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– Mamá, ¿cuándo nos vamos al colegio y papá al trabajo tú no te sientes sola en casa?

Lucía, 9 años

¿Y a ti quién te hablo de soledad?

¿Dónde aprendiste esos sentimientos? ¿por qué una niña que sólo debe entender de jugar y estudiar se preocupa de esas cosas?

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Hay varios post que tengo pendientes, pero me cuesta publicar. Por un lado, tengo la idea, el sentimiento. Pero por otro, hay un ‘resquemor’, un sentimiento de rabia, que me impide sentarme a escribir compatibilizando la sinceridad con el huir de la autocompasión o el convertirme en una ‘persona tóxica‘.

Pero hoy me he decidido a romper esta barrera para destruir este muro que me detiene y así poder/intentar continuar con la siguiente partida del juego. Pasar página y comenzar una nueva etapa.

El origen de todo esto está en el trabajo, cómo no.

imageEl pasado 8 de agosto, 2 días después de mi cumple -no soy de las que lo llevan bien, pero fue un día maravilloso– me tocaba cogerme vacaciones. Como os podéis imaginar fue una locura de jornada para conseguir dejar mil cosas preparadas para que el lunes mi compañera me tomase el relevo con lo todo en marcha. Sin marrones e incluso trabajo adelantado para hacerle menos duro el aterrizaje.

Y en pleno abismo me encontraba yo, cuando me llamó por teléfono uno de los socios de la agencia para verme en su despacho. No cogí ni el portátil, ni un mal boli. Ya sabía a lo que iba.

– Ikram, no tengo buenas noticias.

Sin sorpresas a bordo. Dos días antes habían despedido a otra persona sin que nadie supiese la causa. Desapareció con un austero mensaje de despedida que nos dejaba muy clara su sorpresa y su enfado.

Aguanté estoicamente lo que considero un discurso preparado, carente de verdad y de sentimiento alguno. Cinismo en estado puro: “Hemos luchado mucho por ti pero es que el cliente… Los últimos días han sido muy duros… Sabemos que te has esforzado mucho y tienes que sentirte muy orgullosa e ir con la cabeza bien alta… Sabes como es Cristina y que te lo estaba poniendo muy difícil y no queremos que te siga machacando…” Mentiras.

Esas dos personas que ahora me acariciaban el lomo simplemente por tranquilizar sus conciencias no me dieron nunca ni una mínima oportunidad. Así lo sentí cada día y con ese sentimiento me debería haber ido a mi casa, si no fuese por mi maldita costumbre de intentar entenderlo todo ¿Para qué pregunté? ¿Para oír más mentiras que al final me hicieron derrumbarme de pura rabia?

Ni siquiera pude salir de allí con dignidad. La ventaja es que, como eligieron un viernes a última hora y justo antes de vacaciones para hacerme salir por la puerta de atrás, casi nadie notó la existencia de un nuevo cadáver laboral y sólo unos pocos fueron conscientes de mi derrumbe.

Ahora estoy en lo que se supone que iban a ser mis vacaciones, aunque realmente es el inicio de otra etapa de desempleo, ya que, han sido tan ruines que han hecho efectivo el despido ese mismo día, sin incluir mis vacaciones, por lo que yo, además, tengo que modificar mis planes de esas más que merecidas semanas de descanso, para formalizar mi nueva situación laboral ¡Gracias señores, ustedes sí que lo saben hacer bien!

imagePero como he dicho, este post es sólo para sacar toda esa rabia que tengo dentro y poder (intentar) pasar página. Sé que no me va a resultar fácil. Acabo de repasar las fotos de mi iPhone y al ver las de la oficina, las de los viajes hechos, los pantallazos de las situaciones de crisis, los congresos y ferias… ha sido inevitable tener que hacer frente a muchos fantasmas que están ahí: la ilusión con la que empecé, la gente maravillosa que he conocido, la cantidad de hipócritas a los que saludaba cada mañana sin saberlo, lo que he aprendido, las humillaciones que he tenido que aguantar, las mentes maravillosas con las que he tenido la oportunidad de trabajar… Tantas cucharadas de cal y de arena que aún no he podido digerir.

Ahora, toca extraer lo positivo. Ahogar lo negativo para que no me reste más energía. Alimentar esas relaciones sinceras que han surgido y… Pasar página. Lo malo es que el inicio del siguiente capítulo ya me lo sé. Es muy largo y no me gusta. Pero si no sigo leyendo mi libro vital, no sabré si la historia merece la pena de verdad ¿no?


