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Si, es primer martes de mes y esta vez no pienso faltar a mi cita de Divagando con…

Este post debió salir en abril, pero es que no me da la vida para más, lo siento. En especial pido disculpas a María, que hace ya tiempo que me mandó su divagación sobre la empatía.

Más vale tarde que nunca ¿no? Muchas gracias María.

Ella es otra de esas amigas de la blogosfera a la que no puedo poner cara ni voz, pero que semana tras semana y publicación tras publicación, ha demostrado una gran sensibilidad. En sus dos  y Te miro y no me miras) podréis encontrar reflexiones que parten de lo más hondo y en las que ofrecen un poquito de sí misma, oculta tras un avatar de mirada impactante.

Empatía

María

Empatía o mirarse en un espejo…

Según el diccionario Empatía sería “La identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”.

Es lo que llamamos “ponerse en el lugar del otro”, que no quiere decir que tengamos que pensar lo mismo que esa persona que tenemos enfrente, no. Nosotros seguimos teniendo nuestra opinión, pero si escuchamos atentamente, quizá, sólo quizá, podremos entender las motivaciones que llevan a alguien a actuar o sentir de una determinada manera.

Siempre he pensado que si desarrolláramos la empatía los conflictos, se solucionarían con mucha más rapidez que si nos posicionamos, sin intentar entender las motivaciones de los demás.

Porque algunas veces nuestras opiniones entran en conflicto con la de nuestros seres queridos, familia, amigos, compañeros ya que nos duele que reaccionen, en determinados momentos de una forma diferente a como lo haríamos nosotros y ahí entra el problema que podemos solucionar con ese gramo de empatía que nos acerca a la persona que tenemos enfrente.

Es decir, aquí entre nosotros, sería lo mismo que ver tu reflejo en un espejo. Y al mirarlo poderte introducir dentro del pensamiento o sentimiento de esa persona que llora, sufre o ríe.

Es verte a ti mismo y decidir que lo que mueve a los demás puede, en algún momento de tu vida, ocurrirte a ti y que te gustaría encontrar a alguien que se pusiera en tu piel con la misma intensidad que lo haces tú cuando algún problema te aqueja o asumes una determinada opinión.

La empatía, es querer entender a quién tenemos enfrente, es acercarnos a los demás con las manos extendidas y el corazón y la mente abiertos.

Ikram BarcalaEmpatía, una actitud en peligro de extinción.

No es la primera vez que hablo de este tema en el blog, pero es que, creo que es tan imprescindible que podría comprometerme a analizar una vez al mes sus aportaciones si con eso consiguiese que la empatía se pusiese de moda.

No quiero pensar que vivimos en una sociedad egoísta en la que cada uno va a lo suyo, pero lo cierto es que si nos esforzásemos un poquito más por ponernos en la situación de los demás, se evitaría mucho sufrimiento.

En una etapa de mi vida, tuve un jefe que me/nos hablaba fatal. Gritaba y protestaba por todo. Jamás oías un halago ni veías un buen gesto en su cara. Y un día, después de echarme un sermón en el que me reconoció que nada de lo que había dicho realmente iba conmigo (sí, has leído bien), pero es que se había preparado el mismo sermón para todos me dijo: “Ya se que no te hablo bien y que no te trató bien, pero es que cuando empecé a trabajar también fueron unos cabrones conmigo y yo pienso hacer lo mismo.” (…)

Sin palabras ¿verdad?

Pero eso fue hace muchos, muchos años y esas no son las heridas que sangran ahora. Sin embargo, día tras día veo ejemplos de ese egoísmo que hace sufrir a la gente. A veces sin querer, otras por pura dejadez e incluso en demasiadas ocasiones, con auténtico ahínco.

Sin embargo, si dejásemos el chovinismo a un lado y pensásemos, por un momento, que algún día tú puedes estar al otro lado de la historia, aunque sólo fuese por curarnos en salud, nos portaríamos de otra forma.

Así que, vuelvo a romper una lanza a favor de la empatía, no sólo para ponernos en el lugar del otro para no hacer daño, si no también para entender porqué, ese que nos daña se está comportando así. ¿Es una causa perdida?


Nueva entrega de Divagando con… La verdad es que cada vez me gusta más esta cita. Por un lado, me obliga a no abandonarme con el blog, y por otro -y sobre todo-, porque me da la oportunidad de recibir en este rinconcito del ciber espacio a bloggers que sigo y admiro.

En este caso se trata de Crissanta. Un lujo por partida doble. Por un lado, en Realidad alterna nos regala su poesía más íntima; y por otra, con Salto al reverso nos da una lección magistral de lo que significa compartir y unir esfuerzos en pos de la creatividad.

Gracias Crissanta por acceder a compartir con nosotros esa noche mágica.

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Noches: sueño y energía

imagePara mí, la noche es sagrada. Antes más de lo que me gustaría que fuera ahora.

Desde mi experiencia, veo dos tipos de noches ideales. El primero, es un espacio en el que por fin consigo estar sola y ver la oscuridad, esa buena oscuridad que es la que calma e inspira.

Es un grato placer deslizarme entre las sábanas y poner a sonar una música relajante y repetitiva (aquí, una excelente app). Y entonces me pierdo en los sonidos de campanas, bambús, cajas de música y olas de mar.

Y así, me deslizo en los sueños. A veces despierto con el corazón acelerado por la pesadilla, pero cada vez con menos frecuencia. Y ya no sé si alegrarme o lamentarme por su desaparición, puesto que los malos sueños eran mucho del material de mi escritura. Pero ciertamente así estoy mejor.

En fin, el segundo tipo de noche es en la que permaneces despierta. Es en la que el sueño no viene a reclamarte, en la que tus ideas y tu energía estallan justo en medio de esa oscuridad bienhechora. Y esas noches son las que compartes entre sonrisas, confidencias, y a veces lágrimas, con amigos, con familia, con tu pareja o a veces con tu propio ser.

Y esas son las noches que ahora tengo con más frecuencia. Todo vibra y el alma está despierta. El cuerpo se resiste a dormir. Y la noche es una amiga.

imageLa noche, aliada temida

La noche ha despertado para mi, a lo largo de mi vida, un sentimiento muy diferente.

Cuando era niña, era un ciclón. Me apasionaba la vida y los días me eran insuficientes para todas las aventuras y travesuras que quería llevar a cabo. Por eso, aunque era muy muy dormilona, intentaba que el sueño no me venciese, para aprovechar más el tiempo. Solía decir que ya dormiría cuando estuviese muerta. Mira tú, que bruta.

En la adolescencia, evidentemente la noche tenía otro sentido. Era un reto eso de quedarse hasta las tantas, aunque sólo fuese para contarlo al día siguiente. Pero lo cierto es que, llegada una hora, comenzaban los bostezos y no lo podía remediar.

Fue a partir de los 18 cuando la noche cobró otro sentido para mí. Del sueño embaucador pasé a las noches en vela.

En aquel momento, la noche podía ser para estudiar, para soñar despierta, para meditar sobre todo lo que me rodeaba, pero difícilmente para dormir.

A medida que fui creciendo, crecieron también mis problemas y mis fantasmas; y la noche se convirtió en ese momento temido: la soledad conmigo misma.

Llegó un momento en el que retrasaba todo lo posible la hora de ir a la cama para evitar encontrarme con ese otro yo que me esperaba.

Ahora estoy en periodo de transición. De reconciliación. Si bien es, y siempre ha sido, mi momento más creativo, también es y será esa lupa de aumento en la que un simple granito de arena puede convertirse en una montaña.

Por eso, ahora, hasta que Morfeo viene a buscarme, disfruto Divagando en esta ruleta sin fin que es La inmortalidad del cangrejo, y viajando de una realidad a otra gracias a la blogosfera.


