Yo siempre suelo decir que no soy mitómana.

No me da por coleccionar cosas de famosos, ni grito cuando les veo.

No pido autógrafos y la verdad es que me importa más bien poco si a quien me presentan es a la prima de una amiga de la que no hace nada más que hablarme o al famoso televisivo de turno, del que también sé muchas cosas, pero que nunca he visto en persona. 

Al fin y al cabo, de ambos tengo un conocimiento sesgado y propiciado por el intermediario. Así que me da igual si es la tele o mi amiga influenciada por lo bien o mal que se lleven en ese momento. A lo mejor es, simplemente, porque tiendo a ser bastante sosa

Hubo un época en mi vida (la adolescencia, ya se sabe, que es terrible), en la que me dio por entrar a los camerinos de los artistas que actuaban en las fiestas de la ciudad en la que vivía.

– ¡Joé, para no gustarte el famoseo!

 

Pero era por el puro morbo de colarme por donde no podía, más que por ver a nadie en concreto. De hecho, tengo en mi haber una de las conversaciones más bordes que se puedan mantener sin que exista ningún tipo de animadversión previa. 

Hay que remontarse a finales de los 90 (creo). En esta ocasión actuaban aquellos que cantaban lo de “Un diamante es para siempre” con Los Morancos contando chistes como teloneros. Mi sentido del humor no es muy convencional por lo que no tenía gran interés en escucharles. El objetivo entones estaba claro: entrar al camerino de los del diamante.

Pues allí estábamos mi amiga de correrías y yo dispuestas a todo con tal de burlar a los pobres de Protección Civil. No fue difícil y cuando conseguimos entrar, lo hicimos a la par que dos tíos con pinta de guiris y con acento inglés.

– ¡Oye! ¿Vosotras dónde vais?

– A pedirle un autógrafo a…

– ¿Y no queréis uno nuestro?

– ¿Y vosotros quienes sois?

– Los Morancos (con cara de extrañeza).

– ¡Ah! No, gracias.

¡Pero por Dios Ikram! ¿Qué modales son esos? ¿A tí no te enseñaron ni diplomacia ni una migaja de educación? ¡Mujer! ¿Qué te había costado decir que sí. Si total, ibas a hacer con el autógrafo lo mismo que con el de los otros. ¡Enseñarlo como prueba de que habíais entrado y punto!

Pues eso, que una era un poquito borde con eso de las hormonas.

Pasados los años, mi trabajo me proporciono conocer a mucha gente interesante casi a diario. Y algunos de ellos además, famosos: pintores (de brocha fina), fotógrafos, actores, cantantes… y yo seguía en mi línea de no emocionarme ni un ápice cuando conocía (a ver, cuando veía y hablaba, por que íntima, lo que se dice íntima, no terminaba siendo de ninguno de ellos) a cada “celebridad”.

Reconozco tener firmado un catálogo de Ouka Leele, pero más por saber si firmaría con su nombre de pila o con este tan estrambótico -y que conste que la artista me gusta y la persona me cae genial-. Pero si hubiese tenido que hacer cola o buscarla si quiera dos minutos para tenerlo, viviría sin él y tan a gusto oiga.Andy Warhol

También tengo el del fotógrafo oficial que acompañaba a Andy Warhol, Christopher Makos porque daba mucho morbo… y seguramente algún catálogo más firmado por su artista, que me venían así, sin esfuerzo. (Eso sí, tengo los dos libros de mi compañera y escritora Ana Ripoll ¡que de ésta si estaré yo encantada de presumir!)

Y creo que hasta aquí mi legado famosil.

Emocionarme, emocionarme… Desde luego cada vez que vi a Chavela Vargas y tenía el placer de traerla si quiera una botella de agua antes de la rueda de prensa.

Con Sara Baras tuve su aquel, porque me parece una diosa en el escenario y por casualidades del destino, he ido conociendo a mucha gente que la conocer de cerca y que se empeñaba en presentármela y claro, no entendía que si me gustaba tanto e iba a verla actuar siempre que tenía ocasión, porque no quería conocerla Pero ¿y si luego resultaba una estúpida y una engreída o tenía mil manías? Mi mente Ally McBeal haría que me acordase de esas cosas cada vez que la viese y ya no podría volver a disfrutar de su arte.

¡Si en persona ya la había visto y sabía que era guapísima, delgadísima y elegantísima con la cara lavada! ¡Que necesidad tenía yo de más? Pues al final, en una ocasión, sin comerlo ni beberlo, me la presentaron y, aunque no hablé con ella más de 10 ó 15 minutos, he de decir a su favor que sigue pareciéndome una diosa en el escenario y una tía muy maja y sencilla fuera de él. Pero a puntito han estado de quitarme el placer de disfrutar de su baile ¡Que manía con conocer famosos!

Por otra parte, siempre dije que me encantaría entrevistar e irme de copas con Joaquín Sabina y con Pablo Carbonell y, con el primero reconozco que no he tenido la ocasión, y con el segundo al final, cuando tuve la oportunidad de entrevistarle, lo hice por teléfono, que a él le venía mejor y así no había riesgo de comprobar si de cerca esta o no tan majo como parece y que se me cayese “un mito”. Resultado de la operación: por teléfono, la verdad, es que diré que me pareció encantador, pero yo soy muy de estudiar la comunicación no verbal antes de sacar conclusiones 😉  (jodía puñetera, como diría mi madre).

