Posts etiquetados ‘Ilusión’


Dibujo de fantasmas

Halloween, Fiesta de Todos los Santos, Día de Difuntos, Fiesta del Otoño… Un año más escucho los mismos argumentos de siempre antihalloween y un año más reivindico las celebraciones. Me da igual su origen y como se celebre aquí o allá. La alegría de mis hijos hoy, cuando iban al colegio con sus disfraces, lo justifican con creces.

¡La vida ya nos da demasiados disgustos! ¿Por qué no nos dejamos llevar cuando se trata de  disfrutar? ¡Feliz día!

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Y llegó el último Divagando con… del año!  La verdad es que esta a sido una aventura en la que me metí sin saber muy bien como saldría, pero la ha resultado una gozada tener cada mes a un amig@ diferente contándonos su visión sobre todo tipo de temas.

En esta ocasión nos acompaña una amiga peruana de origen y vecina de blog Rotze Mardini que, cuando la propuse participar,  enseguida me propuso un tema que a mi, particularmente, me parece apetecía interesantes: los sentimientos que nos despierta realmente la Navidad. Espero que nuestras divagaciones os aporten algo y, como siempre, estáis invitados a contarnos vuestra propia visión.

¡Muack! 

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rotzeVivencia y Visión de Navidad

Los cristianos de todo el mundo, esperamos con ansias la llegada de las Navidades para celebrar y recordar el nacimiento de nuestro Salvador.

La Navidad, es una fecha que guardo en mi alma con los mejores recuerdos de mi niñez en mi país y junto a mi amada familia. Esta celebración empezaba con el espíritu de compartir los preparativos para los días 24 y 25 en mi ciudad natal (Cusco – Perú), donde las familias aún conservan la costumbre de construir grandes réplicas del nacimiento de Jesús, donde cada una de ellas, hace gala de su creatividad e ingenio en esta forma de arte cusqueño y mi familia no era la excepción.

Hace 11 años mi concepto de Navidad fue empañada por una desgracia familiar, por haber acontecido días antes de esta fecha tan especial para mí, y es ahora que luego que dejara mi país hace tres años y me mudara a los Estados Unidos, veo que las cosas son muy diferentes en este lado del mundo. Me entristece ver que la navidad se haya reducido a un simple día comercial y no se vea el verdadero significado.

En mi modesta forma de ver la vida, la Navidad es la renovación de la unión familiar, el compromiso con nuestros seres queridos, la oportunidad de reconciliaciones, el compartir, el renacer el espíritu de confraternidad y agradecimiento por las cosas buenas que la vida nos da, el reavivar el espíritu de solidaridad con aquellos que necesitan una muestra de cariño y porque no, el recordar a quienes partieron de nuestro lado.

A pesar de ser una fecha un poco sombría por las circunstancias de un mal momento que pasara hace tanto tiempo, aún conservo los mejores recuerdos, el espíritu de compartir y vivir en agradecimiento por todos los momentos que la vida me regala cada día.

Mi deseo es que estas fechas sean para transmitir amor, cariño, agradecimiento y siendo cristiana (no practicante), acercarnos a Dios desde nuestro corazón, y agradecer por todo lo bueno que nos brinda cada día y compartirlo no solamente en estas fechas sino, durante todo el año, y vivir constantemente con ese espíritu.

Agradezco de corazón a Ikram Barcala por invitarme a participar en este espacio maravilloso y tenerme en consideración, me siento muy halagada.

¡Mil gracias Ikram!

Aprovecho la oportunidad para desear a todos los miembros de esta comunidad y a los lectores de este espacio, una feliz Navidad.

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Navidad. Navidad, dulce Navidad

La Navidad para mi es un cúmulo de sentimientos encontrados. (Uy, esto tiene pinta de parecer una redacción escolar).

