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Leyendas urbanas

Publicado: 02/03/2015 en Mis iPhotos
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Hace siglos que no paso por aquí… Ni casi por ningún blog.

La verdad es que mi vida está algo desordenada y no me da para todo lo que quiero hacer. Pero quiero aprovechar las fechas en las que estamos para compartir con vosotros una de esas cosas que pasan en Madrid cuando menos te lo esperas y que te dejan con la boca abierta y ganas de más.

Hace unos días, varios estudiantes, profesionales y aficionados a la música, al coro, al gospel, tomaron por sorpresa uno de los sitios más concurridos de Madrid y mira la que liaron:

Es un regalo para todos los que estuvieron allí, todos los que hemos podido disfrutarlo a través de las redes sociales y un intento de acercar esa música que a veces resulta más “seria” pero que contagia, enamora y te alegra el alma para un buen rato.

Si te gusta, comparte, porque hay pocas cosas más fáciles de regalar y más agradecidas que las sonrisas que desprenden estas melodías ¿Os habéis fijado en la edad de algunos de los participantes? Me dan especial envidia todos aquellos que cuentan con una voz tan privilegiad y los virtuosos del violín.

¡Gracias y Felices y Musicales Fiestas!


Yo, es que no tengo palabras para contar lo que deben ser estos dos animales escénicos juntos: Ara Malikian y Ángel Corella. Un violín de vértigo y un bailarín que desconoce la fuerza de la gravedad.

Energía.

Vida.

Ritmo.

Arte.

Os dejo un vídeo bajo riesgo de contagiaros mi pasión por ambos. Lo dicho, yo necesito un presupuesto sólo para ir al teatro…


La pasada Semana Santa (que lejos queda ya), tuve la oportunidad de practicar algo que me gusta mucho: la desvirtualización.

Estaba de vacaciones, pasando unos días al ladito del mar, como le conviene a todo cangrejo que se precie, cuando recibí una propuesta que me encantó: mi amigo (ya e carne y hueso) Benjamín Recacha estaba muy cerquita de mi destino vacacional y me proponía conocernos.

benjaLa verdad es que yo, no me lo pensé dos veces, pero como eran unas vacaciones en familia, sabía lo complicada que podía resultar la hazaña. Hacer planes para que todos los miembros de ambas familias estuviesen a gusto no era tarea fácil. Es más, en el primer momento di plantón a Benjamín sin tener la mas mínima intención de ello. He de decir en mi defensa que avisé con un sms (sí, existen) y que si hubiésemos hecho uso del WhatsApp esto no habría pasado pero… Esa es harina de otro costal.

El encuentro fue muy agradable. Ambas familias congeniaron fenomenal y Benjamín y yo parecíamos casi amigos de la infancia. Y todo pese a que, cuando lo comenté en casa, me miraron como si fuese de Marte.

A ver, lo del blog y ya lo ven como parte de mi frikez innata, pero lo de tener amigos a través del blog parece que siempre lleva a malos pensamientos: a que sea una forma de ligar o a la manera de contactar con un asesino en serie que estuviese preparando el acercamiento para llevar a cabo su plan. Esta segunda opción parecía bastante posible según mi familia…

Reconozco que si hubiese sido al revés, que me propusiesen quedar con alguien que sólo conocen de un chat o algo así, mis pensamientos no hubiesen sido más sanos, pero…

El caso es que no contenta con esto he reincidido.

Durante unos días he tenido en mis manos ¡por fin! El libro Viajero (prometo escribir muy pronto ese post) y cuando me tocaba dar el relevo y Benjamín me dijo que tenia que mandarle el libro a otro residente en Madrid, primero, casi le mando a paseo, porque volver a tener el libro en mis manos hizo que no me pudiese resistir a leerlo de nuevo (y claro, no me ha dado tiempo a terminar). Por otro lado, me parecía un poco raro mandarle un paquete a alguien de la misma ciudad. Sí, aunque esa ciudad sea Madrid yo no pase ni un sólo minuto de asueto en la capital.