Este “Divagando con…” posiblemente parezca un poco fuera de fechas, en pleno mes del amor. Pero hay tres cosas ciertas: cualquier mes puede ser el del amor si las condiciones se dan (yo, por supuesto, voy a celebrar  San Valentín, con o sin Corte Inglés); la divagación conjunta surgió hace unos meses a raíz de un relato mío que dio pie a conversaciones sobre el tema con Cristina; y que, nos guste o no, la muerte puede aparecer en cualquier momento.

Pues dicho esto, sólo me queda agradecerle de corazón a Cristina su Divagación, que en este caso además supone una reflexión que es especialmente difícil.

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Mi padre murió cuando aún no había cumplido dieciséis años y mi hermano estaba a punto de los ocho años, que se puede decir sobre la muerte a esa edad, como nos podemos enfrentar al hecho de esta pérdida y si es una muerta súbita como lo es un infarto y entre mis manos intentandole ayudar.

Como te enfrentas a los sueños que pican a la puerta y es tu padre ó que vienen avisar que la tumba esta vacía, de esa forma te enfrentas a esa corta edad, creyendo que lo que vives no es real. Te enfrentas a la vida cuando ves que tu madre no puede enfrentarse a un trabajo nuevo que le puede dar mejor sueldo y vuelve a su media jornada y tu con dieciséis recién cumplidos te vuelves en el sueldo grande de tu casa con tu nuevo trabajo.

Con los años no me gustaban las fiestas de Navidad y las celebraciones pues por ley natural fui perdiendo primero a mi abuelo materno y después pasado los años mi abuela materna y se hacía muy latente estas faltas.

Han pasado los años primero fueron mis hijos que llenaron la casa de ruido y alegría y después han llegado los nietos y estos son los que han hecho que las celebraciones y la vida este llena de alegría.

Tengo presente a mis seres queridos, pero no con tristeza, si no, con ese recuerdo que vive en mi, en ese legado que me dejaron, en eso que me trasmitieron. Ahora yo soy la abuela y puedo trasmitir y dejar un buen recuerdo. Eso es lo importante.

Hace unos años que cuido de mi madre, esta delicada y muy mayor y me hace pensar como me enfrentare a esa pérdida, si es que la ley de la naturaleza se cumple, espero tener esa fuerza para poder sobrellevar bien esa falta, esa pérdida. Espero que tenga una vida plena.

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Miedo silencioso

A lo largo de mi vida he ido perdiendo seres queridos poco a poco, o demasiado rápido, me temo.

De muy niña, un hermano, de cuyo trance me queda, más que el dolor propio, el recuerdo imborrable de ver sufrir a mis padres, la sensación de culpabilidad de mi otro hermano y el pánico invisible a que a mis niños les pueda pasar algo, por un tonto descuido.

Después mi padre. Cuyo luto, según los especialistas en la materia aún no he superado.

Y entre medias, abuelos, tíos, amigos… Demasiada gente. Muertes de todo tipo. Fulminantes, lentas y denigrantes, voluntarias. Dolorosas todas.

De mi familia nipona aprendí que no todas las culturas se recrean en el dolor como en la española. Recordando una y otra vez lo horrible que es la vida sin el ser querido.

Las tradiciones orientales se inclinan más bien a creer que es un paso a mejor vida y sobre todo, que en su paso por esta, lo que hay que hacer es recordar todo lo positivo que nos dejó. Alegrarnos y recrearnos en lo afortunados que fuimos por haberlos tenido a nuestro lado.

Una lectura mucho más sana y positiva, creo yo, aunque prácticamente imposible de interiorizar cuando te has criado en España.

Pero todo se aprende, y yo lo intento. Porque, hoy por hoy, la realidad es que, esos familiares y amigos que se fueron, me siguen doliendo. Los sigo añorando. Los recuerdo y revivo en mi interior, eso es cierto, sin necesidad de cementerios o aniversarios. Pero me siguen doliendo y han marcado de tal forma mi vida que temo despedirme enfadada con alguien por sí no le vuelvo a ver; no guardo vestidos ni vinos para momentos especiales, por si no llegan; y sufro cada minuto que se me va, por sí no hubiese más.

Si, lo sé, no es la mejor forma de encarar la vida. Trabajo en ello.

¡Feliz martes! Disfrútalo, ya sabes…


¡Hola! ¿Queda alguien siguiendo este blog? Es que últimamente he podido dedicarle tan poco tiempo que, está a punto de perecer por abandono ¡y eso no puede ser!

Sin embargo, aunque apenas me da tiempo a nada, hoy no podía faltar. Hoy es primer martes de mes y por tanto, es ese momento tan especial para mí, en el que un amigo del blog me acompaña en mis divagaciones.

Esta cita de Divagando con… es además muy especial porque es la primera del año y porque mi contraparte es alguien fuera de lo común, Miguel Nonay, bloguero y aventurero al que sigo y admiro -no sin cierta envidia- porque, pese a las trabas del camino, que no son para todos iguales, su valentía y pasión por los viajes acaba con las fronteras y barreras más complicadas. Os recomiendo de corazón su blog A salto de mata. Una lección de vida y sobre todo, una llamada de atención sobre ese entorno que entre todos construimos.

En esta ocasión vamos a soñar

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imageSueño con que en 2014…

Aprovechando la iniciativa muy interesante de una amiga, @IkramBarcala y de su blog La inmortalidad del cangrejo, en la que propone divagar juntos sobre cualquier tema, voy a hacerlo sobre mis deseos para 2014, porque soñar es gratis y la vida me ha demostrado que si te empeñas, crees en tí y te rodeas de buena gente, suelen hacerse realidad.

Sueño con que en 2014 la gente se crea de una vez que no estamos inmersos en una crisis sino en un cambio de era como sucedió al pasar de una sociedad artesanal a una sociedad industrial y como ha venido ocurriendo a lo largo de la historia. Si este sueño se cumple, probablemente podremos comenzar a avanzar pensando en tiempos distintos o en nuevas oportunidades, en lugar de pensar que ya se pasará y pronto volverá todo a ser como antes.

Sueño con que en 2014 las relaciones laborales no se tomen bajo el prisma de “empresario explotador” y “obrero vago”, porque los hay, en ambas partes y aunque son minoría cunden demasiado y juegan de farol. Sueño con un 2014 donde la “empresa y el emprendimiento” sean los protagonistas y empresarios y trabajadores el corazón de esos proyectos desde una óptica de mutua inversión: el empresario pone su know how y el dinero; y el trabajador invierte su tiempo y una parte de su vida.

Sueño con que en 2014 las fronteras se derriben como una barrera arquitectónica, cultural y humana y pasemos a lugares sin límite, donde la identidad cultural se respete y enriquezca a este mundo global con barrios distribuidos por todo el planeta.

Sueño con que en 2014 a los que en nombre de la libertad se dedican a cortar la libertad que tanto nos ha costado conquistar reciban la lección que merecen con uno de los derechos más libres, NO VOTARLES MÁS.

Sueño con que en 2014 entendamos el drama de la gente que deja su país y su familia para intentar desde la lejanía entregarles una calidad de vida mejor, a costa de la suya. Que entendamos lo valientes que son quienes se arriesgan a venir en pateras, emparedados entre los asientos de un coche o entre los ejes de un camión muchas veces a cambio de nada. Sueño con que recordemos cuando nuestros padres y abuelos emigraban a Argentina o a Francia y cómo eran recibidos en aquellos países. Sueño con que mucha gente pise tierra firme y se de cuenta que cuando sus hijos se marchan a trabajar fuera son unos inmigrantes que tienen la suerte de irse en asiento y legalmente.

Ya desde el plano personal, sueño con que en 2014 siga creciendo como persona y como viajero, sueño con conocer lugares increíbles y gentes impresionantes que me hagan sentir un nativo más allá donde esté. Y, por último, sueño con que en 2014 al menos alguno de estos sueños se hagan realidad.

