El día que fui bajita

Publicado: 14/01/2014 en Divagaciones
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Desde los 11 años más o menos mido 1’50 cm. Y la verdad es que nunca tuve complejo de bajita. Sencillamente era bajita. Sin más. Sin darle más importancia.

Siendo aún una cría (o casi) tenía un novio muy alto que me decía que no me daba la mano porque se sentía como si llevase a su hermana pequeña de paseo -una gilipollez porque su hermana pequeña (y única) me sacaba ya dos cabezas-. Pero me daba igual.

No podía darle un beso por sorpresa, sencillamente porque no llegaba.

Por esa época, tampoco podía intercambiarme la ropa con mis amigas ni más ni menos que porque éramos de volúmenes corporales incompatibles. Pero no me importó.

Tras ese primer novio, siempre me gustaron los chicos muy altos. Yo decía medio en broma (creo) que era para que me alcanzase las cosas cuando yo no llegase y para mejorar la especie, porque así nuestros hijos serían más altos que yo. Por aquello de hacer media, vaya. Pero no había pena por mi parte. Me importaba poco.

Evidentemente, si hubiese podido elegir, me hubiese pedido 20 ó 25 centímetros más; y también me hubiese pedido el pelo rizado; y una tez más bronceada; y unos ojos que viesen mejor; y… Pero así soy yo y tampoco hay opción de pedir la hoja de reclamaciones, así que, no gasto energía en lamentos inútiles.

Sin embargo, hace dos semanas, de repente, me sentí muy bajita.

La empresa para la que trabajo, que es muy creativa y divertida, planeó para Navidad una fiesta bastante fuera de lo común. Pese a la fecha, no hubo ningún discurso, ni formalismos, ni dulces navideños.

Nos trajeron un par de disfraces de luchadores de sumo, de estos de goma espuma con los que podrías caerte desde un primero y no hacerte ni un rasguño.

El planteamiento era de lo más divertido. Todo el mundo participaba y se tronchaba mientras intentaba dominar ese cuerpo taaaan grande que de repente le pertenecía. Me parecía la situación más divertida que había vivido en mucho tiempo con diferencia. ¡Yo, que miraba con envidia a los niños en las camas elásticas y en los parques de bolas!

Y cuando llegó mi turno, tímidamente decliné la oportunidad de participar. Ni yo me lo creía….

De pronto, me había visualizado entrando por debajo de esos disfraces y dándome cuenta de que mi cabeza no asomaba ni siquiera por el cuello y me sentí taaaaan ridícula que no quise ni probar.

Y lo peor, mi reacción me decepcionó tanto a mi misma, que me arruinó el resto de la fiesta. A la hora y media dejaba a mis compañeros bailando como locos mientras tomaban mojitos para irme hacia casa. Al resguardo del hogar.

La realidad no era que fueses terrible que el disfraz me quedase grande, que ni siquiera tengo la certeza de que fuese así. Si no que mi inseguridad hizo florecer un complejo estúpido que nunca tuve y de lo que siempre me reí.

Y el problema es que, o refuerzo mi autoestima en este campo de mi vida, o el efecto secundario no va a ser perderme una fiesta divertidísima, que lo era, si no mi rendimiento y mi capacidad para disfrutar en el trabajo.

Asignatura pendiente para 2014: Seguir siendo una bajita sin complejos 😉

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comentarios
  1. cristinafra dice:

    Lo de la altura es relativo, yo mido 1,67cn. Y soy la vajita de la familia, mis hijos miden desde 1,86 cn a 1,92 cn y como puedes ver cuando me dan un abrazo me pierdo entre sus brazos.
    Todos perdemos ese momento que luego nos reprochamos, lo bueno es no dejarlo pasar.
    Saludos
    Cristina

    • IkramBarcala dice:

      Creo que por eso siempre me gustaron los chicos muy grandes, para perderme entre sus brazos. 😉 Aunque ahora que lo pienso, de mis abrazos preferidos están los que me da mi pulguita que no mide ni un metro… No, el tamaño no es tan importante.

      ¡Muack!

  2. María dice:

    No te traumatices, por un momento de inseguridad.
    Yo también soy bajita, y además poquita cosa, apenas 1.56 y 45 kilos, pero… ¿sabes? he llegado a la conclusión de que estoy encantada porque paso por donde un alto jamás pasaría.
    Arriba las bajitas!!!
    Un besote bien alto, por aquello de compensar, je…

    • IkramBarcala dice:

      La verdad es que ser bajita me sigue dando igual. No me preocupa. Pero ese momento de inseguridad sobre la estatura ha sido un reflejo de un sentimiento más íntimo del que no era muy consciente.

      Aquellos luchadores de sumo de gomaespuma fueron esa meta a la que día a día no me atrevo a llegar. No es que no llegue, es que estoy al margen viendo como los demás lo hacen mientras yo permanezco agazapada o bato en retirada. Así que, a trabajar en ello toca.

      ¡Gracias por los ánimos María!

  3. selah dice:

    Te entiendo yo tambien soy una bajita, lo bueno es que aqui en mi pais hay bastantes mujeres bajitas jejeje, sin embargo normalmente los hombres siempre son más altos. Y bueno que no nos sintamos mal, como dices siempre vivir con seguridad de si mismo. es lo que importa

  4. Juan Gasó dice:

    Tú misma te has dado cuenta que al final la que salió perdiendo fuiste tú.

    Es cierto que este mundo está estandarizado, en cuanto a tallas, alturas, uso de manos (ser zurdo es un suplicio para algunas cosas) etc. Sin embargo eso no debe hacer mella en nosotros. Es el mundo quien tiene el problema, no nosotros 😉

    Te dejo un enlace a uno de mis artículos que trata un tema similar: http://suigeneris1971.com/discriminacion-gorda/

    Y te recomendaría leerte el libro “Si tú me dices ven, lo dejo todo; pero dime ven”. Seguramente la historia te guste, y además por dos motivos 😉

    Saludos “pequeña” 😉

  5. Es muy curioso lo que cuentas! Los sentimientos son como la arena de playa, aparecen cuando y donde menos te lo esperas, sorprendiéndote porque limpiaste a fondo, o porque hace meses que fuiste a bañarte, y ya ni te acordabas.

    Sin embargo, igual que no te avergüenzas por no intentar alcanzar un estante al que sabes que no llegas, tampoco tienes que avergonzarte por declinar desaparecer dentro de un disfraz gigante. La próxima vez puedes disfrazarte de ninja, y así tomas parte en una guerra no ya de sumos, sino de técnicas japonesas de combate en general.

    Que un momento de flaqueza no te haga dudar de toda una vida de orgulloso bajitismo! Un abrazo!

  6. Ya somos dos bajitas y conozco esa sensación…
    Pero,el ser bajita tiene sus grandes ventajas jejeje.
    Un besote de otra chica de 1.50 cm :p

  7. Pues yo creo que eres la cangreja más alta que conozco… 😉
    No te martirices, quizás fue sólo la reacción en ese momento concreto. En cualquier caso, no le des más importancia y, desde luego, disfruta en el trabajo y en todas partes. Un abrazo! (si hace falta me arrodillo, jajaja! :p)

Y a ti ¿Qué te parece?

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