Primer martes de mes = Divagando con…

Está sección me hace especialmente feliz, ya que me encanta tener invitados en casa.

En esta ocasión cuento con la divagación de @EstherNRosinos, una/otra periodista vocacional.

La verdad es que nunca habíamos hablado del tema. De hecho tampoco hemos hablado de tantas cosas. Tan sólo durante unos días compartimos “pupitre”. Pero basta con oírla hablar un par de veces para saber que no se dedica a esto por accidente. Qué ante la típica pregunta de que si el periodista nace o se hace, en su caso sólo hay una respuesta posible. ¿Adivinas cual es?

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Tocados, pero no hundidos

Vocación: (del lat. “vocatio, -onis) Inclinación, nacida de lo íntimo de la naturaleza de una persona, hacia determinada actividad o género de vida”.

(Diccionario de María Moliner)

Tras recibir la invitación de Ikram de divagar sobre la vocación periodística pensé: ¡Ni hablar! Cómo voy a dedicarle ni siquiera dos palabras a un concepto que nos trae a más de uno por la calle de la amargura y es fuente de calenturas una semana sí y otra también. “Déjame que piense sobre qué me gustaría divagar, ya te diré”, esa fue mi respuesta.

Sin embargo, a los pocos días y en pleno proceso de decisión del temita sobre el que iba a divagar leí en Twitter: “La profesión va por dentro” (@javierdofo) y me senté a pensar y concluí que sí, que es verdad: soy Periodista y periodista de vocación, por qué no decirlo.

Y cumpliendo, me encontraba yo, con uno de los tópicos de los periodistas, el de que nos encanta leer y curiosear lo que dicen o escriben otros periodistas, cuando me topé de bruces con este devastador titular y no menos devastadora noticia: “Cómo no encontrar trabajo nunca: Ser mujer, licenciarse en Periodismo y vivir en España” ¡Vaya, aquí sí que doy el perfil!

Lejos de humores negros, comencé a reflexionar cómo es posible que pese a los mazazos que estamos recibiendo de un tiempo a esta parte, por no decir desde siempre, todavía sienta que mi vocación está intacta. Pura, pura hasta la sepultura.

Y va a ser precisamente por eso, porque el Periodismo para mi es vocacional. Puedo no estar viviendo económicamente del fruto de mi trabajo pero no por eso dejo de ser ni un solo momento periodista. Mi vocación es la de contar, la de transmitir, la de interpretar la realidad para el resto de ciudadanos, y la de hacerlo lo mejor posible, con las más altas cotas de honestidad y ecuanimidad, con la intención de articular herramientas que cada uno usará a su juicio.

Puede haber otras motivaciones, otras expectativas, no digo yo que no. Pero esa es mi vocación.

El concepto de vocación también tiene mucho que ver con la satisfacción, con la felicidad por desempeñar una labor, una actividad, que cuando la estamos desarrollando nos hace sentir que no necesitamos nada más, o quizás un poco, pero no mucho más. Esa es y ha sido nuestra trampa. La vocación en el Periodismo es un dardo envenenado. Un boomerang que se vuelve contra nosotros y que empresarios desalmados no han dudado en utilizar una y otra vez.

En mis cerca de 20 años de experiencia profesional –soy una afortunada-, he trabajado para varias empresas y he tocado prácticamente todos los formatos y muchos ámbitos y, sin dramas, he de reconocer que dónde mejor compensación económica he tenido o en la empresa que más prestigio tenía, no es ni de lejos dónde más cómoda y entregada he trabajado, dónde mejor he podido explayar mi vocación de periodista y dónde mejores profesionales me he encontrado.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues simplemente a romper una lanza por la profesión, tan maltratadita siempre (y no sólo por la responsabilidad ajena) y por los que la seguimos sintiendo como la mejor profesión del mundo, parafraseando a Gabriel García Márquez. Puede estar tocada, pero no hundida. Como en todo, hemos de aprender de los errores propios, que los hay y muchos, y de los ataques ajenos, y recomenzar con nuevas formas de hacer periodismo y de cumplir con la máxima de la profesión. Ahora somos más necesarios que nunca, por eso tanto ataque a nuestras líneas de flotación.