De pequeña, como procedo de una familia humilde y muy muy práctica, nunca viví la “magia” que yo veía en otros hogares. Aún así me volvía loca de contenta cuando se acecaban estas fechas. Pasaba días eligiendo la ropa que me pondría y espiaba bajo las sabanas, llena de ilusión, por si conseguía oír entrar a Papá Nöel.
 
A los 17 años falleció mi padre y, como suele pasar en todos las familias en las que una silla (y un cráter en el corazón) se queda vacía, nada volvió a ser igual. La Navidad era esa fecha en la que todo el mundo tenía que estar contento por narices y con ganas de reunirse, y con ganas de cantar… Y una auténtica pesadilla para mí.
 
No existía la magia del encuentro porque siempre faltaría alguien. Además, como en mi familia no se estila lo de mostrar los sentimientos en público -ni en privado-, todos hacíamos como si nada, lo que hacía la situación aún más sangrante.
 
Sin embargo -y sé que no voy a ser muy original tampoco en esto- todo cambió cuando nació mi hija. A partir de ese momento mi pena (a la que te acostumbras, pero no desaparece) se fue camuflando entre toneladas de entusiasmo dirigido exclusivamente a conseguir que estas fechas fuesen absolutamente mágicas y llenas de ilusión. Intentando conciliar cosas que a priori no lo son: mis creencias religiosas con lo “impuesto por los grandes almacenes”. Ya sabéis, ese afán mío de celebrarlo todo: el nacimiento de Cristo y la magia y la ilusión de unos seres ficticios, con camellos incluidos, que espían a mis pequeños tras los cristales para saber si son buenos o malos.
 
Este año cuento con la nueva experiencia de tener a mi hija como cómplice (para mi gusto demasiado pronto) y de que el pequeño Lucas comienza a ser consciente de todo. Pienso exprimir hasta el último segundo de su sonrisa picara, su nerviosismo nocturno y su entusiasmo al destrozar el papel de regalo (a esa está edad lo de menos es lo que hay dentro).
 
Por lo pronto, este puente, como es tradición, pondremos el árbol y el Belén, y buscaremos piñas y palitos para adornarlo. 😉
 
¡Feliz Navidad!

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@IkramBarcala


El otoño, como es de esperar es época de cambios. Ayer en mi casa se dio uno muy grande. Un cambio emocional que yo creo que fue más impactante para mí, que para mi hija, que es la directamente afectada.

El dialogo era de esperar, pero siempre quieres que tarde un poquito más.

Mamá, dice Alejando que Papa Noel no existe, que son sus padres

¡Vaya cosas te cuenta Alejadro! -pensamientos de odio absoluto hacia ese tipejo (vale, Ikram, contrólate, sólo tiene ocho años) que le quiere arrancar la inocencia a mi niña- ¿Y tú que piensas?

– Pues no sé, pero después de lo del Ratoncito Pérez… -Que en mi casa entrase un ratón y no pasase nada grave bueno, pero que lo hubiese hecho en casa de su abuela, que no es capaz de ver ni un poster de Ratatouille no era nada creíble-…

Ratatouille

– …

– …

– …

– Bueno mamá ¿y entonces?

– Pues sí, hija, tiene razón. 

– ¿Sois vosotros?

– Sí, mi amor… -alma encogida de pena-.

¿Y los Reyes?

También

– …

– …

– ¿Y por qué nos mentís?

– Cariño, es un juego que hacemos todos los papás para que viváis una noche de ilusión. 

– …

¿Quieres un abrazo?

Sí.

-…

– ¡Ah!… ¿y entonces? ¿qué me vais a regalar este año?

