Pues ya llegó el primer martes del mes, pero no de un mes cualquiera, sino de ¡¡¡Julio!!! y como está mandado en este blog, toca una divagación “a pachas”.

Como es el mes de los “tiempos libres”, las vacaciones, los viajes y esas cosas, me he buscado un compañero de divagaciones de lo más oportuno: Lorenzo Pardo, un manchego (sí, como Almodóvar y Sara Montiel) muy exótico, que se ha ido a vivir a Libia y, desde allí, nos deleita con un blog muy peculiar y divertido que, además de hacernos pasar un buen rato, nos sumerge en una cultura absolutamente diferente.

Para los que no conozcáis su Crónica Libiana -ya os vale, os estáis perdiendo un blog de los buenos- os confieso que es uno de los que tengo de cabecera.

Lo conocí hace muy poquito, pero desde entonces, todos los días alcahueteo un rato por él para ver si tiene algo nuevo -y eso que los electroduendes no me dejan casi nunca poner comentarios a sus post ¡con lo que a mí me gusta darle al palique, aunque sea por escrito!-.

Para que sepáis de lo que os hablo, aquí os dejo esta pequeña/gran colaboración como muestra. El tema: El tiempo libre ¿Qué más oportuno para el mes de Julio?

¡¡¡Gracias Lorenzo por unirte a mis divagaciones!!!

Y al resto: gracias por seguir ahí y nos vemos tras la divagación de Lorenzo con mi versión de los hechos 😉

Tiempo libre

¡Oh, no, tiempo libre!

Avatar de Lorenzo PardoLo que menos me podía imaginar cuando me vine a vivir a Libia, es que acabaría haciéndome amigo cibernético de Ikram Barcala, el único cangrejo español que ha logrado unir a toda una comunidad de vecinos en la búsqueda de una lentilla. Sin embargo, así ha sido, y si me alegro de ello, más me alegro de que hoy vayamos a divagar a cuatro manos.

El libio medio tiene muchísimo tiempo libre. Dado que las necesidades básicas llevan décadas siendo subvencionadas por el estado, y que los petrodólares atraen mucha mano de obra barata desde Túnez, Egipto o el Chad, los nativos pueden permitirse el lujo de trabajar poco, haciéndolo básicamente en lo que les gusta y cuando les apetece.

Esta situación, que a muchos nos parecería algo de ensueño, se convierte paradójicamente en una especie de tortura, ya que en Libia, por decirlo de alguna manera, hay poco que hacer. Seguramente sea este el país con menos oferta de ocio en todo el Mediterráneo, y la población, a medio camino entre una sociedad ancestral basada en las historias de los abuelos, y una sociedad rabiosamente actual guiada por el internet, lleva bastante mal un sentimiento que los libios denominan ksaad: el aburrimiento.

Gran parte del tiempo libre se dedica al monitor, consumiendo la tele y el ordenador muchas horas del día a día libio: triunfan los culebrones latinos, nadie se pierde Arab Idol, Facebook o Twitter la petan… en fin, nada que no conozcamos en España.

El problema viene cuando se quiere hacer algo fuera de casa. De cines y teatros, mejor ni hablamos, y la música en directo es un concepto tan, tan desconocido, que a menudo ni siquiera mis alumnos angloparlantes entienden la palabra Konzert, y les tengo que explicar lo que es como a niños. Muchos suelen mirarme con cara de tortuga, más aún si añado que es algo muy divertido.

No obstante, en España sabemos por experiencia que cines, teatros o conciertos tampoco son las ofertas de ocio más apreciadas por el gran público; el rey del ocio, al menos para nosotros, es sin duda el bar.

Pues bien, si queréis hundir en la miseria a gente como Javier Urrutia (no hay como el calor del amor en el bar), Daniel Higiénico (si no fuera por el bar nadie podría recoger el placer de soñar) o Joaquín Sabina (esa hora maldita en que los bares a punto están de cerrar), mandadlos a vivir a Trípoli.

Bien es cierto que aquí abundan las teterías y los fumaderos de narguile (más conocida aquí como shisha), y que además suelen llenarse; sin embargo, la juventud libia pide otra cosa, o más concretamente, la juventud libia pide alcohol.

En este país, no es solo que el alcohol esté prohibido por la religión, sino que está prohibido por ley. Sin embargo, poca gente hay que nunca lo haya probado, y muchos lo consumen regularmente. ¿Que cómo lo consiguen? Mediante un floreciente mercado negro que ofrece licores caseros, así como vodka o whisky de contrabando. El jueves noche es normal ver coches llenos de gente, aparcados en algún rincón pobremente iluminado, sus ocupantes dándole a la botella y/o a otras cosas.

