Vuelo a Berlín

Publicado: 18/04/2014 en Relatos
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Noe y Paco llevaban años sin verse. Muchos años para ser realistas. Sin embargo, seguía existiendo entre ambos una tensión sentimental sin resolver. Los dos lo sabían, aunque jamás lo hablaron. Ellos eran conscientes y los que les conocian también.

Desde hacía un par de años, las redes sociales les mantenían en contacto. Sin palabras. Sin diálogos apenas. Sabiendo el uno de otro y siendo conscientes de la incertidumbre compartida.

Jamás se atreverían a decir nada al respecto, parecía que pudiesen vivir con esa relación pendiente toda la vida.

Pero un día, Noe decidió jugar al todo o nada.

Por motivos de trabajo debía pasar cuatro días en Berlín. No conocía la ciudad. No conocía a sus compañeros de trabajo y realmente, no tenía mucha idea de que es lo que pintaba allí, ni porqué toda esa situación le llevó a pensar en Paco.

Sin apenas saber porqué, le mando un mensaje. El primero en 20 años y que simplemente decía: “Tengo que ir cuatro días a Berlín ¿quieres acompañarme?”

Cualquiera en su sano juicio hubiese pensado que era una equivocación. Que ese mensaje había llegado al destinatario equivocado. Ambos tenían su vida hecha. Sus correspondientes familias. Pero Paco sabía que ese mensaje era para él.

El esas dos frases en su móvil le dejaron en estado de shock durante varias horas. Hasta que finalmente contestó: “Es una locura ¿crees que esto tiene sentido?”

Noe contestó al instante “No lo sé. Si al final decides dar el paso, salgo en el vuelo de las 15:30 horas, el próximo martes.”

No, realmente Noe no tenía ni idea de lo que hacía. Pero tampoco quería saberlo. No quería pensar en Santiango. Ni en Alba.

No quería pensar en las consecuencias de esas palabras. Ni en lo que pasaría si finalmente Paco acepta. Ni que supondría para ella si el no se presentaba.

Quedaba una semana para el viaje que posiblemente cambiaría su vida y decidió vivirlo sin pensar en nada. Ignorando el nerviosismo que la envolvía, aunque en ciertos momentos era imposible. Una especie de tic nervioso le hacía mirar el móvil de manera compulsiva. Aún sabiendo que no habría noticias. Que ella deseaba que no las hubiese.

Por fin llegó el martes. Eligió la ropa cuidadosamente. Seleccionó los complementos con auténtica devoción y llevó Alba al cole como si de un viaje más se tratase.

Cuando se disponía a despedirse de Santiago éste la sorprendió: “No pensarás que dejaré que te vayas sola al aeropuerto, teniendo en cuenta que no voy a verte en cuatro días. Ya he avisado en la oficina de que no iría por la mañana. Te llevaré y comeremos algo temprano, en el propio aeropuerto.”

Noe no se lo esperaba para nada, pero eso tampoco tenía porqué alterar sus planes. Ni si quiera el ofrecimiento de Santiago hizo que tuviese cargo de conciencia. Estaba como hechizada por la decisión que había tomado. Por esa apuesta que había hecho y que no tenía ni idea de como resultaría.

En el fondo, estaba aterrada.

Noe y Santiago montaron en el coche con tiempo de sobra. La carretera estaba sarurada, pero llegaría a tiempo de comer algo. O no…

El tráfico cada vez se ponía peor. Un autobús había volcado en la A6 y se encontraban en el bus vao, en una auténtica ratonera. No podían dar marcha atrás y, de momento, no había forma de liberar ninguno de los carriles.

Noe sentía que la angustia se apoderaba de ella. Durante años había tenido el teléfono de Paco sin usarlo pero esta mañana, se sorprendió a sí misma borrándolo y borrando los mensajes enviados y recibidos. No quería imaginarse suplicándole o pidiéndole explicaciones si finalmente no se presentaba, así que, lo mejor era borrarlo de los contactos para evitar cualquier tentación. Y ahora no podía mandarle ningún mensaje. No podía explicarle nada…

Santiago le sugirió que llamase a la oficina para que la buscasen un billete para el siguiente vuelo. Al fin y al cabo, tampoco pasaba nada si llegaba un par de horas tarde a la convención. El viaje sería un poco más estresante pero no había muchas más opciones.

Sin embargo, cuando llegaron a la hora del despegue al aeropuerto, sin tiempo para embarcar, Noe se puso a llorar en silencio. Sin apenas notarlo ni darse cuenta de la cara de sorpresa de Santiago. “Era muy exigente con su trabajo, pero el estrés la estaba haciendo sacar las cosas de quicio. En cuanto volviese se irían un fin de semana los dos solos.” Mientras, el avión se alzaba hacia el cielo sin ella.

Noe nunca supo más de Paco. No sabe si fue a la cita o no. Nunca volvió a reunir el valor suficiente. Su historia inacabada se convirtió en un pozo de angustia que le resurge de vez en cuando. Pero sin el valor para retomar nada…

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comentarios
  1. La camioneta parada en el semáforo y la puerta que Meryl Streep nunca abrió… Muy bueno, cangreja. Ahora ya entiendo tu comentario a Aludido en el parque, jajaja!
    Besos!

  2. cristinafra dice:

    Muy bueno Ikram un relato de un momento, una decisión.
    Un abrazo
    Cristina

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