Gracias Ikram por darme esta oportunidad de divagar contigo sobre los sueños como base para una realidad diferente.

Os deseo que en 2014 vuestros sueños, se cumplan.

20131201-093846.jpg¡Qué mejor que empezar un año para lanzarse a soñar!

Fantástico ¿no? Pues resulta que estoy en una fase en la que más que por soñar, me da por pensar: ¡Ay, virgencita de Lourdes, qué me quede como estoy! Y si lo medito tan sólo medio segundo, me parece una opción taaaan triste. Pero es que soñar me da casi escalofríos.

Por un lado, porque hay veces que los sueños se cumplen y luego resulta que lo que tú deseabas no es lo que querías (os dejo un ejemplo para entender este trabalenguas); y por otro, porque veo esos sueños tan alejados de lo posible, que casi me parece que peco de ilusa.

Pero le he pedido a Miguel que haga este ejercicio conmigo y estaría muy feo no expresar mis deseos para 2014 ahora.

Evidentemente sueño y deseo que 2014 me traiga el pack básico, archiconocido, pero además, indispensable: salud, dinero y amor. Creo que no por este orden, aunque si un par de kilitos de cada cosa. Pero no es un deseo a la ligera, si no de corazón, con fuerza. Qué los tres son ingredientes básicos para mi siguiente petición: quiero paz.

No hablo de paz mundial, que desde luego que la quiero pero no creo que esté dentro de lo posible. Si no algo un poco más egoísta: paz epitirutual. Tranquilidad de coco, básicamente. Es decir, tener la fortaleza y la actitud adecuada para poder afrontar lo que venga, lo bueno y lo malo, con sosiego y madurez. Porque hay veces que las cosas malas no lo son tanto como parecen y es tu mente la que las transforma; y otras, que las buenas no son lo que debería ser o no sabemos mantener esa energía positiva convirtiéndolas al final en una condena.

Y ya puestos, le pido al año nuevo ser capaz de no comerme tanto la cabeza y que si nos proponemos escribir un post sobre sueños, sea capaz de decir:

Sueño con estar más cerca del mar;

Y con poder viajar más con mi familia;

Y con millones de momentos románticos;

Y con trillones de sonrisas de mis hijos cada día;

Y tener y sentir a los míos cerca;

Y que trabajar vuelva a ser disfrutar;

¿Y sabes Miguel? sueño con atreverme a emprender una décima parte de las aventuras que tú vives sin que el vértigo o el miedo me provoque un paro cardíaco;

Y con no tener reparos a la hora expresarme y crear;

Y con poder decir lo que siento y oír ese sueño de sus labios;

Y sueño, sobre todo, con no tener miedo a soñar.

 


Y llegó el último Divagando con… del año!  La verdad es que esta a sido una aventura en la que me metí sin saber muy bien como saldría, pero la ha resultado una gozada tener cada mes a un amig@ diferente contándonos su visión sobre todo tipo de temas.

En esta ocasión nos acompaña una amiga peruana de origen y vecina de blog Rotze Mardini que, cuando la propuse participar,  enseguida me propuso un tema que a mi, particularmente, me parece apetecía interesantes: los sentimientos que nos despierta realmente la Navidad. Espero que nuestras divagaciones os aporten algo y, como siempre, estáis invitados a contarnos vuestra propia visión.

¡Muack! 

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rotzeVivencia y Visión de Navidad

Los cristianos de todo el mundo, esperamos con ansias la llegada de las Navidades para celebrar y recordar el nacimiento de nuestro Salvador.

La Navidad, es una fecha que guardo en mi alma con los mejores recuerdos de mi niñez en mi país y junto a mi amada familia. Esta celebración empezaba con el espíritu de compartir los preparativos para los días 24 y 25 en mi ciudad natal (Cusco – Perú), donde las familias aún conservan la costumbre de construir grandes réplicas del nacimiento de Jesús, donde cada una de ellas, hace gala de su creatividad e ingenio en esta forma de arte cusqueño y mi familia no era la excepción.

Hace 11 años mi concepto de Navidad fue empañada por una desgracia familiar, por haber acontecido días antes de esta fecha tan especial para mí, y es ahora que luego que dejara mi país hace tres años y me mudara a los Estados Unidos, veo que las cosas son muy diferentes en este lado del mundo. Me entristece ver que la navidad se haya reducido a un simple día comercial y no se vea el verdadero significado.

En mi modesta forma de ver la vida, la Navidad es la renovación de la unión familiar, el compromiso con nuestros seres queridos, la oportunidad de reconciliaciones, el compartir, el renacer el espíritu de confraternidad y agradecimiento por las cosas buenas que la vida nos da, el reavivar el espíritu de solidaridad con aquellos que necesitan una muestra de cariño y porque no, el recordar a quienes partieron de nuestro lado.

A pesar de ser una fecha un poco sombría por las circunstancias de un mal momento que pasara hace tanto tiempo, aún conservo los mejores recuerdos, el espíritu de compartir y vivir en agradecimiento por todos los momentos que la vida me regala cada día.

Mi deseo es que estas fechas sean para transmitir amor, cariño, agradecimiento y siendo cristiana (no practicante), acercarnos a Dios desde nuestro corazón, y agradecer por todo lo bueno que nos brinda cada día y compartirlo no solamente en estas fechas sino, durante todo el año, y vivir constantemente con ese espíritu.

Agradezco de corazón a Ikram Barcala por invitarme a participar en este espacio maravilloso y tenerme en consideración, me siento muy halagada.

¡Mil gracias Ikram!

Aprovecho la oportunidad para desear a todos los miembros de esta comunidad y a los lectores de este espacio, una feliz Navidad.

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Navidad. Navidad, dulce Navidad

La Navidad para mi es un cúmulo de sentimientos encontrados. (Uy, esto tiene pinta de parecer una redacción escolar).

De pequeña, como procedo de una familia humilde y muy muy práctica, nunca viví la “magia” que yo veía en otros hogares. Aún así me volvía loca de contenta cuando se acecaban estas fechas. Pasaba días eligiendo la ropa que me pondría y espiaba bajo las sabanas, llena de ilusión, por si conseguía oír entrar a Papá Nöel.
 
A los 17 años falleció mi padre y, como suele pasar en todos las familias en las que una silla (y un cráter en el corazón) se queda vacía, nada volvió a ser igual. La Navidad era esa fecha en la que todo el mundo tenía que estar contento por narices y con ganas de reunirse, y con ganas de cantar… Y una auténtica pesadilla para mí.
 
No existía la magia del encuentro porque siempre faltaría alguien. Además, como en mi familia no se estila lo de mostrar los sentimientos en público -ni en privado-, todos hacíamos como si nada, lo que hacía la situación aún más sangrante.
 
Sin embargo -y sé que no voy a ser muy original tampoco en esto- todo cambió cuando nació mi hija. A partir de ese momento mi pena (a la que te acostumbras, pero no desaparece) se fue camuflando entre toneladas de entusiasmo dirigido exclusivamente a conseguir que estas fechas fuesen absolutamente mágicas y llenas de ilusión. Intentando conciliar cosas que a priori no lo son: mis creencias religiosas con lo “impuesto por los grandes almacenes”. Ya sabéis, ese afán mío de celebrarlo todo: el nacimiento de Cristo y la magia y la ilusión de unos seres ficticios, con camellos incluidos, que espían a mis pequeños tras los cristales para saber si son buenos o malos.
 
Este año cuento con la nueva experiencia de tener a mi hija como cómplice (para mi gusto demasiado pronto) y de que el pequeño Lucas comienza a ser consciente de todo. Pienso exprimir hasta el último segundo de su sonrisa picara, su nerviosismo nocturno y su entusiasmo al destrozar el papel de regalo (a esa está edad lo de menos es lo que hay dentro).
 