Pues venga, a desvirtualizar de nuevo. En este caso se trataba de El psicólogo de Mr. Hyde. La verdad es que, a priori, no suena bien. Lo primero es porque Mr. Hyde no existe lo que me lleva a pensar que no puede tener sicólogo; y si fuese un ser real, coetáneo nuestro, hay que reconocer que estaba bastante trastornado y, quien sabe si ese trastorno no se lo habría trasmitido al médico ¿o esas cosas no se contagian?

El caso es que Benjamín me dio el correo de Diego y, mediante unos cuantos mensajes, logramos quedar para el día siguiente, entre el transbordo de mi trayecto en metro hacia el autobús interurbano. Todo muy relajado.

Para ponerle un poco más de emoción a la cosa, ese día mi teléfono móvil (que hace las veces casi de ordenador personal) decidió quedarse en casa y así, si había algún contratiempo pues… pues alguien se quedaba tirado sin remisión.

Total que, un psicólogo inexistente y de rostro desconocido y una cangreja de ciudad tenían que verse en Madrid sin demasiadas pistas. Las claves para reconocerse: pues como el clavel en la solapa creo que está pasado de moda, optamos por que él llevase una mochila y yo prometí ir con Pau (Sí, el protagonista del libro de Benjamín, que esto parece un culebrón) a la vista.

El resultado: otro encuentro la mar de agradable en la que el poco tempo disponible hizo que comenzásemos conversaciones demasiado interesantes para dejarlas a medias y las prisas de mi autobús a punto de salir nos hizo que hablásemos mucho más deprisa de lo que suele se normal. Lo prometo Diego, yo realmente soy más sosegada conversando.

Y hasta aquí mis aventuras desvirtualizadoras. Ahora me dirijo (por cuestiones de trabajo) a un encuentro entre blogueros de viajes en el que muchos seres sin rostro por fin serán en 3D.  Y en el que seguro que aprendo mucho y practico mucho algo que se conoce con un nombre muy hortera “netmeeting”. Ya os contaré como va todo ¿quién es el próximo en la lista para se desvirtualizado?


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Hoy he vuelto al alboroto de Madrid. A la gente que comparte, codo con codo, el Metro, pero ni se conoce, ni le importa.

No es una crítica. Todos necesitamos nuestro tiempo de estar con nosotros mismos, aunque sea rodeados de gente.

Lo único, que después de mi exilio en mi pequeño reino rural en el que prácticamente todos nos conocemos y, aunque no sea así, todo lo comentamos sin esperar presentaciones oficiales, ni mayores excusas, pues choca.

Como me chocó esa primera vez que llegué a Madrid para quedarme y alucinaba con el Metro y la actitud de indiferencia de sus viajeros.

Alucinaba, pero no tanto como una compañera, malagueña ella y muy dicharachera que, cada vez que entraba a un vagón compartía un sonoro ‘Buenos días’ y que se quedaba perpleja por que, aunque todos la miraban, nadie contestó nunca a su saludo. Esto, durante al menos un mes, la hizo volver a casa, cada noche, afligida y ojiplática.

Imagino que sus compañeros de viaje esperaban una triste historia que acompañase a ese saludo y que les animase a colaborar con una aportación económica.

Yo, por mi parte, también tenía mis propias ‘fábulas del asombro’. Estaba convencida de que era imposible entrar en el Metro y salir sin piojos con tanta cabeza junta, tanto olor a humanidad y tanta rasta de moda.

También pensaba en el lado bueno. ¡Estaba convencida de que con la contaminación las arañas no podían sobrevivir! Hasta que un monstruo del tamaño de la palma de mi mano (pequeña para ser una mano, pero grande para araña, la verdad) me sacó de mi fantasía. ¡Prefería respirar la dichosa boina a arriesgarme a los monstruos de ocho patas! El miedo es libre…

Ahora vuelvo a la jungla de asfalto con menos fantasías e imagino que formando parte de esa conglomeración de seres grises que pueblan el vagón sin hacerse notar.

