Posts etiquetados ‘hijos’


IMG_4461

– Mamá, ¿cuándo nos vamos al colegio y papá al trabajo tú no te sientes sola en casa?

Lucía, 9 años

¿Y a ti quién te hablo de soledad?

¿Dónde aprendiste esos sentimientos? ¿por qué una niña que sólo debe entender de jugar y estudiar se preocupa de esas cosas?


Los dos grandes “titanes” de la era digital Apple y Facebook ofrecen a sus empleadas la posibilidad de congelar sus óvulos. Esta fue una de las noticias más comentadas ayer. ¡Y no es para menos! Yo aún sigo perpleja, estupefacta y, sobre todo, indignada.

logo-facebook7Se supone que la campaña es para que las mujeres no tengan que abandonar su carrera profesional para poder ser madres, lo que creo  que se traduce claramente en: “como te embaraces, te despides de seguir creciendo profesionalmente“. ¿O estoy equivocada?

Si de verdad es un incentivo para las mujeres, es que yo tengo una forma muy diferente de ver el mundo.

Te congelamos el óvulo y ya te encargas de eso más tarde, que ahora hay cosas más importantes que atender”. No sé si va acompañado también del suministro de algún tipo de poción mágica que conserve de paso intacta su energía, paciencia y vitalidad, y de paso, que proporcione una mayor longevidad con el fin de que estas madres (de óvulos congelados) puedan ser testigas -soy muy de Almodóvar– , por lo menos, de como sus hijos cambian los dientes de leche. ¿O es que la maternidad se reduce a parir criaturas? Cuanto se es una importantísima ejecutiva te embarazas, das a luz y ya te sientes realizadísima como mujer. ¿Es eso? Disculpen, yo ya soy madre, así que deduzco que nunca llegaré a nada profesionalmente.

Señores de Apple y Facebook, igual esos niños y esas madres también merecen ir al parque juntos, poder descubrir el mundo el uno de la mano del otro y disfrutar de sus primeros días del cole, a poder ser viviendo en la misma casa, no desde un geriátrico, eso sí para altos cargos directivos.

Creo que con esta medida han despreciado por completo el concepto de familia, la labor de una madre y por supuesto, la inteligencia femenina. Si no quieren perder el talento del “sexo  débil”, colaboren para que puedan compaginar sus aspiraciones profesionales con la maternidad a tiempo real.

Del padre ni se habla ¿Lo congelamos también o no hace falta?


Yedra de cinco puntas en otoño Me gusta el otoño. Es la conclusión a la que he llegado en los últimos días.

Ya sé que no va a cambiar el ritmo de la vida, ni a solucionar mi problema de desempleo, pero realmente es un descubrimiento bastante significativo para mí. 

Hasta el momento, el final del verano, la llegada del frío, los días más cortos y la vuelta a la rutina… me hacían caer en lo que tenemos en llamar “síndrome postvacacional” y más cuando, como es en este caso, tras las vacaciones lo único que me esperaba era la incertidumbre, la carrera de fondo que supone buscar trabajo sin decaer y la falta de un proyecto ilusionante a la vista, 

Este fue el intento de reconciliación con este periodo que hice hace un año. 

Muy al contrario de lo que me ha pasado en otras ocasiones, estoy bastante tranquila (para lo que soy yo), sigo persistente en mi búsqueda, estoy encantada de guardar la ropa de verano y sacar amorosos jerséis que me protejan del mundo exterior y, por supuesto, aprovechando al máximo el tiempo que paso al lado de mis niños

No sé si es madurez, que el tratamiento de choque está haciendo efecto o yoqueséque, pero lo cierto es que el otoño “este año” es una estación en la que la Naturaleza nos ofrece lo mejor de sí: los colores más sorprendentes, los atardeceres más espectaculares y alguna que otra delicia culinaria de la que me veo incapaz de prescindir ¿Alguien tiene níscalos para mi?

Así que, como con demasiada frecuencia os cuento mis penas, esta vez os regalo un post con entusiasmo que espero que sea muy muy contagioso ¡y sin vacuna posible!

¿Has visto lo precioso que está el campo en estas fechas?  


imageLa semana pasada se cumplió un aniversario muy muy especial: mi hija cumplió nueve años.

Como os podéis imaginar, con lo que yo soy, está celebrado y más que celebrado (y lo que te rondaré morena). Pero es que, ese día además, el 22 de enero de 2005, yo cumplía mi objetivo vital. El sueño de toda mi vida: ser madre.

Desde enana supe cual sería mi profesión. Pero desde más pequeña aún, supe que, si hay algo que quería en esta vida, era ser madre.

No fue una llamada de la Naturaleza. Ni que el cuerpo me lo pidiese. Sencillamente, siempre lo quise y lo tuve muy muy claro.