Todos sabemos que las cifras de desempleo entre periodistas son escandalosas. Próximas al 40 por ciento, dicen las malas lenguas. Sin embargo, yo no sería capaz de decirle ni a una sola persona, incluida mi hija, que desista, que mire hacia otro lado, que fuerce su vocación y apunte a un sector menos precarizado, menos vapuleado. Precisamente, para remontar y revertir esta situación, quizás sea más necesario que nunca que echemos mano de la vocación y, por encima de todo, que no nos asustemos, que crisis y profundos cambios los ha habido siempre, y aquí estamos.

 

 

Amarga condena

 20131104-232727.jpgVocación. Esa palabra. Esa condena.

En los tiempos que corren, hablar de trabajo, de la profesión, de aquello a lo que te dedicas o te gustaría dedicarte, es más que frecuente.

En mi caso, se me llena la boca cuando hablo de periodismo, de comunicación.

Creo que, salvó hasta los 4 ó 5 años que dije que quería ser “enfermera de bebés“, y de vez en cuando, cuando el profe de inglés me presionaba mucho, que me dio por decir que peluquera, siempre, desde que tengo uso de razón, he sabido que quería ser periodista.

El lado bueno, que cuando tengo la suerte de trabajar en lo mío soy la cangreja más feliz del mundo. De esas a las que casi habría que cobrar por trabajar (que nadie se lo tomé en serio, que es sólo un decir, que con o sin vocación una come y tiene hipoteca como todo “quisqui“).

Pero de la misma forma y con la misma intensidad, cuando no puedo ejercer, soy el ser más desdichado del mundo.

Aprovecha esta situación para reinventarte. Para hacer aquello que siempre quisiste...” ¡Y una leche! No necesito reinventarme. Soy lo que soy y eso no se cambia.

Pero mi vocación no es sólo profesional. De la misma forma y con el mismo convencimiento siempre, y aquí si que fue siempre (no hubo titubeos ni a los 4 ni a los 8 ni en ningún momento), supe que quería ser madre. Y lo soy. Y ahora sólo pido que me dejen ejercer mis dos pasiones, mis dos 50% con tranquilidad.

A lo mejor me falta dominio de idiomas o destreza o sangre fría o paciencia o qué se yo. Pero me sobra pasión. Y lo que tengo claro es que este es el ingrediente imprescindible para que algo salga bien.

Por eso, creo que es el momento de dejarse de excusas oportunistas y facilitar que cada uno pueda desarrollarse en lo que de verdad es. Sólo así, las cosas fluirán e irán sobre ruedas. Huyendo de una sociedad de frustrados que “tiene que” mientras sueñan con lo que les gustaría hacer. Y eso si es una verdadera estrategia económica: permitir que cada uno se pueda desarrollar en lo que de verdad le gusta. Sólo así habrá una menor inversión en tiempo y esfuerzo y un mejor resultado

¿O no?


Hoy es pre-viernes, es decir, jueves y, como se acerca el fin de semana, ya hay más de uno que empieza a tener esa sonrisilla Banco de sonrisasdescontrolada pensando en el “que será“.

En La inmortalidad del cangrejo sacamos la mejor sonrisa de nuestro Banco particular en el que, en este caso tenemos una muestra de esos pequeños gestos que se pondrían interpretar como el ““lado bueno de la crisis”” (doble dosis de comillas para esta afirmación, por favor), ya que, en los momentos duros como este, se aprende a valorar más lo que se tiene y es cuando surgen movimientos altruistas y desinteresados para ayudar a los demás. 

Eso sí, si esto era para que aprendiésemos una lección: ¡señores que dirigen el mundo, nos damos por enseñados. Por favor, hagan que las cosas vuelvan a su ser, que se está haciendo un poquito cuesta arriba!

Bueno, al grano. En el Banco de Sonrisas de hoy os voy a presentar una iniciativa modesta pero muy importante que es un ejemplo que me consta que se está haciendo en muchos otros sitios.

Os cuento, Forum Carballo es un Centro de Formación Ocupacional que cuenta con una Escuela de Cocina en la que enseñar un oficio a desempleados, con el fin de que puedan ampliar su horizonte laboral.

fogons_4Sí, esto no es un gesto solidario, es lo que hacen miles de academias y escuelas por todo el país. El hecho loable de esta escuela es que, la comida que preparan estos cocineros en ciernes, en vez de ponerse de venta al público, como pasa en muchas otras escuelas de hostelería (aunque sea a un módico precio), se entrega al Comedor de social de Cáritas de Carballo, para que puedan hacer frente a la gran demanda de ayuda que están teniendo en estos momentos. Porque aunque a muchos no les guste hacerse a la idea de ello, sí, en España hay mucha gente que, a día de hoy, pasa hambre. Aunque cuando decimos esta palabra lo que nos pueda venir a la cabeza sean los negritos de África.  