Pero no me resigno del todo.Estoy a punto de bajarme el ganchillo para los largos trayectos. Además de productivo y relajante, seguro que hace salir a más de uno de su letargo 😉


El-Rey-Leon-Nala-y-Simba-Siento-un-nuevo-amor-en-mi

Nuevo lunes, nueva recomendación de algo que creo que os hará disfrutar: El Rey León. El Musical.

Hace siglos que se estrenó en Madrid y de hecho, ya está a punto de cerrar el telón para siempre (eso muy relativo, claro) en esta ciudad, pero no quiero dejar de recomendarlo.

Yo lo he visto hace tan solo hace unos día. Cuando ya no está de moda y no es lo que comenta todo el mundo. Y cuando, la verdad, ya había perdido todas las esperanzas de poder disfrutarlo.

La peli me gustó, aunque reconozco que es una de esas que tuvimos que censurar a la niña cuando le dio por no ver otra cosa, ya que tenía constantes pesadillas por su culpa: que si el fuego, que si las constates alusiones a la muerte del padre de la manera más descarnada… Se sabía los diálogos de memoria, pero cada vez que la veía, noche de llantos y desvelos

En cualquier caso, como no soy novata en esto del patio de butacas, ya sabia que el musical era otra cosa.

Para empezar, lo más destacado era la caracterización de los personajes, tal y como se suele hacer en el continente africano. Pero lo más importante para mí fueron las voces, esas vocesEstremecedoras. Impactantes

El poder interpretativo de los protagonistas, sobre todo del pequeño Simba, eran para quitarse el sombrero. Pero lo que helaba la sangre era ese coro de voces negras que le dan el auténtico color al musical

Pues eso, que si tenéis oportunidad, no dejéis de verlo. Yo, en cualquier caso os dejo su vídeo promocional, aunque en esto como en todo, donde esté el directo… Por cierto, en este caso si que es cierto que es para todos los públicos. Sin morbo. Sin crueldad.  

PD. Si finalmente vais, no perdáis de vista a los dos músicos de percusión de los laterales. Además de disfrutar de su estupendo trabajo y de la complicidad entre ambos, pasareis un buen rato viendo lo muchísimo que disfrutan con su trabajo ¡Así da gusto! ¡Esa energía y esa alegría se contagia! 


Vamos a empezar la semana con algo bueno. Muy bueno.

Seguro que muchos de vosotros ya le conocéis y los que no ¡estáis tardando!

Ara Malikian

Es mi violinista preferido (sin olvidar al que tocaba en el Metro de Madrid, en Moncloa -pero esa es otra historia que ya os cuento otro día-) y creo que es una de las personas que más están haciendo por difundir la música clásica, al menos en España (y para agradecérselo recientemente le han negado la nacionalidad española 😦 -tenía que decirlo, sorry).

Es Ara Malikian o “el vilonista loquete”, como le llama mi hija de ocho años, que le sigue desde que ella tenía cuatro.

Y es que, aunque él comenta con frecuencia que realmente sólo una minoría de sus espectáculos están creados específicamente para el público infantil, lo cierto es que, en sus conciertos, en el patio de butacas podemos encontrar desde melómanos en estado puro, turistas que pasaban por allí y, sobre todo, familias completas dispuestas a pasar un gran rato.

Éste es otro de esos artistas con los que he tenido la suerte de hablar (sí, la entrevista es mía, aunque hayan tenido el mal gusto -ilegal por otra parte- de quitar mi firma transcurrido un tiempo) y he de decir que, es tan increíble en persona como en el escenario.

Seguro que los entendidos tendrán mucho que reprocharle (o no), pero no sólo toca de maravilla (para mi humilde entender), si no que además, hace cuanto está en su mano para acercar la música clásica al público en general, dejando de lado la seriedad, sobriedad e incluso la arrogancia que muchas veces arropa a este tipo de conciertos y a ciertos instrumentos. Tal y como él dice, tanta parafernalia lo único que consigue es alejar a nuevos públicos.

