Primer martes de mes = Divagando con…

Está sección me hace especialmente feliz, ya que me encanta tener invitados en casa.

En esta ocasión cuento con la divagación de @EstherNRosinos, una/otra periodista vocacional.

La verdad es que nunca habíamos hablado del tema. De hecho tampoco hemos hablado de tantas cosas. Tan sólo durante unos días compartimos “pupitre”. Pero basta con oírla hablar un par de veces para saber que no se dedica a esto por accidente. Qué ante la típica pregunta de que si el periodista nace o se hace, en su caso sólo hay una respuesta posible. ¿Adivinas cual es?

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Tocados, pero no hundidos

Vocación: (del lat. “vocatio, -onis) Inclinación, nacida de lo íntimo de la naturaleza de una persona, hacia determinada actividad o género de vida”.

(Diccionario de María Moliner)

Tras recibir la invitación de Ikram de divagar sobre la vocación periodística pensé: ¡Ni hablar! Cómo voy a dedicarle ni siquiera dos palabras a un concepto que nos trae a más de uno por la calle de la amargura y es fuente de calenturas una semana sí y otra también. “Déjame que piense sobre qué me gustaría divagar, ya te diré”, esa fue mi respuesta.

Sin embargo, a los pocos días y en pleno proceso de decisión del temita sobre el que iba a divagar leí en Twitter: “La profesión va por dentro” (@javierdofo) y me senté a pensar y concluí que sí, que es verdad: soy Periodista y periodista de vocación, por qué no decirlo.

Y cumpliendo, me encontraba yo, con uno de los tópicos de los periodistas, el de que nos encanta leer y curiosear lo que dicen o escriben otros periodistas, cuando me topé de bruces con este devastador titular y no menos devastadora noticia: “Cómo no encontrar trabajo nunca: Ser mujer, licenciarse en Periodismo y vivir en España” ¡Vaya, aquí sí que doy el perfil!

Lejos de humores negros, comencé a reflexionar cómo es posible que pese a los mazazos que estamos recibiendo de un tiempo a esta parte, por no decir desde siempre, todavía sienta que mi vocación está intacta. Pura, pura hasta la sepultura.

Y va a ser precisamente por eso, porque el Periodismo para mi es vocacional. Puedo no estar viviendo económicamente del fruto de mi trabajo pero no por eso dejo de ser ni un solo momento periodista. Mi vocación es la de contar, la de transmitir, la de interpretar la realidad para el resto de ciudadanos, y la de hacerlo lo mejor posible, con las más altas cotas de honestidad y ecuanimidad, con la intención de articular herramientas que cada uno usará a su juicio.

Puede haber otras motivaciones, otras expectativas, no digo yo que no. Pero esa es mi vocación.

El concepto de vocación también tiene mucho que ver con la satisfacción, con la felicidad por desempeñar una labor, una actividad, que cuando la estamos desarrollando nos hace sentir que no necesitamos nada más, o quizás un poco, pero no mucho más. Esa es y ha sido nuestra trampa. La vocación en el Periodismo es un dardo envenenado. Un boomerang que se vuelve contra nosotros y que empresarios desalmados no han dudado en utilizar una y otra vez.

En mis cerca de 20 años de experiencia profesional –soy una afortunada-, he trabajado para varias empresas y he tocado prácticamente todos los formatos y muchos ámbitos y, sin dramas, he de reconocer que dónde mejor compensación económica he tenido o en la empresa que más prestigio tenía, no es ni de lejos dónde más cómoda y entregada he trabajado, dónde mejor he podido explayar mi vocación de periodista y dónde mejores profesionales me he encontrado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues simplemente a romper una lanza por la profesión, tan maltratadita siempre (y no sólo por la responsabilidad ajena) y por los que la seguimos sintiendo como la mejor profesión del mundo, parafraseando a Gabriel García Márquez. Puede estar tocada, pero no hundida. Como en todo, hemos de aprender de los errores propios, que los hay y muchos, y de los ataques ajenos, y recomenzar con nuevas formas de hacer periodismo y de cumplir con la máxima de la profesión. Ahora somos más necesarios que nunca, por eso tanto ataque a nuestras líneas de flotación.

Todos sabemos que las cifras de desempleo entre periodistas son escandalosas. Próximas al 40 por ciento, dicen las malas lenguas. Sin embargo, yo no sería capaz de decirle ni a una sola persona, incluida mi hija, que desista, que mire hacia otro lado, que fuerce su vocación y apunte a un sector menos precarizado, menos vapuleado. Precisamente, para remontar y revertir esta situación, quizás sea más necesario que nunca que echemos mano de la vocación y, por encima de todo, que no nos asustemos, que crisis y profundos cambios los ha habido siempre, y aquí estamos.

 

 

Amarga condena

 20131104-232727.jpgVocación. Esa palabra. Esa condena.

En los tiempos que corren, hablar de trabajo, de la profesión, de aquello a lo que te dedicas o te gustaría dedicarte, es más que frecuente.