Ya está. ¿Eso es todo? Yo me sentía como si hubiesen raptado a mi pequeña y me hubiesen devuelto a una preadolescente y ella como si nada? No, la verdad es que su cabecita no paró ni un momento, pero a mi se me rompió algo en el alma. Es un paso definitivo y sin retorno. Ya no hay la magia de la Noche de Reyes, ni en los días previos, ni en las Cabalgatas, ni escribiendo la carta y esforzándose por portarse cada día mejor… Ya ha llegado el momento en el que la ilusión deja paso al consumismo sin más, al regateo…

Mi niña se me hace mayor…


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la ilusión del joven


Paradojas de la vida. Hace escasos tres meses que di a luz mi segundo hijo y como corresponde, estoy como una auténtica foca. O al menos es lo que me dice todo el mundo. No que esté como una foca, evidentemente, la gente que me rodea suele estar bastante bien educada en esto de la diplomacia y el saber estar. Si no que lo normal es que, habiendo pasado tan poco tiempo y tratándose del segundo, trate un “poquito” más en recuperar la figura (estilizada, porque la de rombo ya la tengo).

El chalet de Alex

Claro que lo de “poquito” siempre se hace más largo cuando es propio que cuando es ajeno. ¡Igual alguien debería de encargarse de cuantificar este tipo de adjetivos para que todos sepamos de qué estamos hablando! El caso es que, hay veces -la mayoría de ellas- que ese ¡que guapa estás! o ¡que hermosa te has puesto! tienen un trasfondo bastante negro.

Durante el embarazo parecía echarle una carrera a la báscula. A ver quien ganaba, si yo cogiendo kilos o ella marcándolos. Y lo cierto es que debió ganar ella, porque un buen día, cuando superé la cifra que mi autoestima podía soportar, decidí que ya no volvería a subirme hasta que el proceso de inflado terminase. Bueno, más que perder, me rendí ante la evidente derrota.

En total debí ganar (está sí que es una buena expresión, como si de un premio se tratase) unos 20 kilos, por que dejé de pesarme cuando iba por los 13 y aun me quedaban lo que todo el mundo apuntaba como “lo peor”. Si lo que llevaba hasta ahora era lo mejor, no quería saber a que se referían…

Sin embargo, me cruzase con quien me cruzase –menos mi suegra claro, que para esto tiene una sinceridad que acaba con la moral del mismísimo Alcoyano- me decía “se nota que es chico, porque estás muy guapa. Yo con el tercero…. (y ahí me contaban su batallita de turno, por que en estas cosas las mujeres siempre tenernos una batallita que contar.)” Y yo, en cuanto tenía ocasión iba hacia el espejo para recrearme con esa belleza que parecía haber brotado en mi para encontrarme lo mismo que la última vez que lo intenté: una cara hinchada, ojerosa -porque en la cama ya no hay posición posible- y, eso sí –lo bueno también hay que reconocerlo- muy buen color ¡los sofocos constantes hacían absolutamente innecesario, es más, recomendablemente prescindible el colorete!

El caso es que, como decía al principio, después de tres meses –dos y tres semanas para ser exactos- me sigo encontrando con la gente que me mira y saluda, le hace las carantoñas de turno al peque, me felicita y me dice ¡qué guapa estas! Y yo, toda esperanzada corro a un espejo en cuanto llego a casa para comprobar si por fin se ha obrado el milagro y al final… me encuentro con lo inevitable: esa cara hinchada por esos kilos que no consigues quitarte de encima, unas ojeras que llegan a los tobillos –estos al menos han recuperado su grosor habitual, que no está mal en cualquier caso- y la cara de cansada propia de cualquier ser humano que se levante cada dos horas y media para dar de comer a su bebé.

Sin embargo, agradezco enormemente esos cumplidos. Me hacen disfrutar de esa ilusión el tiempo que tardo en encontrar un espejo que, a Dios gracias no es poco, por que como en el fondo –vale, muy en el fondo- no soy coqueta, lo cierto es que nunca llevo uno encima.

Como sugerencia les diría que para que sea una buena obra de verdad pueden decirme este tipo de cosas por ejemplo, cuando comience a hacer la compra en el súper. O cuando esté sacando al perro. O en estas situaciones en las que el espejo más cercano esté al menos a media hora de distancia. Para amortizar la ilusión digo.