Por supuesto respeto a quien no haya sentido ese deseo. Pero si hay algo que me produce mucha lástima es, toda esa gente que no encuentra el momento. Y aún más, aquellos que quieren, pero no pueden ver colmado ese deseo. ¡No quiero ni pensar en lo desdichada que me sentiría yo!

Pero no voy a lamentarme por algo que, gracias a Dios, no ha pasado. Así que, suena bastante chovinista pero, ya podéis felicitarme ¡hace nueve años que cumplí mi mayor deseo! (Y tuve la fortuna de repetir hace tres) y encima con los hijos más maravillosos del mundo. ¿Se puede tener más suerte?


20131129-125133.jpg

 

Hoy es el falso cumpleaños de mi peque.

La verdad es que no sé si tiene mucho sentido, es bueno, es malo o qué, pero es lo que me pedía el alma.

Me explico. El cumple de Lucas realmente fue ayer jueves. Pero como soy una madre trabajadora e inadaptada, no soportaba la idea de imaginar a mi peque saliendo del cole, feliz con su corona y no estar allí para abrazarle.

Se me ponía un nudo en la garganta sólo con pensar en irme a trabajar sin ni siquiera verle despierto y volver sólo con tiempo para darle la cena apresurada y acostarles. Así que, como tiene tres años (y un día) y no tiene aún una noción clara del tiempo, le he hecho creer que su cumple es hoy.

Pero no sólo eso, si no que he avisado en el cole de mi mentira y les he hecho cómplices. Y a mis hermanos. Y a mis vecinos. Incluso se lo he contado a mis compañeros de trabajo que les importa un pimiento 😦

No está bien mentir a un niño y desde luego que es un mal ejemplo para su hermana que sí se entera de todo y flipa con nosotros. Aunque he de decir que se ha mostrado muy comprensiva y ha colaborado en todo momento. Pero ¿con qué autoridad moral le digo yo ahora que no se deben decir mentiras? En unos meses descubre que el Ratoncito Pérez, Papá Noel y los Reyes Magos no existen y ahora esto. No crea que pueda rebatirle demasiado si piensa que ser padre es ser bastante mentiroso…

Bueno, volviendo al tema. Hoy he conseguido que sea ayer y pude despertar a mi peque cantando cumpleaños feliz, con tres globos, como el quería. Lo primero que hizo fue preguntar por la tarta y después asegurarse de que hoy sí iría a buscarle al cole. ¡Ay Maquiavelo, que en esta ocasión te voy a tener que dar la razón!


Contraluz al atardecer de padre e hija conversando– Papá, ¿tú eres inseguro?

– ¿Cómo?

-¿Qué si tú eres inseguro? Ya sabes ¿O no sabes lo que es inseguro?

– Sí, sí, claro que lo sé. Lo que pasa es que no me esperaba una pregunta así de una niña de siete años.

– Casi ocho papá ¿Entonces?

– Bueno, no sé. No me considero inseguro pero me imagino que ciertas incertidumbres las tenemos todos.

La verdad es que no sé si esa es exactamente la palabra que busco. Laura dice que Daniel es así de pesado y torpe porque es inseguro. Él siempre está diciendo que como Laura es tan guapa, al final se va a echar otro novio y le dejará sólo. La verdad es que ya tienen diez años y son tan guapos los dos que yo creo que se van a casar…

Yo sé que papá no se quiere casar conmigo ¡es mi padre! Y los padres y las hijas no se casan. Además, él siempre dice que con una vez fue suficiente. Pero me llama todos los días y está todo el rato preguntándome si aún le quiero.

– Venga, Natalia, que como llegues tarde, tu madre se enfada mucho. Nos vemos el miércoles ¿vale?

– ¿No vas a venir a verme el martes?

– ¿Él martes? ¿Qué pasa el martes? Yo sólo puedo verte los miércoles y los fines de semana especiales.

– Pero el martes es la audición de piano.

– ¡Ay perdona! ¡No sé ni en que día vivo!

Siempre igual… ¡No tenía ni idea! Mamá me dijo que le había llamado para decírselo, pero yo creo que no tenía ni idea… Igual al final mamá no consiguió hablar con él, como le paso en la fiesta del verano.

Ella siempre dice que es que todo le importaba una mierda (porque claro, ella si puede decir mierda), pero yo no creo que sea así. Yo creo que como está tan triste, se le olvidan las cosas.

– Papá ¿Me puedo llevar la muñeca nueva?

– Cielo ¿No prefieres dejarla aquí y juegas con ella cuando vengas? La semana pasada perdiste la otra que te compré. Mejor déjala aquí.

– No la perdí papá. Yo te juro…

– No jures.

– Vale, yo te prometo que la dejé en el jardín. A lo mejor la a cogió Nico, que me odia.

– Natalia, Nico no sabe ni gatear y menos odiar. Y es tu hermano ¿cómo te va a odiar? Venga, no le des más vueltas. No pasa nada, seguro que tu madre la cambió de sitio y no se acuerda. Además, ésta es más bonita.