Y no os vayáis a pensar que lo que hace la Escuela de Hostelería del Forum de Carballo es darle de comer a los necesitados los ensayos de unos cuantos aprendices. Se trata de un menú completo, absolutamente equilibrado y realizado por los alumnos, bajo el asesoramiento y saber hacer de sus profesores. 

Tal y como contaba hoy una de las profesoras en RNE esta misma mañana, desde la escuela además, se intenta tener una deferencia especial con los más pequeños de la casa, ya sea con los postres o con algún otro detalle, para paliar el sufrimiento que supone una situación tan delicada como la que están pasando. 

Así que ¡Bienvenidos a este Banco de Sonrisas a profesores y alumnos de la Escuela de Cocina del Forum de Carballo!

¿Vacaciones?

Publicado: 31/07/2013 en Divagaciones
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Hoy, según mi plan de trabajo autoimpuesto en el blog, toca Divagación. De esas de irónicas, con las que tirar la piedra y poner cara de “yonofui”. Pero lo cierto es que no me sale. No estoy yo en ese momento.

El sábado comienzo las vacaciones¡yupí!

¿Yupi? ¿Y por qué no me siento impaciente? ¿Por qué no estoy contando los días?

Pues sencillamente, porque después de 19 meses a mí, lo que me pide el cuerpo es trabajar.

No es que no necesite desconectar. Descansar. Disfrutar con mi gente y mi añorado mar. ¡Qué nadie lo intérprete así, por Dios!

Es, sencillamente, uno de los daños colaterales del desempleo: ese injusto sentimiento de culpa que entra al disfrutar del tiempo libre.

Lo siento amigos cangrejos. Esta vez tocó un post un tanto amargo. Prometo compensar 😉

¡Felices vacaciones a todos!


Texto de Emprendimiento

Hace tiempo que tengo enquistada una palabreja y creo que hoy toca expulsarla de mí, que esta semana estoy de limpieza virtual y emocional y los psicólogos salen muy caros. Se trata de “emprendimiento”.

¡No me diréis que no hay palabra más de moda (sólo después de crisis y corrupción)! Pero es una palabra que, además de ser horrible, es una completa mentira.

¿Cómo se puede ser tan espabilado para mandarnos a todos a emprender? ¿Cuál es el motivo por el que, desde los organismos que velan por uno de los derechos constitucionales de los españoles, el trabajo, se finja premiar e incentivar el emprendimiento?

Es más ¿Qué es emprender? ¿Abrir un negocio, sea el que sea, por cuenta ajena? Pues eso ya lo hizo hace tiempo el panadero de mi barrio que va con su furgoneta vendiendo el pan de portal en portal o mi abuelo cuando en tiempos de la Guerra de África -ayer mismo, vaya-  se convirtió en el sastre del pueblo creando su propio negocio.

¡Que me digan a mí qué autónomo no es emprendedor! ¿Y a cuento de qué entonces tanto alboroto con el dichoso emprendimiento?

¿Qué es lo que pasa? ¿Qué en el sistema actual nos arrastran a trabajar cada vez más por cuenta propia? Pues escúchenme señores, si el empresario de toda la vida, el que abrió una tienda de muebles hace 20 años con toda la vocación y el cariño del mundo ha tenido que cerrarla ¿Por qué se anima ahora hasta al último mono a crear su propio negocio? ¿Qué posibilidades de éxito tiene? ¿Los conocimientos empresariales se generan por ciencia infusa o es que se presupone que los estudios de mercado son una inutilidad con la que nos engañaban hasta ahora? ¿Se presupone acaso que la formación empresarial necesaria para iniciar un negocio nos la han impartido en los ciclos de educación obligatoria?

Creo, sencillamente, que están intentando escurrir el bulto. Hacer que este gravísimo problema que hay en España, que es el desempleo, deje de ser su problema. Cuantos más autónomos, menos gente a la que se despide ¡Se despiden ellos solitos cuando cierran!

Por otra parte, creo que no es necesario ahondar en las grandes ventajas de las que gozan los autónomos cuando tienen que cerrar su proyecto emprendedor…

Muy señores míos, para empezar, la palabra emprendimiento no existe -aunque de tanto usarla la RAE, que también admite tacos, la incluirá en su próxima edición- y el hecho de emprender, es el empujón que le están dando a todo el mundo para que se tire a la piscina: el que sepa nadar muy bien, pero el que no sabe… ¡qué no se hubiese metido ¿no?!