Por lo pronto, este puente, como es tradición, pondremos el árbol y el Belén, y buscaremos piñas y palitos para adornarlo. 😉
 
¡Feliz Navidad!

Primer martes de mes = Divagando con…

Está sección me hace especialmente feliz, ya que me encanta tener invitados en casa.

En esta ocasión cuento con la divagación de @EstherNRosinos, una/otra periodista vocacional.

La verdad es que nunca habíamos hablado del tema. De hecho tampoco hemos hablado de tantas cosas. Tan sólo durante unos días compartimos “pupitre”. Pero basta con oírla hablar un par de veces para saber que no se dedica a esto por accidente. Qué ante la típica pregunta de que si el periodista nace o se hace, en su caso sólo hay una respuesta posible. ¿Adivinas cual es?

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Tocados, pero no hundidos

Vocación: (del lat. “vocatio, -onis) Inclinación, nacida de lo íntimo de la naturaleza de una persona, hacia determinada actividad o género de vida”.

(Diccionario de María Moliner)

Tras recibir la invitación de Ikram de divagar sobre la vocación periodística pensé: ¡Ni hablar! Cómo voy a dedicarle ni siquiera dos palabras a un concepto que nos trae a más de uno por la calle de la amargura y es fuente de calenturas una semana sí y otra también. “Déjame que piense sobre qué me gustaría divagar, ya te diré”, esa fue mi respuesta.

Sin embargo, a los pocos días y en pleno proceso de decisión del temita sobre el que iba a divagar leí en Twitter: “La profesión va por dentro” (@javierdofo) y me senté a pensar y concluí que sí, que es verdad: soy Periodista y periodista de vocación, por qué no decirlo.

Y cumpliendo, me encontraba yo, con uno de los tópicos de los periodistas, el de que nos encanta leer y curiosear lo que dicen o escriben otros periodistas, cuando me topé de bruces con este devastador titular y no menos devastadora noticia: “Cómo no encontrar trabajo nunca: Ser mujer, licenciarse en Periodismo y vivir en España” ¡Vaya, aquí sí que doy el perfil!

Lejos de humores negros, comencé a reflexionar cómo es posible que pese a los mazazos que estamos recibiendo de un tiempo a esta parte, por no decir desde siempre, todavía sienta que mi vocación está intacta. Pura, pura hasta la sepultura.

Y va a ser precisamente por eso, porque el Periodismo para mi es vocacional. Puedo no estar viviendo económicamente del fruto de mi trabajo pero no por eso dejo de ser ni un solo momento periodista. Mi vocación es la de contar, la de transmitir, la de interpretar la realidad para el resto de ciudadanos, y la de hacerlo lo mejor posible, con las más altas cotas de honestidad y ecuanimidad, con la intención de articular herramientas que cada uno usará a su juicio.

Puede haber otras motivaciones, otras expectativas, no digo yo que no. Pero esa es mi vocación.

El concepto de vocación también tiene mucho que ver con la satisfacción, con la felicidad por desempeñar una labor, una actividad, que cuando la estamos desarrollando nos hace sentir que no necesitamos nada más, o quizás un poco, pero no mucho más. Esa es y ha sido nuestra trampa. La vocación en el Periodismo es un dardo envenenado. Un boomerang que se vuelve contra nosotros y que empresarios desalmados no han dudado en utilizar una y otra vez.

En mis cerca de 20 años de experiencia profesional –soy una afortunada-, he trabajado para varias empresas y he tocado prácticamente todos los formatos y muchos ámbitos y, sin dramas, he de reconocer que dónde mejor compensación económica he tenido o en la empresa que más prestigio tenía, no es ni de lejos dónde más cómoda y entregada he trabajado, dónde mejor he podido explayar mi vocación de periodista y dónde mejores profesionales me he encontrado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues simplemente a romper una lanza por la profesión, tan maltratadita siempre (y no sólo por la responsabilidad ajena) y por los que la seguimos sintiendo como la mejor profesión del mundo, parafraseando a Gabriel García Márquez. Puede estar tocada, pero no hundida. Como en todo, hemos de aprender de los errores propios, que los hay y muchos, y de los ataques ajenos, y recomenzar con nuevas formas de hacer periodismo y de cumplir con la máxima de la profesión. Ahora somos más necesarios que nunca, por eso tanto ataque a nuestras líneas de flotación.

Todos sabemos que las cifras de desempleo entre periodistas son escandalosas. Próximas al 40 por ciento, dicen las malas lenguas. Sin embargo, yo no sería capaz de decirle ni a una sola persona, incluida mi hija, que desista, que mire hacia otro lado, que fuerce su vocación y apunte a un sector menos precarizado, menos vapuleado. Precisamente, para remontar y revertir esta situación, quizás sea más necesario que nunca que echemos mano de la vocación y, por encima de todo, que no nos asustemos, que crisis y profundos cambios los ha habido siempre, y aquí estamos.

 

 

Amarga condena

 20131104-232727.jpgVocación. Esa palabra. Esa condena.

En los tiempos que corren, hablar de trabajo, de la profesión, de aquello a lo que te dedicas o te gustaría dedicarte, es más que frecuente.

En mi caso, se me llena la boca cuando hablo de periodismo, de comunicación.

Creo que, salvó hasta los 4 ó 5 años que dije que quería ser “enfermera de bebés“, y de vez en cuando, cuando el profe de inglés me presionaba mucho, que me dio por decir que peluquera, siempre, desde que tengo uso de razón, he sabido que quería ser periodista.

El lado bueno, que cuando tengo la suerte de trabajar en lo mío soy la cangreja más feliz del mundo. De esas a las que casi habría que cobrar por trabajar (que nadie se lo tomé en serio, que es sólo un decir, que con o sin vocación una come y tiene hipoteca como todo “quisqui“).

Pero de la misma forma y con la misma intensidad, cuando no puedo ejercer, soy el ser más desdichado del mundo.

Aprovecha esta situación para reinventarte. Para hacer aquello que siempre quisiste...” ¡Y una leche! No necesito reinventarme. Soy lo que soy y eso no se cambia.

Pero mi vocación no es sólo profesional. De la misma forma y con el mismo convencimiento siempre, y aquí si que fue siempre (no hubo titubeos ni a los 4 ni a los 8 ni en ningún momento), supe que quería ser madre. Y lo soy. Y ahora sólo pido que me dejen ejercer mis dos pasiones, mis dos 50% con tranquilidad.

A lo mejor me falta dominio de idiomas o destreza o sangre fría o paciencia o qué se yo. Pero me sobra pasión. Y lo que tengo claro es que este es el ingrediente imprescindible para que algo salga bien.

Por eso, creo que es el momento de dejarse de excusas oportunistas y facilitar que cada uno pueda desarrollarse en lo que de verdad es. Sólo así, las cosas fluirán e irán sobre ruedas. Huyendo de una sociedad de frustrados que “tiene que” mientras sueñan con lo que les gustaría hacer. Y eso si es una verdadera estrategia económica: permitir que cada uno se pueda desarrollar en lo que de verdad le gusta. Sólo así habrá una menor inversión en tiempo y esfuerzo y un mejor resultado

¿O no?


¡Qué levante la mano el que esté leyendo este post y no haya pensado en alguna ocasión que su vida 2.0 a veces tiene más dinamismo y protagonismo que su yo real!

Si no lo has pensado aún, a lo mejor estás a tiempo de tomar medidas antes de que esta reflexión se convierta en una realidad. Para mí ya es tarde…

Hoy, en la entrega mensual de Divagando con… tengo la suerte de tener como contraparte a David Gómez, un auténtico experto en Redes Sociales y el entorno 2.0, para hablar precisamente sobre esto: cómo el “yo 2.0” se está comiendo con patatas al “yo real” en un nuevo marco de relaciones sociales del que es difícil escapar.

