumir, de manera que si no lo deseas incuestionablemente, mejor no lo hagas. Un hijo no se puede retornar.
    Enhorabuena a las dos por vuestra prole y por disfrutarla tanto. Besos!

    • IkramBarcala dice:

      Oye, aunque evidentemente es una prueba de que el estrés y la edad hacen estragos en las cabezas, lo de amigo virutal me gusta, jajaja! Creo que lo corrijo en el post pero te vas a quedar así.

      Desde luego que un hijo es una responsabilidad abrumadora. Yo realmente hubiese tenido más pero para Aludido ya fue un gran paso ir a por el segundo ¡y eso que la niña es una santa!

      Una antigua compañera me dijo cuando anuncie mi primer embarazo: “Ahora empiezas a estar preocupada y ya no lo dejarás de estar nunca”. Y es una realidad como un templo, aunque también hubo quien, desde los mundos de Yupi -y sin hijos-, decía “No mujer, que cosas dices”

      Muack!

  2. Lalu dice:

    Preciosas verdades!!, me ha encantado y es que una cosa es cierta, sin poder ser reincidente de momento, un hijo es el mejor regalo del mundo, porque cuando parece que todo esta fatal y nada tiene arreglo solo necesitas mirarle su carita para saber que vale la pena seguir luchando!! Un abrazo!!

  3. selah dice:

    muy lindos post, y me ha gustado la forma que han contado sus experiencias como Mamás, y es que es grato saber que aun cuando los hijos a veces son un huracán pueden traerles mucha felicidad. Aunque claro, no soy madre, así que me esperare unos añitos más, para poder entenderlas verdaderamente 🙂 otra cosa, yo estaré por este blog siempre cuando pueda.

    • IkramBarcala dice:

      ¡Gracias Selah! Pues créeme, por mucho que te imagines la maternidad supera con creces todas tus expectativas. Es un tipo de amor absolutamente diferente a todo lo que puedas haber vivido antes.

      En cantada de tenerte por aquí y si un quieres te apetece divagar conmigo, no tienes más que decirlo lainmortalidadelcangrejo@gmail.com

      ¡Muack!

Y a ti ¿Qué te parece?

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