Visita al INEM

Publicado: 14/05/2013 en Divagaciones
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Logo del INEMHoy me tocaba fichar en el INEM

No hablo de sellar, que gracias a Dios –sospecho que poco tiene que ver Él con esto, pero es una forma de hablar- ya se puede hacer por Internet, si no que tenía una cita con… creo que es una trabajadora social o algo así, que se supone que me ayuda a encontrar trabajo por pertenecer a un “colectivo especial”…

La verdad es que, al final, es una especie de terapia de grupo en la que ella espera que le cuente mis penas y aprovecha para contarme, igual no las suyas, pero sí lo que se ve desde ese puesto que tiene. Así que, encontrarme trabajo, evidentemente no me lo encuentra, no tiene súper poderes y tampoco anima mucho que digamos.

De hecho, yo, que empatizo con mucha facilidad, he terminado poniéndome en sus zapatos, aunque sospecho que el objetivo de la cita era que se pusiese ella en los míos…

Y es que, para alguien que tiene pinta de tomarse en serio su trabajo, debe ser muy frustrante citarse cada dos meses con cada persona para comprobar que todo sigue igual. Qué desde este lado no podemos hacer mucho y qué desde el suyo tampoco. Qué la pagan por mantener el tipo, porque es como un panadero al que no le proporcionan harina.

Y es que sospecho que lo mejor que le puede pasar es que alguien no vaya a verla un mes. Que falté a su cita. Y así soñar que es porque encontró un trabajo. Seguro que es lo que nos desea a todos cuando nos levantamos de su mesa, pero no lo verbaliza porque sabe lo improbable que es.

De hecho, en nuestra conversación, que bien podía haber estado acompañado de un té y unas pastas, no he querido preguntarle si eso ocurrió alguna vez. No he querido hacer leña del árbol caído.

Aunque ayudarme, no me ayudó nada -poco podia hacer- agradezco su comprensión y su tenacidad para recorrer una y otra vez los distintos portales de empleo para “mi colectivo”, comprobando una vez más si es que se nos habia pasado alguna oferta de trabajo… De sobra sabiamos las dos que no se le ha pasado nada, es que no había

Pero no quiero que este momento de divagación conjunta con la señorita de la Oficina de Empleo sea un post de autocompasión. Qué mirarnos el ombligo y lamernos las heridas -parece que estoy hablando de un piercing infectado o algo así- no sirve de mucho, por no decir de nada.

Esta divagación tiene dos objetivos. Explicar que, aunque esta mañana me apetecía cero ir hasta allí, no estoy por la labor de matar al mensajero -mensajera en este caso-, qué bastante tiene con lo suyo; y también quiero agradecerle públicamente que no me haya hablado de emprendimiento.

Esta palabreja tan de moda en el entorno del desempleo –es decir en España-, tendrá un post propio, pero hubiese cambiado totalmente mi percepción del puesto y la actitud de esta mujer, creedme.

En fin, que al cierre de esta reunión -que terminó cuando me llamaron del cole para decirme que la niña estaba mala, si no hubiésemos seguido horas dándole vueltas a la inmortalidad del cangrejo– yo he salido más triste de lo que entré por la amargura de su trabajo, en el que es muy poco probable que tenga un día bueno. Sospecho que, en teoría, yo era la que tenia la peor parte de las dos… Pero, al fin y al cabo: No hay mal que cien años dure. 😉


La inmortalidad del cangrejo es para mí una especie de experimento que une varias de mis inquietudes: escribir, expresarme libremente, no perder el hábito de trabajo, no perder el sentido del humor –que no siempre es fácil- y  compartir, conocer y aprender en el universo 2.0.

Por eso, cada semana voy organizando más el trabajo que aquí aparece. Variándolo. Añadiendo o reordenando nuevas secciones… Y hay una sección en concreto que, desde un principio, tenía ganas de poner en marcha. No es nada nuevo o al menos en la prensa convencional. Se trata de invitar a otro compañero a “divagar conmigo sobre algún tema en concreto”.