¿Cómo beben los libios? Muchos siguen una norma no escrita: no puede sobrar nada. Si tenemos una botella, nos la bebemos hoy, si tenemos doce, también. La concepción general es que hay que aprovechar el momento, ya que el alcohol aquí es carísimo (una botella cuesta cerca de sesenta euros), y no siempre se puede conseguir. Además, se da un componente religioso: puestos a pecar, peco del todo, que para una copilla no me juego el paraíso (esto último explicado por libios, no es simplemente mi percepción del asunto).

Un entretenimiento al que, quien más quien menos, toda la juventud libia (y parte de la senectud) se entrega con fruición, es dar vueltas en coche. Aprovechando que la gasolina es prácticamente gratis, los amigos (o las amigas) se suben al auto con sus mejores galas, ponen la música a tope, y se dedican a pasear calle arriba, calle abajo, principalmente por las avenidas comerciales de Qarqaresh y Benaashur.

Qué placer encuentran a pasar cuatro horas encerrados en un coche, tragando humo de escape en un atasco eterno e inmutable, es algo que todavía se me escapa, pero lo disfrutan muchísimo. Al fin y al cabo, es la manera de ver y de ser visto, de encontrarse con los conocidos (a los que saludaremos de coche a coche, empeorando así el atasco), de lucir palmito y de, por lo menos, salir de casa.

Para terminar, el ocio veraniego: la playa. Los libios aman, adoran, se extasían con el mar, y aunque esta afición pueda parecer menos pintoresca, es un espectáculo ver cómo llenan la arena, equipados con sombrillas, tumbonas, fresqueras, alfombras, televisores y, en ocasiones, corderos vivos con los que harán después una barbacoa.

En fin, que si queréis venir a Libia, hacedlo, ya que es un país muy interesante, lleno además de gente estupenda; sin embargo, en caso de que andéis buscando un fiestón a lo ibicenco, donde la vorágine de placer y descontrol os haga tener que recordar el viaje más por las fotografías que por vuestros borrosos recuerdos… pensáoslo dos veces.

Tiempo libre ¿libre?

Avatar de Ikram BarcalaLo de divagar sobre el tiempo libre tiene su guasa ya que, cuanto más lo pienso más convencida estoy de que es algo así como un ser mítico, del que hablan las leyendas; o tal vez prehistórico, que sí existió, pero que se ha extinguido; o como las luciérnagas -ya conocéis mi teoría de que es algo que soñé de niña, pero que realmente no existe-)…

El caso es que, he llegado a la conclusión de que, en el supuesto de que sea algo real, sólo sucede antes de los 30. Luego, llegas a una especie de menopausia del ocio y poco a poco desaparece o se enajena y pasa a ser algo que no te pertenece.

Pero es muy recurrente eso de preguntar ¿y a ti que te gusta hacer en tu tiempo libre?

¡Me parto con la pregunta! ¿Por qué no nos preguntan de paso que haríamos si nos tocasen 100 millones de euros? Puestos a soñar…

El caso es que, en ese momento, a todos se nos ocurren cientodiezmil cosas -y a cada cual más topicazo-: leer, pasear (o más bien deambular, que es como divagar pero con el cuerpo), montar en bici, nadar, quedar con los amigos, oír música, ir al cine o al teatro

Sí, esa es mi respuesta, lo habéis adivinado. Y no es que mienta, es que al final, leo un poquito todos los días antes de dormirme y es casi ya un ritual antes de bajar mi persiana ocular, pero es tan poco lo que me da tiempo a leer, que casi me da vergüenza decir que lo hago ¡Con la de libros que yo devoraba!

Lo de pasear es de coña ¿Caminar por caminar? De verdad que me encanta, pero si saco un minuto y ese caminar no se convierte en “ir a”, lo hago a toda pastilla para tonificar glúteos y quemar calorías. No hay tiempo para hacer las dos cosas por separado: pasear relajada y hacer ejercicio.

¿Montar en bici? Sí, esto si que lo hago siempre que puedo. Me escapo con mi bici -ya os la presenté- y me desahogo de todas mis tensiones (mis calorías, mi cansancio ocular de tanto ordenador, la atrofia muscular de la vida de hoy en día…), pero cuando encuentro un momento para ello, voy tan pillada de tiempo que casi también parece una obligación más que un momento de ocio, y más cuando todo el mundo te dice (porque te conoce y te quiere, lo sé): “tienes que salir más con la bici” ó “mujer, pues oblígate a ello, que luego lo agradeces”…

Pues, será una percepción mía, pero creo que el “tienes que” y la palabra “ocio” están como reñidas ¿no? Y es que además, ni si quiera lo hago en “tiempo libre“, si no en un huequillo que le he robado al momento maruja (¡cómo tengo que esforzarme yo para no robarle más momentos a ese papel, madre mía!) o a algo por el estilo.