Y todo este rollo viene a cuento de que hace unos días sí me emocioné al conocer a alguien.

Foto de Irene Villa en el Drives Solidario

Alguien hacia quien he tenido distintos sentimientos a lo largo del tiempo, siempre desde el respeto, eso sí: se trata de Irene Villa.

En un principio, en el momento del atentado, como todo ser de bien, me enfadé, odie y despotriqué todo lo habido y por haber contra los que hicieron semejante barbaridad.

Pasado el tiempo, el sentimiento predominante era lástima, que se trasformó en admiración y después en incredulidad. ¿Cómo que no les odiaba? ¡Si les odiaba yo, que a mi directamente no me habían hecho nada!

Pasó a cierto empacho de tanto verla en todas partes, hasta el punto de que me parecía casi oportunista (sorry).

Pero un día, además de verla, me paré a escucharla y entonces fue cuando directamente aluciné en colores.

¡Con la que está cayendo! ¡Con todo lo que ha pasado! y lo que parecía que era una persona con una vida rota, una vida destrozada, no sólo lleva una vida “normal” -si es que eso existe-, sino que está teniendo tú vida, la mía y la de cuatro más en una sola: tres carreras, deportista de élite, madre, esposa, conferenciante, periodista,… Si tenemos en cuenta la cantidad de horas que ha pasado entre quirófanos y reposos… ¡Pues no me salen las cuentas!

Pero lo que más me sorprende es que no sólo hace todo esto, sino que además, tiene energía para recargársela a todo el que la necesite y así lo hacen: ella y Juan Pablo, su marido y compañero de aventuras. Van allí donde puedan hacer falta para dar ánimo, impulsar una buena iniciativa, interesarse por una buena causa.

Y sé que lo que estáis leyendo, seguramente no será nada nuevo para la mayoría. Que ya lo habréis leído en otras ocasiones. Pero yo no salgo de mi asombro ante su humildad y su humanidad.

La llamé para que colaborase en un evento del que me encargaba y Juan Pablo, que es quien lleva su agenda, sin conocerme de nada y sin tener ni un detalle de lo que hacíamos realmente, simplemente dijo:

¿Es deporte y solidaridad? Pues allí estaremos. Ese día nos pilla en Almería, pero no te preocupes, que estaremos a tiempo en Madrid.

Y así fue. Con fiebre él. Con la paliza del viaje ella. Sin público que la hiciese la ola, pero con toda la energía del mundo, nos demostró, de verdad, que es un ejemplo de superación y que sólo si lo intentas puedes salir de lo más terrible, sea lo que sea, y transformar ese horror en auténtica energía positiva.

Así que aquí sigo, sin ser mitómana -no la pedí un autógrafo, ni me fotografié junto a ella para demostrar que la conozco-, pero sí me gustaría coincidir con Irene una y mil veces más para ver si se me contagia toda esa energía que le sale hasta por el último poro de su piel y que tanto necesita este país para salir del agujero.

¡Gracias Irene!   

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comentarios
  1. Te has explayado a gusto, ¿eh? je, je… Yo tampoco soy mitómano. También gracias a mi trabajo he tenido la oportunidad de conocer a muchas ‘celebrities’, aunque nunca más allá de la relación estrictamente profesional. La conclusión evidente a la que llegas es que no son más (ni menos… bueno hay de todo) que personas. De algun@s guardo una buenísima impresión. Hay famosos que saben que deben su popularidad, además de al trabajo, al apoyo de la gente anónima, y se muestran sinceramente agradecidos por ello, cosa que les hace ser aún más queridos, claro.
    Mi anécdota con un famosete fue aún más surrealista que la tuya. Volviendo de unas vacaciones, paramos en una gasolinera, ya cerca de Barcelona. Mi pareja fue al lavabo y yo aproveché para estirar las piernas. Mientras esperaba, un chico me llamó para que le ayudara a mover el coche, un Ibiza negro, que no arrancaba. Al acercarme comprobé que su cara me resultaba muy familiar, hasta que caí… “Tú eres Carlos Fuentes, el actor, ¿verdad?” No le quedó más remedio que reconocerlo. Ahora es cuando os preguntáis “¿Y quién es ése?” Vale, vale, habría molado más que hubiera sido Brad Pitt, pero el bueno de Carlos tuvo su época de brillo en los 90, con pelis como ‘Taxi’ y ‘Antártida’, y de “nuestro encuentro” ya hace unos añitos…
    Por cierto, lo de Irene Villa, desde luego, es una enorme lección de vida para todo el mundo. Un abrazo!

    • IkramBarcala dice:

      Carlos Fuentes… Carlos Fuentes… Yo conozco a un escritor, me va a tocar tirar de Google. 😉

      Mi peor momento ‘famoso’ lo reservo para otro post … Es que tendría que publicar la foto para que lo entendáis… ¡Qué bochorno sólo acordarme!

      Y el más entrañable Asunción Balaguer ¡la adoro!

      ¿Y el más petardo, Benjamín? ¿Te atreves? Vaaaaale, dinos sólo el que más te sorprendió.

      Muack!

  2. princesaamit dice:

    yo estuve escuchando lo mismo que tu, y me llevé a mi hija solo para explicarle lo que tu has plasmado aqui

Y a ti ¿Qué te parece?

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