Divagando con… Diego Caminero: Viajes

Publicado: 05/07/2014 en Divagando con...
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Hace varios meses -tantos como faltas he tenido es esta sección de Divagando con…Diego Caminero y yo acordamos el tema de ‘los viajes’ como un buen punto de partida para nuestras respectivas divagaciones.

Él cumplió con su parte como un profesional que es, y yo, fui absorbida por el día a día y le di un inexcusable (a la par que involuntario) plantón. Perdóname Diego. No voy a soltar ningún rollo sobre lo complicado de la vida de una cangreja sin mar por que sería un despropósito para el resto de las complejidades. Agradezco enormemente tu disposición y espero poder resarcirte. Mientras encontramos la forma de expiar mis culpas os dejo su texto y espero que todos podáis disfrutar y llevaros algo de lo mucho que aporta el Psicólogo de Mr Hyde (blog que desde luego os recomiendo).

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Todo viaje comienza dentro de uno mismo

Según vamos deshojando el calendario en su avance inexorable hacia el verano, van apareciendo preguntas en busca de respuestas: ¿playa o montaña? ¿con amigos o familia?

Supongo que estarás empezando a la paladear el tema de esta divagación: los viajes. Sí, quizá en su formato más vacacional. Previo paso de consulta de esa tacañona virtual que es nuestra cuenta corriente, claro.

Viajar es uno de esos conceptos en los que cada cual tendremos un sin fin de matices y emociones que complementarán la definición de la RAE, seguro que mucho menos interesante.

Los primeros viajes que recuerdo vienen de la mano de mi abuelo Alejandro. En un medio tan excitante y fuera de común como era el metro. Cuando apenas te levantas medio metro del suelo las distancias son enormes. Ir a casa de mis abuelos dentro de esa serpiente larga y ruidosa que iba y venía por el túnel de la línea 5 era toda una experiencia. Supongo que los niños de antes nos sorprendíamos con mucho menos.

Claro que también estaban los viajes a ese otro recinto mágico: el parque del Retiro. Nadie lo sabía, pero mi hermano y yo teníamos la misión secreta de llenar bolsas y bolsas de castañas. Que no menos mágicamente mis padres hacían desaparecer a su debido tiempo, por supuesto. El ciclo del reciclado cósmico.

Cuando creces, también crecen exponencialmente las distancias que recorres. Si de pequeño los viajes veraniegos cargados de bártulos a la costa levantina me parecían una odisea, ahora voy y vengo de destinos más lejanos en un fin de semana, sin pestañear.

Cuando creces, la ilusión y la magia infantiles no desaparecen, sólo se transforman. Un viaje de los buenos es una experiencia de cambio, que empieza mucho antes de hacer la maleta y dura hasta la infinidad a base de anécdotas. Hay viajes que son la antesala de más viajes.

Viajar es tanto conocer gente nueva como conocer nuevas facetas de ti mismo y de los que te rodean. Bill Murray, ese sabio cazafantasmas despeinado, aconseja que, antes de casarte con tu pareja, hagáis una vuelta al mundo durante un año… A la vuelta, si aún hay amor, casaos en el mismo aeropuerto. Vale, el bueno de Bill tiene un buen colchón, pero entendemos lo que quiere decir.

En un viaje de los buenos las máscaras se van fuera, porque viajar es compartirse. Tras un interrail que hicimos por media Europa, casi un mes dándolo todo con unos fondos irrisorios, me quedaron claro dos cosas: que no volvía a probar el salchichón en uno (día sí y día también, el embutido más barato) y que tenía dos amigos para toda la vida. Que ahí siguen.

El estilo de viajar también nos define. ¿Eres mochilero o de pulsera? En mi caso, este espíritu de interrail ha evolucionado a viaje de carretera y ver muchos sitios con libertad y buenas compañías. Equipaje ligero pero con algo más de comodidad dentro de lo posible.

Cuando uno ha viajado lo suficiente, se da cuenta que también se puede viajar sin moverse demasiado de nuestro entorno habitual. Porque viajar es también una actitud mental en este recorrido que es la vida. Es la capacidad de sorprendernos, desaprender y aprender cosas nuevas. Desarrollar nuestra actitud del viajero, más que de turista, nos facilitará cambiar y llegar a nuestras propias verdades, que nos permitan disfrutar más del camino, sea el que sea.

Ikram Barcala

¿Viajar o desplazarse?

Es curioso que Diego me prepusiese el tema de los viajes como punto de partida para nuestra divagación conjunta. Para mí, los viajes son, entre otras cosas, mi forma de vida. No es que sea un alma aventurera, mochila al hombro, que se dedica a recorrer mundo, si no que es mi profesión. Mi trabajo. Lo mejor y lo peor de mi vida laboral. 

Me dedico a crear en los demás ganas de viajar. A descubrir rutas y destinos que sean lo suficientemente tentadores como para ponerse en marcha. 

En este momento, mi trabajo son los viajes, en el sentido estricto de su definición. Pero hace ya años que lo eran también, aunque de una forma muy diferente.

Hace años me dedicaba a la promoción cultural. A la difusión de artes escénicas y plásticas. Es decir, a acercar el viaje intelectual que otros crearon para ti y que va a tu encuentro para trasladarte al S.XIX a través de una ópera; al Hamburgo de los muñecos de guiñol; al escenario intercultural de Robert Lepage o al mismísimo Japón con el estruendo de sus tambores.

Y es que, hay que distinguir entre desplazarse y viajar. Puedes desplazarte a lo largo y ancho del planeta sin haber viajado más allá de tu propia realidad, o puedes estar físicamente anclado en un sillón y viajar de la mano de Kenize Mourad al antiguo imperio otomano.

Viajar no es una cuestión de espacio/tiempo, si no más bien, de abrir tu mente y dejarte llevar.

¿Los mejores viajes? Para mí, sin duda, aquellos en los que tu cuerpo va a otra cultura, y tu mente y tu corazón se emborrachan de ella. ¿Y el tuyo?

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comentarios
  1. Se me había pasado esta entrada. Súper interesante, como todos los divagando con… pero es que Diego es un crack, con esa capacidad para comunicar enseñando algo en cada frase. Estoy de acuerdo con los dos: viajar es casi más un estado mental que una realidad física. Descubrir un pueblo al lado de tu casa puede ser tan emocionante y enriquecedor como cruzar el planeta, aunque esa sensación de pisar un suelo que ni en sueños habrías imaginado es difícilmente superable. Diego, yo también recuerdo aquellos primeros viajes en metro como auténticas odiseas aventureras, y tengo que decirte que a mi hijo le maravilla tanto como a mí entonces. En ese caso el medio es casi más importante que el destino final.
    En resumen, que a mí me encanta viajar, a pie, en coche, en bici, en tren o en avión. La cuestión es que un viaje es la promesa de un descubrimiento, aunque sea a un lugar que ya conoces. Abrazos para los dos!

Y a ti ¿Qué te parece?

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