No me cree. Yo estoy segura de que la dejé en el jardín. Encima del balancín, pero creo que tiene razón. Es mejor dejarla aquí. Mamá siempre se enfada cuando papá me compra un juguete nuevo. Dice que mejor me podría comprar ropa o cosas útiles, pero él es un chico y los chicos no tienen ni idea de ir de compras.

Bueno, según mamá papi no tiene ni idea de nada ,pero yo sé que no es cierto. Arregla todo lo que se me rompe, sabe las mejores canciones del mundo y creo que no hay nadie en la galaxia que sepa tanto de pingüinos como él. Aunque para mamá saberlo todo de pingüinos no vale para nada.

Dice que son pájaros estúpidos que no saben ni volar y que huelen a pescado, pero a mi me encantaría volver a acompañar a papá a su trabajo. Yo no creo que me pusiese mala por dar de comer a Flori. Soy una niña y las niñas nos constipamos en invierno. Parece mentira que mamá no lo sepa.

Y Nico me odia. Si no ¿por qué ha nacido? Todo estaba mejor cuando él no existía. Papá y mamá se querían, Teo no estaba en casa y mama no llamaba a papá ‘gilipollas de mierda’ ni esas cosas tan feas que dice…

– Nat, vámonos cielo. Ya me gustaría a mí que nos pudiésemos quedar más tiempo.

– Y si llamas a mamá y le dices que hoy me quedo aquí?

– Nat…

– Tienes razón papi. Ya voy.


Post -it en el que dice:por fin es viernes. SmileHoy es viernes, así que todo el mundo debería estar más contentó que unas pascuas.

Conectas Twitter y el mensaje más leído es

-“¡¡¡¡Por fin es viernes!!!!”

Así, con muchas exclamaciones. Como de estar muy muy contento.

Yo no he conocido a nadie que no le gusten los viernes. Y si lo hay -que de todo hay en la viña del Señor-, seguro que la presión social le impide confesarlo. A ver quien es el guapo que dice :

– “No, a mi lo que me ponen son los lunes, con su vuelta a la rutina y su madrugón”.

Pues bien, a mí, por lo general, me fastidia cuando las cosas te tienen que gustar por narices. Porque a todo el mundo le gusta.

Por ejemplo, en Navidad hago un gran esfuerzo, pero la verdad es que hasta que llegaron los niños me ponían más bien nostálgica. Ahora creo que sobreactúo tanto que término por creérmelo… No, no es cierto. Es que les veo tan entusiasmados que me lo contagian.

Los cumples… Fantásticos todos… menos el mío. No por hacerme vieja, que eso se nota día a día. No es algo que pase de golpe -aunque el comentario más frecuente, y estúpido, es “¿y qué, cómo te sientes con XX?”-. Es que nunca me gustó demasiado.

Se supone que todo el mundo te llama y te felicita. Y tienes una marcha loca y una fiesta que es la pera… Pues bien, soy de principios de agosto y le pilla a todo el mundo preocupado por dónde colocar la sombrilla y con el propósito de olvidarse de relojes y calendarios ¡Y vaya si lo consiguen! ¡Hasta mi madre, que nunca va a la playa ni pone sombrilla!

Ya llevo en mis espaldas el trauma de no poder llevar nunca caramelos a clase. Eso, que tu que eres de octubre o abril no entiendes, me ha dejado marcada de por vida. Estaba esperando a tener hijos para que llevasen los caramelos más ricos del mundo y ahora resulta que eso ya ni se estila (molan más las piscinas de bolas y los hinchables) y encima está prohibido en los coles…. Y ahí sigo yo, con mi trauma sin cicatrizar y sin resarcirme.

Volviendo a los viernes. A mí personalmente, no es que me disgusten, pero no es mi día preferido. No entiendo tanto alboroto.

Para empezar, hay que madrugar igual que el resto de la semana. Los niños y el Sr. Aludido -y yo, claro- acarrean el cansancio de toda la semana con lo cual, están a la que saltan o no pueden con su alma.

Es el día que intentas dejar todo hecho (que dicho sea de paso es imposible) así que, te das una paliza para intentar luego disfrutar del fin de semana y te acuestas molido y con cierta frustración porque obviamente no lo has conseguido…

El súper esta llenó, porque todo el mundo hace lo mismo.

El parking del cole esta lleno porque ese día va papi, mami y si pegan los abuelos a por los niños, pero eso si, cada uno con su coche.

Las carreteras están llenas porque todo el mundo escapa para aprovechar el fin de semana.

¡Hasta el cesto de la ropa está lleno con todo lo que hay pendiente de lavar de esa semana!

Pues nada, que muy bien. ¡Qué feliz viernes a todos, que yo me quedo con los sábados, que por lo menos puedo remolonear en la cama, no hay cole y como el viernes parece que todo quedó solucionado -mentira cochina-, tengo todo el día para disfrutar!

Muack!