Como, en general, todos los que se acercan a La inmortalidad del Cangrejo son amigos virtuales -de los que no dudo su existencia, pero con los cuales, cuando menos, es difícil contactar en directo-, el escribir a cuatro manos se complicaba bastante, así que he creado esta sección “Divagando con…” en la que pretendo, el 1º martes de cada mes, contar con la participación de otro blogger que nos deleite con un post sobre un tema concreto, con su propio estilo y su propia visión sobre el mismo.

Creo que puede ser una forma interesante de ver distintas posturas sobre una misma cosa o, por lo menos, distintas formas de enfocarlo.

Además, me parece una plataforma estupenda para recomendar y dar a conocer a un blogger más allá de deciros que me gusta y que le sigo. Así veréis porqué.

Para esta primera ocasión cuento con el privilegio de “Divagar con… Benjamín Recacha, periodista, escritor y autor del estupendo blog La Recacha. Le he propuesto un tema que nos es común, un hashtag que a ningún periodista le sonará extraño y que, sin duda -y por desgracia-, se puede aplicar a más de una profesión #gratisnotrabajo

¡Damos por inaugurado el experimento con el texto de La Recacha y a continuación mi propia visión de los hechos! ¡Espero que os guste y si alguien se anima a compartir la siguiente divagación no tiene nada más que hacérmelo saber en lainmortalidadelcangrejo@gmail.com o  a través de @IkramBarcala! ¡Será un placer divagar y recibir propuestas sobre divagaciones!

Un beso cangrejil:

 ¡Muack!

Panel de corcho con post-it en elque dice #gratisnotrabajo

¡Perdón por cobrar un sueldo!

Avatar de Benjamín Recacha

Cuando mi amiga virtual Ikram, la cangreja más ingeniosa que he conocido en mi vida, me propuso escribir un artículo para su Divagando con… no me lo pensé ni dos segundos. En mi corta trayectoria bloguera es la primera vez que colaboro con otro blog, así que disculpad si parezco un poco nervioso…

“Gratis no trabajo”. Toda una declaración de intenciones. Lamentablemente, cada vez parece más difícil de cumplir. En determinadas profesiones llegará un momento en que resulte casi utópico.

Cuando estudiaba Periodismo, hace la friolera de dos décadas, se daba por hecho que la profesión se aprendía haciendo prácticas no remuneradas al margen de la facultad. Yo trabajé unos cuantos años, en diferentes medios, sin cobrar ni un duro (el euro debía ser entonces el sueño húmedo de algún sádico) o cobrando una miseria, hasta que un buen día encontré un empleo decentemente remunerado.

Hoy en día ni gratis te dejan trabajar en un periódico. El nivel de degradación de las condiciones laborales es tal, especialmente en una profesión tan desprestigiada, que llegaremos a un punto en que haya que pedir perdón por cobrar.

Gracias, PP (y antes PSOE) por esa(s) reforma(s) laboral(es) tan útil(es). Objetivo conseguido.

Un ejército de desempleados, desesperados y desesperanzados, aguardan cualquier migaja en forma de ocupación, por muy precaria que sea.

“¿Que gratis no trabajas? Pues sí que se ha vuelto exigente el señorito”.

En el sector de la comunicación si tienes una buena formación puedes optar a alguno de los puestos que de vez en cuando se ofertan, lanzarte a la aventura emprendedora y/o ir por libre como free-lance, echándole muchas horas y trabajándote buenos contactos, o puedes marcharte al extranjero, lo que será una decisión libre y exclusivamente voluntaria y, en cualquier caso, bajo ningún concepto significará emigrar, por supuesto que no…

Otra alternativa es reconvertirse o, directamente, cambiar de profesión. Todo lo relacionado con los llamados “medios sociales” está en auge, pero la demanda es igualmente muy superior a una oferta que a menudo tiende a abusar en los requisitos profesionales: “Se busca community manager con dominio de SEO, SEM, SEK, SER, SEX… Conocimientos avanzados en programación HTML, PHP, XML, NBA, ABC, BMW, FMI… Dominio de programas de diseño y maquetación, edición fotográfica y de vídeo, conocimientos de marketing, English bilingual (se valorarán idiomas adicionales). Valorable Master en biología molecular. Sueldo: 800 euros brutos”.

¿Cambiar de profesión, entonces? Qué remedio.

Explico mi caso. En diciembre de 2011 me dieron la patada. Desde entonces conservo un minijob en el sector de la docencia y estoy en búsqueda activa de empleo, pero, admitámoslo, las opciones de volver a trabajar como periodista/comunicador por cuenta ajena son ínfimas.