Reconozco que tengo debilidad por el sonido del violín y que Ara es mi violinista de cabecera, así que no podía faltar en mis recomendaciones de los lunes.

Para los que esteis en Madrid o tengáis ocasión de venir, tiene programados un par de conciertos que tienen una pinta estupenda. El resto, atentos a su calendario de actuaciones por que cambia por momentos y si no: ¡siempre nos quedarán sus grabaciones!

¡Feliz lunes!


“Hoy mi madre me ha llevado a aprender a jugar al tenis.

Al principio me daba vergüenza, pero al conocer al profe se me pasó, porque era muy majo. Se llama Rafa. Además, en el grupo estaban otros dos niños, Jorge y Diego, que son un poquito más mayores que yo.

Lo primero que hicimos fue acostumbrarnos a la pista y las pelotas. Rafa nos tiraba una pelota de tenis y la teníamos que coger con la mano. Luego teníamos que hacer lo mismo pero ya con la raqueta.

niña en silla de ruedas jugando al tenis

Nos explicó que en el tenis la pelota sólo podía dar un bote antes de darle con la raqueta y que si daba más habíamos perdido.

Después de practicar varias veces, jugamos a un juego llamado La Cárcel. Consistía en darle a la pelota con la raqueta y pasarla al otro lado de la red sin que la tocase. Si no lo conseguíamos y nos íbamos al otro lado de la red y dejábamos el turno a nuestros compañeros, que hacían el mismo juego y mientras nosotros debíamos coger la pelota que ellos lanzaban con su raqueta. ¡La verdad es que el juego me pareció muy chulo!

Después las cosas cambiaron bastante. Ahora ya eramos cinco en la pista porque dos niños que había fuera mirando, Laura (7 años) y Hugo (9 años), se unieron también a la clase.

A continuación, Rafa nos enseño las fotos de la pista en la que estábamos y en la que aparecían unos señores sentados en una silla de ruedas. Nos explicó que, aunque ellos no podían andar y tenían problemas para moverse, podían jugar al tenis. Entonces entendí porque en la pista había unas sillas un poco raras. Eran sillas ruedas de competición. Así que lo siguiente que hicimos fue probar a sentarnos en ellas e intentar avanzar.

La verdad es que al principio me pareció bastante difícil y después de un ratito conseguíamos movernos pero, continuaba sin ser nada fácil.

Después, Rafa nos volvió a dar las raquetas y nos dijo que las pusiésemos en el costado para tener las dos manos libres y así colocarnos para poder jugar. ¡Qué difícil!

Nos contó también que, cuando se juega al tenis en silla de ruedas, la pelota puede dar dos botes en vez de uno. Y así estuvimos practicando un ratito.

Mamá me dijo que íbamos a estar una hora jugando, que al principio me parecía mucho, pero resulta que al final fue hora y media y se me hizo muy muy corto. ¡Estoy deseando volver otro día!”

♥♥♥♥♥♥♥

Cómo habréis imaginado esta vez el post no lo he escrito yo. O no del todo. Lo ha escrito mi hija Lucía de 8 años (con mi ayuda, que no quiero engañar a nadie) para contarnos como ha sido su experiencia al participar en el Drives Solidario.Cartel Drives Solidario

Sólo puedo añadir que, al principio Lucia realmente no quería ir, porque es muy tímida, pero después, ninguno de los niños que estaba allí se quería marchar. El pobre Rafa creo que llegó a pensar que hacía noche en la Pista de Tenis Indoor del Centro Comercial Sexta Avenida.

La atención fue maravillosa y el monitor tiene un instinto especial para tratar con los niños.

Reconozco que, cuando vi a mi hija sentada en una silla de ruedas, se me encogió el alma. Pero lo cierto es que fue una experiencia maravillosa para ella. No sólo aprendió las primeras nociones sobre tenis y dejó de lado su timidez, si no que además, descubrió que la vida para algunas personas es más complicadas pero que el entusiasmo y el esfuerzo acaban con cualquier barrera.

Sin duda, si estáis por Madrid, os lo recomiendo. Para niños y adultos.