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¿Me pasas el pan?

David Gómez

Hace algunos, mas bien muchos, años leí en un Reader Digest la historia de una mujer, profesional de alto nivel y acostumbrada a mantener una intensa vida social, que debido a su primer embarazo decidió apartarse un tiempo y dedicar un par de años a estar con su hijo.

Durante aquél tiempo su vida social se redujo a cero. Ni fiestas, ni cenas, nada, pero después de tres años decidió que quería volver a retomar su vida social, aunque estaba temerosa de haber perdido la práctica.

Llegó el día del reestreno, era una cena formal y allí estaba ella, sencillamente radiante y dispuesta a volver a ser el centro de la reunión. Comenzó la cena con el cóctel y los entremeses y comenzaron las primeras conversaciones, todo parecía ir bien. Primer plato, y cada vez se sentía más cómoda y relajada y atraía más y más conversaciones.

Pero el clímax llegó con el segundo plato. Ella hablaba animadamente y toda la mesa la escuchaba con asombro. Ella estaba extasiada y disfrutando del momento, hasta que se dio cuenta del por qué: mientras hablaba le estaba cortando la carne a su vecino de mesa como solía hacer con su hijo.  Verdaderamente hacía mucho tiempo que no salía.

Pues bien, durante los últimos meses he estado muy centrado en lanzar mis perfiles profesionales contactando y estableciendo nuevas relaciones a través de las redes sociales en la web, pero hace unos días me ocurrió algo singular. Estuve en la presentación de una asociación dedicada a promover las startups tecnológicas y todo era un extraño déjà vu. Por un lado conocía a muchos de los presentes pero solo de cara, esta era la primera vez que veía el resto del cuerpo. Había cruzado muchas palabras con ellos, pero no conocía sus voces. Nos conocíamos de antes, pero ¿de Twitter o de LinkedIn?

Hace apenas 10 años que se crearon las redes sociales en internet y ya tenemos más “amigos” en ellas que en nuestro mundo físico. Es cierto, las redes sociales nos están permitiendo ampliar nuestro universo personal, pero hay algo que les falta y de lo que no debemos privarnos: el contacto personal.

La posibilidad de dar un apretón de manos o, mejor aún, de dar un abrazo o una palmada en la espalda, de cruzar una mirada de complicidad o una sonrisa o, por qué no, una buena “bronca”, es algo de lo que no podemos prescindir.

Así que, seguiré cuidando y haciendo crecer mi red de contactos, pero creo que debo volver a recuperar mi mundo “desvirtualizado”, no sea que acabe enviándole un DM a mi vecino de mesa para pedirle que me pase el pan.

“Hola, soy Ikram y soy adicta a las Redes Sociales”

PerfilLo primero en llegar a mi vida fue Facebook. Era maravilloso poder estar al tanto de lo que le pasaba cada día a familia que tengo al otro lado del charco, recobrar el contacto con amigos que nunca debí perder de vista o saber cómo crecían los hijos de esas personas que siento tan cerca, pero que viven tan lejos.

Luego fue LinkedIn. Las cosas en el trabajo se empezaba a poner mal, así que había que comenzar a moverse. Esta Red parecía la solución a todos mis males. 

A continuación (tras un intento fallido), Twitter. Durante años, una de mis obligaciones laborales era estar al tanto de los teletipos de las principales agencias de noticias y, esta rutina, me dejó ya con hambre de espontáneos títulares de información.

Luego vino algún tonteo con otras redes que uso, pero que no suponen una relación estable en mi vida… y por fin, el blog.

Así, lenta pero afianzando el terreno, el espíritu 2.0 fue apoderándose de mí vida y sí, lo reconozco:

Hola soy Ikram y soy adicta a las Redes Sociales.

Mi vida virtual es bastante más aventurera que la real. Mi vida social tiene lugar con mucha frecuencia al otro lado de una pantalla. Es más, no creo que pudiese sobrevivir un día entero sin conexión a Internet.

En estas situaciones siento una especie de claustrofobia, que seguro que alguien ya ha bautizado, y que hace que mi capaciadad respiratoria disminuya según lo hace la cobertura del móvil

Vale, sí, igual es un poco exagerado, pero es cierto que, a día de hoy, mi relación con Internet es más que cordial. Y, para ser honestos, no tengo muy claro que sea algo malo. Desde luego, no me siento culpable.

En mi situación actual (desempleada y afincada en una zona residencial con una actividad más que limitada durante el horario comercial -luego es peor todavía-), creo que ha sido para mí una auténtica vía de escape.

Es verdad que constantemente relaciono lo que me pasa en la vida real con un posible post; o que hago fotos a cosas -que muchos considerarán estupideces- pensando en contar con imágenes para mi Almanaque en positivo, o para mi albún de iPhotos. Pero como soy muy muy sociable, creo que tengo cuerda para el mundo real, el virtual y para una tercera dimensión.

Ahora sí, voy a practicar el “propósito de enmienda” para eliminar uno de mis tics más reprochables en este asunto. Es un gesto que es muuuuuy feo y que además es síntoma de esta adicción. Sin duda es una falta de respeto que creo que incomoda bastante a nuestros contertulios: consultar o utilizar el móvil para mandar mensajes o WhatsApp mientras estoy manteniendo una conversación real con otra persona. Ahí es cuando si noto que el yo 2.0 empieza a comerse mi mundo real.  

¿Y tú? ¿En qué dimensión te encuentras?

¿Has notado ya algún síntoma?


Septiembre es un mes duro.

Está lleno de “tengos que” que nos agobian a cada minuto y casi siempre son obligaciones que resultan tan placenteras como que te interrumpan en medio de una siesta veraniega. Por eso, en La inmortalidad del cangrejo hemos decidido recrearnos un poquito más en el “momento vacaciones” y en cuales son los alicientes para convertirlas en ideales.

Para ello, tengo el placer de poder divagar hoy con una reina de las redes sociales y en especial de las mamás blogueras: Madres estresadas sin fonteras, o lo que es lo mismo, Marisa, una mami que, en su versión 2.0 es todo positivismo y sonrisas; y en su versión real (tuve el gustazo de ·desvirtualizarla” a principios del verano) destila paz y armonía.

Si aún no la conoces, no dudes en pinchar aquí y hacerte seguidor de este volcán de buenos propósitos y mejores hechos. ¿Quieres saber cómo es su verano ideal?

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¿Mis vacaciones mágicas?

Madres estresadas sin fronteras

No, te cuento las de mi hija.
Levantarse con reloj porque vienen los amigos y las bicis de los amigos a llenar la calle puntuales a las 12, meter en la mochila el bañador, la toalla, las deportivas por si iban al monte, la raqueta para el frontón, un eurito por si apetecen chuches, las cartas, que una partida a media mañana está muy bien…. Y calle abajo con las bicis a buscar al siguiente.
Llega puntual a comer porque los niños que están con los abuelos comen a las dos y media y vuelve a quedar a las cuatro con la mochila renovada y con la merienda.
A veces se les ocurre ir a todos juntos a casa de alguno que a merendar, o hacer bizcochos, o se acuerdan de que han quedado con los mayores para ayudarles a limpiar la peña, o al huerto del abuelo a comprobar el estado de los tomates…
A cenar también con hora, era el rato de explicarnos quién se ha enfadado, porqué van todos corriendo como locos por la plaza, que están hartos de que les persigan los pequeños y que ellos van detrás de los mayores. Y que al día siguiente han pensado ir hasta el arroyo. Y el sábado creen que la madre de alguno les llevará al cine de la ciudad.
Después de cenar, puntuales, como siempre se nos vuelven a presentar todos en la calle, más arreglados y formales.
” ¿Está María? “
Mamá… vuelvo a las dos ¿vale?
No, guapa, a la una.
A la una y media?
Vale, pero ni un minuto más.
Y como un reloj, mientras el de la iglesia cantaba la media, María entra en casa y cierra la puerta.
Eran mis vacaciones en mi pueblo y lo son las de mi hija en el de su padre, y no serán las ideales, pero venimos a trabajar en septiembre con las pilas cargadas y los niños, un poco más mayores.