Mi alternativa ha sido ponerme a escribir, en un blog, sí, “cultivando” mi marca personal, pero también escribir literatura. En 2012 completé mi primera novela, ‘El viaje de Pau’, que espero poder publicar próximamente (cuña colada…), y ya estoy con la segunda. En el horizonte se atisba algún proyecto, aún muy incipiente, que ya veremos si acaba de asomar la cabeza.

Lo que quiero decir con esto es que no tengo confianza en las relaciones laborales tradicionales. Ya se han encargado las autoridades (in)competentes de que la pierda por completo.

La salida está en lo que cada uno sea capaz de crear y en hacerlo de forma que sea interesante para quien esté dispuesto a invertir su dinero. Es evidente que ello supone tener que trabajar gratis, por lo menos durante un tiempo, pero bueno, sabemos que lo estaremos haciendo por y para nosotros. Una buena formación, pues, se me antoja imprescindible para no estar condenado a engrosar las indecentemente crecientes filas del ejército de la República de la Desesperanza.

¡Qué no! ¡Qué #gratisnotrabajo!

Avatar de Ikram Barcala

Como ya os conté en Mujer florero, desde hace un tiempo –demasiado para mi gusto- no tengo un empleo remunerado.

Durante este periodo no he parado de estudiar para ampliar y mejorar mis horizontes y trabajar en buscar trabajo que, por desgracia, como muchos de vosotros sabréis de primera mano, es una ardua tarea.

Lo cierto es que ofertas de trabajo de verdad me he encontrado pocas. Muy pocas en las que invertir el entusiasmo del que tanto hablan en El Secreto y la famosa Ley de la atracción.

Pocas han sido las ocasiones en las que pensaba “Por Dios, que me llamen, que este trabajo está hecho para mí” y, sin embargo, muuuuuchas en las que he pensado:

–           ¿Pero cómo pueden tener tanta cara?

No sólo porque pidan el “oro y el moro”-voy a usar la expresión y ya en otra ocasión me paro a divagar sobre ella, porque la verdad es que su origen debe ser curioso- a cambio de un sueldo mísero. Es que, en muuuuchas ocasiones, tras contarte todo lo que esperan de mi y las bondades del negocio, se quedan tan pichi cuando concluyen su exposición con “pero de momento no voy a poder pagarte nada, porque la verdad es que no tengo presupuesto”.

–           ¿Perrrrrrrrrrrrrrrrrdonaaaaaaaaaaaa?

A ver, que una cosa es que mi vecina me pida que le recoja al niño del cole, que yo se lo hago de mil amores, y otra que me ofrezcan trabajo a cambio de nada: ¡Eso es voluntariado! ¡No, ni eso! Porqué el voluntariado suele tener detrás un fin no lucrativo, humanitario y que parte de tu voluntad, de tu interés. ¡Lo de estos es tener mucha jeta!

Pues no os penséis que me ha pasado ni una vez, ni dos. De hecho, en los famosos portales del empleo podéis encontrar varias ofertas por el estilo sin demasiado esfuerzo.

La última vez que me pasó fue hace unas semanas. Me llamó un tipo, muy agradable, con un gran proyecto que, desde luego lo veo complejo, pero que es muy interesante. Decía que me había localizado a través de LinkedIn -eso siempre da caché- y que mi perfil le encajaba de maravilla. ¡Casi me desmayo de ilusión! (en mi pueblo se dice que se me hizo el culo Pepsicola, pero es que queda muy vulgar).

Me contó su trayectoria profesional, su proyecto, algunos cambios que había hecho sobre el mismo, también me dejó claro que sabe que en cuanto me contactó miré su perfil en LinkedIn, la web del supuesto negocio (vamos, que me tenía controlada) y terminó exponiendo qué es lo que esperaba de mí.

Bueno no, ese no fue el final. El final fue cuando me dijo que ya sólo necesitaba que le contase que qué me parecía y ver de qué forma podíamos colaborar juntos ya que pagar, pagar, no me iba a poder pagar porque no tenía dinero ¿?

–          ¡¿y entonces?!

Le dí unas cuantas vueltas a ver si es que había alguna forma de colaboración en la que yo no cobrase pero que no saliese perdiendo claramente y la verdad es que aún no he encontrado ninguna respuesta.

