En la jungla de asfalto

Publicado: 29/10/2013 en Divagaciones
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Hoy he vuelto al alboroto de Madrid. A la gente que comparte, codo con codo, el Metro, pero ni se conoce, ni le importa.

No es una crítica. Todos necesitamos nuestro tiempo de estar con nosotros mismos, aunque sea rodeados de gente.

Lo único, que después de mi exilio en mi pequeño reino rural en el que prácticamente todos nos conocemos y, aunque no sea así, todo lo comentamos sin esperar presentaciones oficiales, ni mayores excusas, pues choca.

Como me chocó esa primera vez que llegué a Madrid para quedarme y alucinaba con el Metro y la actitud de indiferencia de sus viajeros.

Alucinaba, pero no tanto como una compañera, malagueña ella y muy dicharachera que, cada vez que entraba a un vagón compartía un sonoro ‘Buenos días’ y que se quedaba perpleja por que, aunque todos la miraban, nadie contestó nunca a su saludo. Esto, durante al menos un mes, la hizo volver a casa, cada noche, afligida y ojiplática.

Imagino que sus compañeros de viaje esperaban una triste historia que acompañase a ese saludo y que les animase a colaborar con una aportación económica.

Yo, por mi parte, también tenía mis propias ‘fábulas del asombro’. Estaba convencida de que era imposible entrar en el Metro y salir sin piojos con tanta cabeza junta, tanto olor a humanidad y tanta rasta de moda.

También pensaba en el lado bueno. ¡Estaba convencida de que con la contaminación las arañas no podían sobrevivir! Hasta que un monstruo del tamaño de la palma de mi mano (pequeña para ser una mano, pero grande para araña, la verdad) me sacó de mi fantasía. ¡Prefería respirar la dichosa boina a arriesgarme a los monstruos de ocho patas! El miedo es libre…

Ahora vuelvo a la jungla de asfalto con menos fantasías e imagino que formando parte de esa conglomeración de seres grises que pueblan el vagón sin hacerse notar.

Pero no me resigno del todo.Estoy a punto de bajarme el ganchillo para los largos trayectos. Además de productivo y relajante, seguro que hace salir a más de uno de su letargo 😉

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comentarios
  1. Una práctica muy entretenida para soportar los impersonales y grises trayectos en metro es ponerte a imaginar la vida de quienes te rodean, pero apuesto a que ya lo has hecho, jaja… Imaginación precisamente no te falta. Me has hecho recordar un estupendo post de ‘Caminantes, que no zombies’ (la verdad, todos son estupendos) con el que me reí a mandíbula batiente gracias a los vídeos que lo ilustran. Un par de ellos están grabados en el metro. La risa es una excelente compañera… http://wp.me/p2Zmm3-2a
    Un abrazo!

    • IkramBarcala dice:

      Sip, aunque vista con extrañeza si la prácticas en solitario. Alguna vez me he bajado del metro o he tenido que disimular xq iba leyendo un libro divertido y no me podía contener ¡te miran como si estuvieses chiflada! ¿Es la risa un acto colectivo?

      Bss!!

  2. Farolandia dice:

    Yo me río cada vez que me acuerdo de las escaleras. Oye… arrímate a la derecha para dejar pasar a los que van corriendo!!! La primera vez quedé anonadada. Luego ya… En fin, que nos acostumbramos a todo, y eso es lo malo… 😉

  3. mir dice:

    yo estudiê dos anyos en madrid y tuve un poco la misma sensaciôn que tû, el metro es tân inhôspito… quiero decir, tanta gente ahî y ni siquiera un saludo, nada! es como si cuanta mâs gente te rodea mâs solo te sientes. pues el segundo anyo no cogî el metro y hacîa los trayectos a pie 😉

Y a ti ¿Qué te parece?

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