De nadar, quedar con los amigos, hacer senderismo y demás, ni hablamos. Por supuesto que voy al campo a relajarme, claro que sí. ¡A relajarme y a cansar a mis renacuajos, a ver si se acuestan por una vez temprano y saco un minuto para depilarme siquiera!

La moraleja de todo esto es que, el “tiempo libre“, a medida que pasan los años, es algo más inexistente. Primero porque cada vez tienes más obligaciones; y segundo, porque cada vez tienes más aficiones. Así que, se convierte en una regla de tres inversamente proporcional que es muy difícil de cuadrar.

Por eso, no puedo por menos que quedarme perpleja cuando oigo a mi hija decir “me aburro” ¡y pensar que yo también lo decía cuando tenía su edad! ¡Qué inconsciente! ¡Con la de cosas que hay que hacer y el poco tiempo que tenemos para ellas!

Pero que no encuentre por ningún lado al dichoso “tiempo libre” no significa ni mucho menos que no haga cosas que me gustan ¡Bonita existencia tendría entonces! ¡Y encima con mi riesgo añadido de ser inmortal!

Claaaaro que las hago. Pero es cierto que para ello tengo que robarle pequeños instantes a otros “quehaceres“. Por cierto, voy a robarle otro ratito al sueño para repasar y terminar de editar este post que, aunque me leáis por la mañana (o cuando mejor os cuadre), lo voy a dejar preparado desde la noche anterior, que mañana tengo un día muy complicado, sin tiempo para nada ;).

Muack!

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comentarios
  1. Probablemente uno de los vídeos más surrealistas que se hayan grabado jamás. IM-PRE-SIO-NAN-TE…

  2. Querido cangrejo, tu divagación está muy bien como siempre, pero ese nuevo compadre que te has buscado es todo un impresentable!

    Lo de que el tiempo libre es una utopía en la vida de una adulta con hijos no me pilla por sorpresa, pero con los comentarios me asalta una duda: ¿comes huevos, o no? Porque si es que no, vaya tela, ni siquiera sacas ese pequeño beneficio! (aparte del insondable amor materno-filial y tal).

    Un beso!

    • IkramBarcala dice:

      ¿Quién es un impresentable? Yo esto muy contenta con todos mis “compadres” así que nada de faltar Eh? Qué sino me toca poner en practica esa de es muy amiga de sus amigos (y si no es de sus amigos de quien coño lo va a ser…?)

      La verdad es que soy ovolactovegetariana (no es una enfermedad infectocontagiosa, es una opción alimenticia) así que huevos como, pero lo cierto es que también los comía de niña así que no veo donde está la ventaja de haber crecido…

      ¿les has puesto ya la Macarena y Paquito el chocolatero?

      Bss!

      • Jaja, no, aun no les he puesto tan gloriosas canciones patrias. Me temo que bailar el Paquito Chocolatero sin un poco de dopaje pierde parte (si no todo) de su encanto. Lo que si se puede bailar por aqui es el Porrompompero, y hasta existe una version en arabe, a ver si la subo un dia al blog.

      • Hola Cangrejo, y hola Benjamín! A ver si le echo un ojo a tu recacha, que se me olvidó hacerme seguidor, y acabo de ver que la tienes bien actualizada! Pero bueno, comento para colgaros esto:

        No he podido verlo porque el internet de aquí está con la tontería mensual, que consiste en no dejar ver vídeos, pero por la descripción, creo que se trata del objeto de deseo que os contaba.

        Salud!

        • IkramBarcala dice:

          ¡Es fantástica! Una mezcla del mítico porompompón con cierto deje de música árabe! ¡Y esos olés! ¡¡Un hit del verano en toda regla!!

          Por cierto, ya hay confianza como para que nos tuteemos y pases a llamarme por mi nombre o tendré que llamarte Sr. Humano :))

  3. Geniales los dos artículos! En Libia no he estado, pero sí en Jordania, y allí la fruición por el volante y, sobre todo, por la bocina, es inimaginable. ¿Y dicen que un gran premio de F-1 es peligroso? Eso es que no han conducido por Amman… Y en cuanto a la falta de tiempo para encontrar el tiempo libre, Ikram, ¿cuántas veces habrás oído (porque estoy seguro de que, como todo padre/madre que se precie, lo has oído) aquello de “cuando eres padre cambian las prioridades”? Un abrazo a los dos!

Y a ti ¿Qué te parece?

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