El ingrediente mágico de las vacaciones ideales

Perfil

Las vacaciones son, por definición, el momento de descansar, de desconectar, de recargar las pilas.

Todo fantástico. Pero lo cierto es que la mayoría de los mortales nos empeñamos en marcarnos un viajecitocuanto más lejos mejor– que convierten el ansiado descanso, casi en un espejismo.

El hacer y deshacer maletas, así como las últimas compras de todo lo necesario (en las que te encuentras centros comerciales atiborrados del resto de los “vacacioneros en potencia” realizando a su vez sus últimas compras como si no hubiera un mañana). hacen que el supuesto momento de descanso se inaugure con un esfuerzo sobrehumano.

Después, las carreteras, en las que volvemos a encontrarnos con el que al final se llevó la última sombrilla verde pistacho de toda la ciudad y que coordinaba perfectamente con tus chanclas, tu bañador preferido, las sillas, toallas y hasta los manguitos de los niños.

Tras el atasco, en el que no puede faltar el “¿Cuando llegaaaamos? ¿Me pones otra peli? Mama quiero hacer pis o Papaaaaá, Roberto me ha llamado idiotaaaaaa”, llegas a tu destino y todo el equipaje inicia su primer, pero no último, proceso de desestructuración: deshaz maletas, ordena todo, compra todo lo que te olvidaste o creías que no ibas a necesitar (¿Pero cómo es posible que vuelva a estar el tipo de la sombrilla pistacho aquí? ¿Me lo voy a encontrar hasta en la sopa?).

Una actividad frenética que no te deja ni soñar con el ansiado descanso. Y cuando menos te lo esperas… ahí está ¡por fin toca de destrozar la tumbona de tanto usarla! (o en la versión más activa del veraneante, terminar encogiendo o al menos arrugadito como una uvita pasa de tanto baño piscinero y playero. ¡Qué hay peces más de secano en el mar!)

Yo, sin embargo, que vivo en una inquietud constante -y nada sana- por aprovechar el tiempo, muero por hacer cosas nuevas a cada instante, conocer nuevos destinos o descubrir cada secreto del lugar elegido. Vamos, que soy un poco culo de mal asiento.

Y si conmigo y mi obsesión por hacer “escapadas para conocer….” no hubiese bastante, están los niños, que hacen prácticamente imposible el poder leer más de una página seguida de ese libro que has estado reservando para cuando tuvieses tiempo y pudieses disfrutarlo con calma: que si los castillos (con la grima que me da a mí que se me meta la arena entre las uñas), los bañitos para saltar olas (a su edad queda mono, incluso cuando eres una jovenzuela. Eso sí, más allá de los veintitantos…), las palas

Pero sí señores, pese a todo, las vacaciones me recargan las pilas, descansan la mente (que es lo que más agota el cuerpo) y me da energía para continuar. Eso sí, siempre que no falte un elemento indispensable: mi gente. Mi chico, mis niños y, al menos, mi hermana. Si además podemos juntarnos con alguien más de la familia, mejor que mejor.

Así que, llegado a este punto, deduzco que para mí, las vacaciones ideales son simplemente la buena compañía, el resto son aderezos de una mente malacostumbrada a estar con tanta actividad constante que, a veces, se olvida de relajarse y saborear los instantes


Primer martes de mes y ¡¡¡tachan tachan!!!

¡Hoy “Divagamos con…” Almudena Fernández!

mafalda

¡Ahí es “ná”! ¡Toda una osadía por mi parte lo sé! Sólo os diré que el 80% de la culpa de mi adicción a las Redes Sociales la tiene ella. ¡Ahí queda eso!

Community Manager de distintas firmas y autora del blog La maleta de Mumu, Almu lleva ya mucho tiempo siendo una maestra en las redes sociales. Pero como me ha pillado en un día especial, no la he pedido que divague sobre el 2.0 ni nada por el estilo.

Durante un tiempo trabajamos en la misma empresa con tareas que a veces tendían a fusionarse, otras a confundirse y otras a ir contra corriente y desde entonces no hemos perdido el contacto por distintos motivos.

Pero si hay una razón por la que la he invitado a divagar conmigo, es porque es una gran bloguera y además, compartimos edad y nos enfrentamos a un paso grande (y estúpido) en nuestras vidas: ambas vamos a cumplir 40. ¡Lo siento Almu, pero no vale restarse años 😉 !

cuarentañeras

Ahora sé que cumplir 40 no es malo

almu

Pues sí. No sé cómo ha pasado, pero estoy a punto de cumplir 40. No me he dado ni cuenta. Lejos de pensar que esto es un declive, no me siento como si los tuviera. No sé quién decidiría establecer una franja abismal entre los 30 y los 40 como para llamar a los que llegamos a esta edad con esa palabra horrible de “cuarentona” ¿porqué no “cuarentañera”?

¿Os acordáis cuando preguntaban qué quieres ser de mayor? Bien, ya soy mayor. Mamá, papá, ¿qué contestaba yo a esa pregunta? Ni me acuerdo. Pero debo decir que estoy contenta con lo que soy.

¿Cómo se ha portado la vida conmigo? Creo que aquí me voy a quejar un poco. Quedarse viuda con 34 años y dos niños de 7 y 3 años no es precisamente fácil. Es el momento más difícil por el que he pasado. Pero igual que me quejo, debo agradecerle a la vida las personas que me ha puesto en el camino que me ha ayudado a superarlo, y las fuerzas que me ha dado para salir adelante y sobre todo, ver a mis hijos felices.

He cambiado la forma de ver las cosas (seguro que mis padres estarán diciendo “¿Ves? Te lo decíamos”), pero aún sigo manteniendo ese que dicen “espíritu joven” que da las ganas y las fuerzas para seguir. Me quedan muchas cosas por hacer, lugares que visitar, gente que conocer, buenos y malos tragos que pasar, mucho que aprender.

Ahora con 40 que ya sé qué es eso de “relativizar” le doy la importancia justa a cada cosa Bueeeeno vale… a veces que no me cierre una falda es un drama… pero lo acepto y no me desespero. Sé que la felicidad hay que verla en el día a día, en los momentos, aprovechar y disfrutar de lo que se tiene, disfrutarlo así, y valorarlo.

Ahora sé que cuando vienen problemas hay que ser fuerte y sereno para afrontarlos. Mirar atrás y ver que has salvado situaciones que creías imposibles es un gran motivo para celebrar.

Ahora sé que puedo vivir sola, y ser feliz. La soledad es estupenda en su punto justo. Pero también sé que prefiero poder compartir los buenos y malos momentos con alguien. Y también sé que hay que estar para ese “alguien” cuando lo necesite.

Analizando lo que hasta ahora espero sea la mitad de mi vida, creo que de todo lo que he vivido, bueno y malo, he aprendido. Pretendo ser honesta con los demás y conmigo misma, y no desgastar mis energías con quien no merezca la pena.

Ahora, con 40, me queda taaaanto por aprender. que pienso estar aquí al menos otros 40.

Cuarentañera y en proceso de asimilación

avatar cangrejo2Sí, cumplo 40 y desde hace unos días lo repito como un mantra para interiorizarlo y procesarlo.

La verdad es que hace un par de años, cuando le tocó el turno a mi chico he de decir que le resté importancia a todo lo que me decía y me pareció bastante teatrero: que si es una fecha especial, que 40 no se cumplen todos los días (obvio), qué si los amigos queremos hacer un viajecito para celebrarlo… ¡Coño, a Las Vegas no es un viajecito! ¡Lo siento amor, no le dí la importancia que tenía!