En mi caso, se me llena la boca cuando hablo de periodismo, de comunicación.

Creo que, salvó hasta los 4 ó 5 años que dije que quería ser “enfermera de bebés“, y de vez en cuando, cuando el profe de inglés me presionaba mucho, que me dio por decir que peluquera, siempre, desde que tengo uso de razón, he sabido que quería ser periodista.

El lado bueno, que cuando tengo la suerte de trabajar en lo mío soy la cangreja más feliz del mundo. De esas a las que casi habría que cobrar por trabajar (que nadie se lo tomé en serio, que es sólo un decir, que con o sin vocación una come y tiene hipoteca como todo “quisqui“).

Pero de la misma forma y con la misma intensidad, cuando no puedo ejercer, soy el ser más desdichado del mundo.

Aprovecha esta situación para reinventarte. Para hacer aquello que siempre quisiste...” ¡Y una leche! No necesito reinventarme. Soy lo que soy y eso no se cambia.

Pero mi vocación no es sólo profesional. De la misma forma y con el mismo convencimiento siempre, y aquí si que fue siempre (no hubo titubeos ni a los 4 ni a los 8 ni en ningún momento), supe que quería ser madre. Y lo soy. Y ahora sólo pido que me dejen ejercer mis dos pasiones, mis dos 50% con tranquilidad.

A lo mejor me falta dominio de idiomas o destreza o sangre fría o paciencia o qué se yo. Pero me sobra pasión. Y lo que tengo claro es que este es el ingrediente imprescindible para que algo salga bien.

Por eso, creo que es el momento de dejarse de excusas oportunistas y facilitar que cada uno pueda desarrollarse en lo que de verdad es. Sólo así, las cosas fluirán e irán sobre ruedas. Huyendo de una sociedad de frustrados que “tiene que” mientras sueñan con lo que les gustaría hacer. Y eso si es una verdadera estrategia económica: permitir que cada uno se pueda desarrollar en lo que de verdad le gusta. Sólo así habrá una menor inversión en tiempo y esfuerzo y un mejor resultado

¿O no?

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comentarios
  1. Reblogueó esto en la recachay comentado:
    El post de hoy ya me lo han escrito. Reblogueo esta magnífica entrada de mi amiga Ikram en la que reflexiona junto a Esther N. Rosinos sobre la vocación periodística, profesión amada y vilipendiada dependiendo de los intereses de quien la juzgue. Os recomiendo ferviertemente la lectura de los dos estupendos artículos y, si queréis, del extenso comentario que he dejado. Excelente, cangreja!

  2. No sé por dónde empezar porque tengo tantas cosas que decir… Me pasa como a vosotras. Soy periodista. Es como una marca de nacimiento. No se puede aprender a ser periodista. Evidentemente, aprendemos a desarrollar nuestra vocación, porque está claro que lo es, y una vocación no se aprende. Es como el ser maestro. Lo más triste del mundo (y contraproducente) es un/a maestro/a desmotivado/a, que no sienta auténtica pasión por su profesión. Con el periodismo sucede algo muy parecido y, lamentablemente, tengo la sensación de que llevamos demasiado tiempo en el que ser periodista es un desprestigio. Los intereses políticos y empresariales han pervertido la función del comunicador hasta el punto de que cualquiera que sepa obedecer la voz de su amo puede serlo. Eso no es periodismo aunque pretendan que lo creamos…
    Tenemos un ejemplo de rabiosa actualidad con el cierre anunciado de Canal 9. La plantilla se ha rebelado contra la decisión y ha tomado el control de la parrilla para denunciar la desvergüenza que los profesionales han tenido que soportar durante tantos años… pero ¿por qué ahora? ¿Por qué deciden recuperar su dignidad profesional cuando la situación es desesperada? ¿Por qué no se rebelaron cuando su puesto de trabajo creían que no corría peligro? La respuesta la tenemos todos en mente, ¿verdad? Y no voy a ser hipócrita: con toda probabilidad yo habría obrado igual.
    A los periodistas nos falta ese coperativismo que se da en tantas profesiones. Sí, hacemos muchos colegas, pero no nos acostumbramos a mojar por ellos, y pasa lo que pasa, que vamos a ruedas de prensa sin preguntas o asistimos a declaraciones a través de una pantalla de plasma. Ahora cierra Canal 9, y la excusa es que es la tele o un colegio o un hospital. ¡Menuda desvergüenza! ¿Y qué pasa con los millones que cuesta la Fórmula 1 o el derroche vergonzoso vertido en una Ciudad de las Artes fantasma o en un aeropuerto sin aviones? Pero lo triste es que buena parte de la ciudadanía compra ese discurso: el periodismo es prescindible. El poder se sirve de los medios de comunicación, y cuando ya no le sirven para sus propósitos reniega de ellos. Y mientras tanto, los periodistas nos dejamos llevar al ritmo que vamos llenando las colas del paro…
    Yo soy periodista, por eso aunque no ejerzo de forma remunerada, me desahogo en mi blog. No es un periodismo al uso porque escribo básicamente opinión, pero en estos tiempos en que el discurso oficial pretende lavarnos el cerebro haciéndonos creer que nos estrangulan por nuestro bien (ni el síndrome de Estocolmo, vamos) los comunicadores tenemos que mojarnos. No podemos mantener esa objetividad mal entendida en el sentido de que simplemente debemos explicar las cosas sin tomar partido. ¡Y una leche! ¡Claro que hay que tomar partido! El periodista cumple una función social: fiscalizar el poder y denunciar las injusticias. Eso es periodismo. Estar al lado del débil, del que sufre, del que es explotado, como decía el gran fotoperiodista Enrique Meneses. Lo que están haciendo los trabajadores de Canal 9 ahora tendría que ser la norma en cualquier medio de comunicación: denunciar lo que haga falta independientemente de las consignas políticas que se reciban, porque medios públicos no debería significar “medios de propaganda” al servicio del gobierno de turno.
    En fin, corto ya el rollo. Muy de acuerdo, cangreja, con tu reflexión final. Ya lo he escrito en varias ocasiones, y para mí esa es la clave de todo: si las personas tuviéramos la oportunidad de dedicarnos a lo que realmente nos gusta y en lo que somos buenos las cosas irían mucho mejor, pero es que me temo que el sistema está montado de forma que eso no pueda ocurrir. La monstruosa máquina empresarial que gira en torno al Estado necesita de carne de cañón a la que explotar para mantener los privilegios de quienes las dirigen. Pero esto forma parte de otro debate…
    Enhorabuena a las dos por vuestros estupendos artículos y a seguir luchando por desarrollar nuestra vocación. Un abrazo!