Una amiga me comentó días después que su marido, también periodista desempleado (ya suena casi redundante periodista en paro), se va a embarcar en un proyecto con otro amigo, en el que, de momento, saben que no tendrán beneficios, pero que creen que será muy rentable. Y entonces pensé:

–          ¡Ah! Lo que me proponía este hombre entonces –majísimo por otra parte, insisto- es un negocio, no una oferta de trabajo…

Y le volvía a dar vueltas, tal y como me pidió. Pero lo cierto es que no le conozco de nada, no tengo ninguna garantía de lo que me propone y por más que lo pienso, lo que me pide es que trabaje gratis para él, porque “así por lo menos estoy en activo.

¡Ojo! Que más sangrante que ésta última frase es cuando un medio de renombre te propone que trabajes gratis para ellos porque así, al menos, puedes demostrar que estuviste en un gran medio, que eso siempre ayuda. ¡Pero tendrán morro! ¡Qué yo #gratisnotrabajo! ¡Dignifiquemos la profesión, por Dios!

 Y no es soberbia, que propuestas de colaboración no remunerada si le he hecho yo a amigos con sus emprendedores proyectos (entiéndase que me he ofrecido a hacerles yo algún trabajillo -esto sueña aún peor- para ayudarles a despegar).

Es que, tengo la mala costumbre de comer todos los días, pagar mi hipoteca -si, soy de esas que tiene hipoteca-, vestirme dignamente y pagar todo lo que adquiero.

Para otro día dejo el porqué un periodista entrega un trabajo y no lo cobra hasta que se publica -si se publica- y cualquier persona se compra unos pantalones y los paga aunque los tenga guardados en su armario muertos de risa –¿alguien vio a unos pantalones reírse?- tooooda la vida.

  ¡¡¡ O_O !!!


flores ¡Pues ya está! ¡Ya lo conseguí! Ya soy una mujer florero

Y es que hay que tener mucho cuidadito con lo que se desea, que como te descuides se cumple y ya la has liado. Y encima no te puedes quejar, porque es algo que tú querías.

No es la primera vez que me pasa. Hace apenas dos años y medio yo me creía muy graciosa cuando decía: “yo de mayor quiero ser Felipe”.

Felipe era un compañero mío, asesor de mi jefe, que no daba un palo al agua, pero que tenía un sueldazo… y siempre se quejaba de todo el trabajo que tenía pendiente. Mientras, nosotras estábamos hasta arriba de trabajo y terminábamos por hacer esa tarea que le habíamos solicitado a Felipe para poder seguir adelante con nuestro propio tapón laboral.

Pues en apenas de seis meses os juro que mi petición se hizo realidad. Me convertí en Felipe. Evidentemente no fue de forma literal pero casi: heredé su cargo, su mesa y su silla y hasta su número de teléfono. Sólo falló un detallito: el sueldo.

El resultado fueron meses de aburrimiento sin límite, porque una vez conseguido el objetivo comprobé que eso de estar todo el día mirándome el ombligo y para colmo igual de pobre que antes, pues no me gustaba nada.

Fueron sólo cuatro meses, pero créeme que me dio tiempo a leer los más de 600 correos tontos que tenía almacenados en Hotmail. Desde la cadena solidaria, hasta el chiste más malo del mundo, pasando por ese en el que te piden que reenvíes el correo en cuestión a “nosecuanta” gente para que no se te caiga el pelo en tres horas o el del niño que necesita que le donen un riñón -que espero que haya tenido suerte porque el mail tenía 16 meses de antigüedad-.

En esa época también hacíamos bromas con frecuencia sobre la ocurrencia que tuvieron las feministas de los 60 y 70 al incorporarse al mundo laboral y la supuesta liberación de la mujer que al final nos ha llevado a trabajar dentro y fuera de casa, con menos sueldo y aun menos reconocimiento.

En esos momentos solíamos decir que para eso, mucho mejor en casita tranquilas, con la mopa y mucho tiempo para ir al gimnasio, a los museos y desayunar tortitas con nata con las amigas.

Y “voilá” unos meses después ya soy mujer florero. Bueno, mujer florero y parada para ser más exactos. Y tal y como están las cosas creo que puedo ir mañana mismo a “los chinos” a buscar unas bonitas flores de plástico para ponérmelas en la cabeza, porque como las compre naturales, no me va a dar el subsidio del paro para mantener frescas ni unas margaritas. Bueno, ni para eso ni para los museos, las tortitas con nata, ni casi la mopa.

Así que, a partir de ahora me voy a tomar mi tiempo para meditar mi siguiente deseo y a estudiar porqué nunca funcionan con los temas relacionados con la lotería.