¡Ay amigo! ¡Ahora me toca a mi! Y lo llevo…

…Pues la verdad es que hasta hace unos años lo de cumplir no me importaba tanto -ojo, cumplir, que el día de mi cumple nunca me ha gustado nada- por que lo más que me podían decir es “¿Ah sí? ¡Pues no los aparentas para nada! ¿Si estás hecha una cría!”.

Pero las rubias (y sobre todo las cangrejas) tenemos algo en común (el que exteriorice cualquiera de las sandeces que se le vienen a la cabeza con la palabra “rubia” se gana un “unfolllow”) y es que, pasamos de ser unas crías a parecer unas abuelas en cuestión de segundos. Envejecemos de golpe. O al menos esa es la sensación que tengo.

Si para colmo tú intentas mentalizarte de que no pasa nada. Qué sólo es un año más ¿Qué digo? ¡un día más! qué desde ayer con 39 a hoy con 40 sólo hay unas horas de diferencia… pero vas al ginecólogo y te dice: que con tu edad ya hay ciertas pruebas que debes hacerte. Vas al oculista y te empieza a hablar de presbicia. Vas de marcha por Valencia y no hay nadie que ose a darte un flyer de una discoteca (que tengo bien claro que no iba a usar, pero la intención es lo que cuenta)… y así vas sumando detalles… pues creo que igual si es más importante lo de cumplir 40 que lo que de boquilla nos quieren hacer creer.

Para colmo el vocabulario. Pasas de ser xxxñera a xxxtona

¡Pues no me da la gana!

Pienso ser cuarentañera, cincuentañera, sesentañera y así hasta que los de la Real Academia de la Lengua les dé por denunciarme. Qué es un matiz de nada, pero no veas si duele.

Bueno en resumen, que hoy cumplo 40 (¡Gracias! ¡Gracias! Ya me siento felicitada por todos vosotros) y, como ya os conté en otro post, no puedo llevar caramelos al colegio por que es agosto; la mayoría de mis seres queridos me seguirán queriendo un montón, pero no mirarán el calendario (y mira que las alertas de los móviles hacen milagros con las memorias perdidas); y encima tendré que aguantar tres millones de veces lo de:

– ¡40 ya! ¿Y cómo lo llevas?

Mal, lo llevo Mal. ¿Cómo lo llevarías tu? Y para colmo es uno de esos momentos en los que se lleva el hacer balance y ver como ha sido este ultimo año.

Ver tus logros.

El rumbo que lleva tu vida…

Cuando era niña los señores de 40 eran eso, señores. Con autoridad. Vida estable. Casa de vacaciones. Poder adquisitivo. Claridad de ideas y de decisión sobre todos y cada uno de los matices de su vida… Y la verdad, esta no es mi situación.

Me encuentro en un momento en el que la puñetera crisis me invita a reinventarme ¡pero si yo estoy inventadísima! ¡Todo el mundo tenía claro que yo, desde siempre, he sabido lo que quería hacer con mi vida!

No tengo dos casas y a este paso voy a tener que ir como cangrejo ermitaño, buscando la que se deje alguno por ahí.

Para colmo, va una vecina y con su mejor intención, me echa las cartas y las runas y me dice que: me voy a casar (fenomenal, oiga, que esto ya huele a viejo), me voy a divorciar (pues para eso no me caso y me ahorro el pánico escénico, el vestido y el follón que se monta. Si tal, paso directamente al Viaje de Novios y el resto lo obviamos), voy a tener otro hijo (¡a mi edad! Claro, de ahí el divorcio), no voy a encontrar trabajo y me voy a quedar más sola que la una.

Fantástico ¿no? Te da una energía para seguir hacia delante apabullante! ¡Gracias Lau, la intención es lo que cuenta, lo sé, pero la próxima vez me mientes porfi!

En definitiva, la vida no es como la pensé. Ni mejor ni peor (bueno, tengo bastante claro en que podría mejorar) pero es muy diferente a lo que imaginaba y para colmo he pestañeado dos veces y se me ha pasado la mitad de mi esperanza de vida estimada… ¡Qué se me ha pasado volando! Así que, como propósito para este año (o década, no sé): disfrutar de cada instante y exprimirlo al máximo, que en dos pestañeos más me planto en los 50 y ahí si que no va a haber quien me aguante!

¿Un trocito de tarta?


La inmortalidad del cangrejo es para mí una especie de experimento que une varias de mis inquietudes: escribir, expresarme libremente, no perder el hábito de trabajo, no perder el sentido del humor –que no siempre es fácil- y  compartir, conocer y aprender en el universo 2.0.

Por eso, cada semana voy organizando más el trabajo que aquí aparece. Variándolo. Añadiendo o reordenando nuevas secciones… Y hay una sección en concreto que, desde un principio, tenía ganas de poner en marcha. No es nada nuevo o al menos en la prensa convencional. Se trata de invitar a otro compañero a “divagar conmigo sobre algún tema en concreto”.

Como, en general, todos los que se acercan a La inmortalidad del Cangrejo son amigos virtuales -de los que no dudo su existencia, pero con los cuales, cuando menos, es difícil contactar en directo-, el escribir a cuatro manos se complicaba bastante, así que he creado esta sección “Divagando con…” en la que pretendo, el 1º martes de cada mes, contar con la participación de otro blogger que nos deleite con un post sobre un tema concreto, con su propio estilo y su propia visión sobre el mismo.

Creo que puede ser una forma interesante de ver distintas posturas sobre una misma cosa o, por lo menos, distintas formas de enfocarlo.

Además, me parece una plataforma estupenda para recomendar y dar a conocer a un blogger más allá de deciros que me gusta y que le sigo. Así veréis porqué.

Para esta primera ocasión cuento con el privilegio de “Divagar con… Benjamín Recacha, periodista, escritor y autor del estupendo blog La Recacha. Le he propuesto un tema que nos es común, un hashtag que a ningún periodista le sonará extraño y que, sin duda -y por desgracia-, se puede aplicar a más de una profesión #gratisnotrabajo

¡Damos por inaugurado el experimento con el texto de La Recacha y a continuación mi propia visión de los hechos! ¡Espero que os guste y si alguien se anima a compartir la siguiente divagación no tiene nada más que hacérmelo saber en lainmortalidadelcangrejo@gmail.com o  a través de @IkramBarcala! ¡Será un placer divagar y recibir propuestas sobre divagaciones!

Un beso cangrejil:

 ¡Muack!

Panel de corcho con post-it en elque dice #gratisnotrabajo

¡Perdón por cobrar un sueldo!

Avatar de Benjamín Recacha

Cuando mi amiga virtual Ikram, la cangreja más ingeniosa que he conocido en mi vida, me propuso escribir un artículo para su Divagando con… no me lo pensé ni dos segundos. En mi corta trayectoria bloguera es la primera vez que colaboro con otro blog, así que disculpad si parezco un poco nervioso…

“Gratis no trabajo”. Toda una declaración de intenciones. Lamentablemente, cada vez parece más difícil de cumplir. En determinadas profesiones llegará un momento en que resulte casi utópico.

Cuando estudiaba Periodismo, hace la friolera de dos décadas, se daba por hecho que la profesión se aprendía haciendo prácticas no remuneradas al margen de la facultad. Yo trabajé unos cuantos años, en diferentes medios, sin cobrar ni un duro (el euro debía ser entonces el sueño húmedo de algún sádico) o cobrando una miseria, hasta que un buen día encontré un empleo decentemente remunerado.

Hoy en día ni gratis te dejan trabajar en un periódico. El nivel de degradación de las condiciones laborales es tal, especialmente en una profesión tan desprestigiada, que llegaremos a un punto en que haya que pedir perdón por cobrar.

