La crisis de la gotera continúa en casa (y el perito sigue desaparecido -aprovecho para hacer un llamamiento y si alguien le ve, que me lo mande, por favor, que a este paso voy a montar un club de buceo en el salón-), pero estos días, a fuerza de renuncias, me he dado cuenta de que, “Si yo fuese rica…” (es decir, si por fin el dinero saliese de las plantas -por que a la lotería no juego y de trabajo ya sabéis como anda la cosa-), una vez adecentada mi humilde morada y sustituido el troncomóvil de mi contraparte (vale: y arreglada la boca de mi hija y un par de cositas más típicas de cualquier familia -humilde y sin tarjeta “paca”- que se precie, en lo que me iba a gastar un auténtico pastón es en entradas.

Sí señores, nada de trapitos ni joyas -bueno, nada nada igual es mucho decir-: en entradas de teatro, música, exposiciones, etc. Ya hace tiempo que los regalos, si la necesidad no requería otra cosa y me preguntaban, han sido experienciales. Es decir, que me he decantado por aquellas cosas que proporcionan una grata experiencia, un momento de mágico abandono al placer, antes que por cosas materiales. 

En verano fue Sara Baras, espectáculo del que no pude hacer un post en toda regla por falta de tiempo; The Beach Boys (me río yo de la súper gira de Enrique Iglesias. No romperán ya muchos corazones, pero el culo de los asistente no permanece quieto en la silla ni medio minuto), tampoco faltamos a una cita ineludible con Ara Malikian y este sábado, por gentileza de una amiga, disfruté como una cangreja con el Ballet de Julio Bocca

Pero el otoño es época de renovación de cartelera y me va a tocar decir que no a muchos, muchos espectáculos es estoy segura que me transportarían al limbo; repetir con Ara y Sara (distintos espectáculos de ambos, claro, aunque podría repetir también varias veces cada espectáculo sin que supusiese un sacrificio precisamente), un montón de obras de teatro que me duele hasta recordar su título, como el Sueños y visiones del rey Ricardo III (aun que sólo sea por poder volver a ver a Asunción Balaguer en un escenario)… Confío en no tener que renunciar a Robert Lepage (de verdad, si te gusta el teatro de calidad y tienes oportunidad, no dudes en ver cualquiera de sus obras. Lo único malo, es la adicción que provoca) y así uno tras otro… Estreno tras estreno. Obra tras obra… Y es que, me he dado cuenta de que soy una yonki de los patios de butacas y que “Si yo fuera rica…” habría que buscarme delante de un escenario. 

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comentarios
  1. Y bien invertido que estaría el dinero. Yo también soy más de regalos “experienciales”. Si yo fuera rico gastaría mucho en restaurantes y en estancias en casas rurales con encanto. ¡Besos!

    • IkramBarcala dice:

      Pues ya te mandaré la lista de las plantas de las que NO sale el dinero y a ver si entre los dos damos con la solucion a nuestros ‘desvelos’.
      La vrrdad es que en viajes tambien me iba a dejar algo de calderilla…

      Besotes Benjamín!

  2. Aludido dice:

    Aquí estoy… Aludido… como siempre…. Mi troncomovil va de p.m. , ya le cogido cariño a sus ruidos (cada día me sorprende con uno mas y después de la sorpresa le coges tanto cariño al ruido que no se que haría yo con un coche nuevo sin esos acompañamientos).
    Tu haz lista … a lo mejor un día de esos me sale una tarjeta “Francisca” debajo del sobaco cual golondrino viene por primavera y hacemos felices a Ticketea….

Y a ti ¿Qué te parece?

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