    • IkramBarcala dice:

      ¡Querido Benjamín, en esta ocasión es una divagación a tres bandas! Qué te voy a decir… ¡Qué no te falta ni un ápice de razón y que es un placer leerte!

      ¡Muchas gracias!

      • Esther Navarro dice:

        Muchas gracias IkramBarcala por invitarme a tu espacio. Me ha encantado y me ha gustado especialmente ver que coincidimos en alguna vocación más….
        Yo exactamente no tenía previsto desde siempre ser Mamá pero… ¡madre mía! llegó un día en que con la fuerza de un tsunami supe que quería ser madre.
        Y creo que ahora puedo saber, también gracias a tu reflexión, que es tan vocacional en mí como el Periodismo. Y qué gracioso, o no, que precisamente estas dos vocaciones tengan tan mala mezcla. Es muy, muy difícil ser madre y mantenerte en primera línea de la profesión. Y con primera línea no me refiero a estar en un medio, grande, prestigioso o estar de corresponsal de guerra o presentando el telediario. Me refiero a estar activa y no sufrir las malas consecuencias de duplicarte en las responsabilidades.
        En cualquier caso, con sus dificultades, coincido en que son dos de las cosas que más felicidad me han reportado y reportan en mi vida.

    • Esther Navarro dice:

      Muchas gracias Benjamín. Coincido de nuevo con IkramBarcala en que este Divagando con…ha sido a tres bandas, ¡Y eso es lo bueno! Ójala reflexionáramos todos más acerca de una cosa tan preciada para todos nosotros como es la profesión de periodista.
      Hay muchos análisis, muchas circunstancias y lógicamente para abarcarlas todas, llenaríamos este y muchos blogs más. Yo me he centrado en la parte de la vocación más amable, sin “guerrear” mucho, pero me parecen estupendas las reflexiones de ambos, con las que se va ampliando el punto de mira.
      Quiero añadir otro punto al debate y que me parece muy importante. Benjamín hace mención. La responsabilidad derivada de los tejemanejes de muchos periodistas que han desayunado, comido y cenado demasiadas veces con las fuentes de poder (económico, político…) Creo que es necesaria más que nunca la autocrítica y depurar actitudes impropias para no volver a cometer los mismos errores. La mayoría de estados obedecen a múltiples factores y el estado actual de la profesión no iba a ser menos. La responsabilidad de “otros” la tenemos más o menos clara pero ¿y la nuestra?
      Y me gusta especialmente la pregunta, porque yo me la hago todos los días con este y con otros temas, de ¿por qué no ha habido la más mínima protesta de los profesionales de Canal 9 con todo lo que ellos cuentan que han tenido que soportar? ¿por qué sólo reaccionamos cuando nos tocan el dinero y no nuestra dignidad? Y quién dice Canal 9, dice El País, El Mundo, Telemadrid…

      • Y esas preguntas, Esther, se hacen extensivas a todo lo que está pasando en la sociedad. ¿Por qué no reaccionamos hasta que nos quedamos sin nada? Tanto en el caso general como en el particular de la comunicación (salvo honrosas excepciones) la respuesta es la misma: el miedo. Miedo que se puede disfrazar incluso de confort, porque el periodista que actúa en contra de su dignidad profesional a cambio de una vida cómoda también está actuando en base al miedo.
        Un placer charlar con vosotras. Saludos!

Y a ti ¿Qué te parece?

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