Gracias, PP (y antes PSOE) por esa(s) reforma(s) laboral(es) tan útil(es). Objetivo conseguido.

Un ejército de desempleados, desesperados y desesperanzados, aguardan cualquier migaja en forma de ocupación, por muy precaria que sea.

“¿Que gratis no trabajas? Pues sí que se ha vuelto exigente el señorito”.

En el sector de la comunicación si tienes una buena formación puedes optar a alguno de los puestos que de vez en cuando se ofertan, lanzarte a la aventura emprendedora y/o ir por libre como free-lance, echándole muchas horas y trabajándote buenos contactos, o puedes marcharte al extranjero, lo que será una decisión libre y exclusivamente voluntaria y, en cualquier caso, bajo ningún concepto significará emigrar, por supuesto que no…

Otra alternativa es reconvertirse o, directamente, cambiar de profesión. Todo lo relacionado con los llamados “medios sociales” está en auge, pero la demanda es igualmente muy superior a una oferta que a menudo tiende a abusar en los requisitos profesionales: “Se busca community manager con dominio de SEO, SEM, SEK, SER, SEX… Conocimientos avanzados en programación HTML, PHP, XML, NBA, ABC, BMW, FMI… Dominio de programas de diseño y maquetación, edición fotográfica y de vídeo, conocimientos de marketing, English bilingual (se valorarán idiomas adicionales). Valorable Master en biología molecular. Sueldo: 800 euros brutos”.

¿Cambiar de profesión, entonces? Qué remedio.

Explico mi caso. En diciembre de 2011 me dieron la patada. Desde entonces conservo un minijob en el sector de la docencia y estoy en búsqueda activa de empleo, pero, admitámoslo, las opciones de volver a trabajar como periodista/comunicador por cuenta ajena son ínfimas.

Mi alternativa ha sido ponerme a escribir, en un blog, sí, “cultivando” mi marca personal, pero también escribir literatura. En 2012 completé mi primera novela, ‘El viaje de Pau’, que espero poder publicar próximamente (cuña colada…), y ya estoy con la segunda. En el horizonte se atisba algún proyecto, aún muy incipiente, que ya veremos si acaba de asomar la cabeza.

Lo que quiero decir con esto es que no tengo confianza en las relaciones laborales tradicionales. Ya se han encargado las autoridades (in)competentes de que la pierda por completo.

La salida está en lo que cada uno sea capaz de crear y en hacerlo de forma que sea interesante para quien esté dispuesto a invertir su dinero. Es evidente que ello supone tener que trabajar gratis, por lo menos durante un tiempo, pero bueno, sabemos que lo estaremos haciendo por y para nosotros. Una buena formación, pues, se me antoja imprescindible para no estar condenado a engrosar las indecentemente crecientes filas del ejército de la República de la Desesperanza.

¡Qué no! ¡Qué #gratisnotrabajo!

Avatar de Ikram Barcala

Como ya os conté en Mujer florero, desde hace un tiempo –demasiado para mi gusto- no tengo un empleo remunerado.

Durante este periodo no he parado de estudiar para ampliar y mejorar mis horizontes y trabajar en buscar trabajo que, por desgracia, como muchos de vosotros sabréis de primera mano, es una ardua tarea.

Lo cierto es que ofertas de trabajo de verdad me he encontrado pocas. Muy pocas en las que invertir el entusiasmo del que tanto hablan en El Secreto y la famosa Ley de la atracción.

Pocas han sido las ocasiones en las que pensaba “Por Dios, que me llamen, que este trabajo está hecho para mí” y, sin embargo, muuuuuchas en las que he pensado:

–           ¿Pero cómo pueden tener tanta cara?

No sólo porque pidan el “oro y el moro”-voy a usar la expresión y ya en otra ocasión me paro a divagar sobre ella, porque la verdad es que su origen debe ser curioso- a cambio de un sueldo mísero. Es que, en muuuuchas ocasiones, tras contarte todo lo que esperan de mi y las bondades del negocio, se quedan tan pichi cuando concluyen su exposición con “pero de momento no voy a poder pagarte nada, porque la verdad es que no tengo presupuesto”.

–           ¿Perrrrrrrrrrrrrrrrrdonaaaaaaaaaaaa?

A ver, que una cosa es que mi vecina me pida que le recoja al niño del cole, que yo se lo hago de mil amores, y otra que me ofrezcan trabajo a cambio de nada: ¡Eso es voluntariado! ¡No, ni eso! Porqué el voluntariado suele tener detrás un fin no lucrativo, humanitario y que parte de tu voluntad, de tu interés. ¡Lo de estos es tener mucha jeta!

Pues no os penséis que me ha pasado ni una vez, ni dos. De hecho, en los famosos portales del empleo podéis encontrar varias ofertas por el estilo sin demasiado esfuerzo.

La última vez que me pasó fue hace unas semanas. Me llamó un tipo, muy agradable, con un gran proyecto que, desde luego lo veo complejo, pero que es muy interesante. Decía que me había localizado a través de LinkedIn -eso siempre da caché- y que mi perfil le encajaba de maravilla. ¡Casi me desmayo de ilusión! (en mi pueblo se dice que se me hizo el culo Pepsicola, pero es que queda muy vulgar).

Me contó su trayectoria profesional, su proyecto, algunos cambios que había hecho sobre el mismo, también me dejó claro que sabe que en cuanto me contactó miré su perfil en LinkedIn, la web del supuesto negocio (vamos, que me tenía controlada) y terminó exponiendo qué es lo que esperaba de mí.

Bueno no, ese no fue el final. El final fue cuando me dijo que ya sólo necesitaba que le contase que qué me parecía y ver de qué forma podíamos colaborar juntos ya que pagar, pagar, no me iba a poder pagar porque no tenía dinero ¿?

–          ¡¿y entonces?!

Le dí unas cuantas vueltas a ver si es que había alguna forma de colaboración en la que yo no cobrase pero que no saliese perdiendo claramente y la verdad es que aún no he encontrado ninguna respuesta.

Una amiga me comentó días después que su marido, también periodista desempleado (ya suena casi redundante periodista en paro), se va a embarcar en un proyecto con otro amigo, en el que, de momento, saben que no tendrán beneficios, pero que creen que será muy rentable. Y entonces pensé:

–          ¡Ah! Lo que me proponía este hombre entonces –majísimo por otra parte, insisto- es un negocio, no una oferta de trabajo…

Y le volvía a dar vueltas, tal y como me pidió. Pero lo cierto es que no le conozco de nada, no tengo ninguna garantía de lo que me propone y por más que lo pienso, lo que me pide es que trabaje gratis para él, porque “así por lo menos estoy en activo.

¡Ojo! Que más sangrante que ésta última frase es cuando un medio de renombre te propone que trabajes gratis para ellos porque así, al menos, puedes demostrar que estuviste en un gran medio, que eso siempre ayuda. ¡Pero tendrán morro! ¡Qué yo #gratisnotrabajo! ¡Dignifiquemos la profesión, por Dios!

 Y no es soberbia, que propuestas de colaboración no remunerada si le he hecho yo a amigos con sus emprendedores proyectos (entiéndase que me he ofrecido a hacerles yo algún trabajillo -esto sueña aún peor- para ayudarles a despegar).

Es que, tengo la mala costumbre de comer todos los días, pagar mi hipoteca -si, soy de esas que tiene hipoteca-, vestirme dignamente y pagar todo lo que adquiero.

Para otro día dejo el porqué un periodista entrega un trabajo y no lo cobra hasta que se publica -si se publica- y cualquier persona se compra unos pantalones y los paga aunque los tenga guardados en su armario muertos de risa –¿alguien vio a unos pantalones reírse?- tooooda la vida.

  ¡¡¡ O_O !!!