Posts etiquetados ‘Twitter’


Bien sabéis que no soy de meterme en saraos políticos ni discusiones. Que no me gustan las polémicas, pero es que estoy que exploto con el grado de deshumanización e imbecilidad de aquellos que tienen el poder de decidir por nosotros…

No voy a decir nada nuevo que no haya contado ya por Twitter pero ¿hasta cuándo el linchamiento de Teresa Romero?

400_F_51152455_4Mso8xUIsLwaSG5evSq51CiyFzdmnUohLos sanitarios, educadores, cuerpos de seguridad y tantos otros profesionales de este país, se dejan la piel día a día por cumplir una vocación, cuya esencia es ayudar, servir al prójimo, y cada vez con unas condiciones más infrahumanas.

Si ésta sanitaria se contagió, fue por estar atendiendo a una persona moribunda. Si fue un fallo suyo, suficientemente lo está pagando – y, desde luego, no es el momento de cuestionar su valía profesional-.

En cualquier caso, NADA justifica la humillación a la que la han intentado someter los “representantes” políticos.

Para mí, no cabe duda de que la repatriación de los dos misioneros era indispensable, y si no estábamos preparados, deberíamos haber tenido la humildad de pedir ayuda a los que sí lo están y así haber podido atender a los nuestros como se merecen. ¡Qué esos dos señores se han dejado la vida ayudando a los demás!

Si Teresa se contagió, salvo que tenga tendencias suicidas, fue por que no se dieron los medios (materiales, formativos, informativos…) necesarios. Pero además, no olvidemos que ella es la víctima. Que está recluida, en peligro de muerte y con el pesar de saber que puede ser la vía por la que muchos otros se puedan encontrar en su lugar. Entre ellos, su propio marido.

Y el perro… Defender el derecho a la vida de Excalibur no es despreciar ni minimizar el sufrimiento de los enfermos de ébola, ni en África, ni en ninguna parte del mundo. Su sacrificio ha sido un acto gratuito en el que no sólo se ha asesinado a un miembro de la familia de Teresa -el que tenga “mascota” lo entenderá-, si no que han desperdiciado una ocasión única para evolucionar en el conocimiento de ésta enfermedad.

Nada indicaba que el perro estuviese enfermo y en caso de estarlo y ser una amenaza sanitaria, siempre podría haberse aprovechado para conocer más sobre un tema que, sin duda, nos viene grande. Pero eso sería avanzar en materia científica y no es un tema que interese en este país.

En cualquier caso, sus dueños, su familia, tendría que haber tenido algún derecho a decidir, a despedirse…

Pero claro, si Teresa y su marido no tienen ni derecho a controlar su propia imagen, a que no ataquen su dignidad ni vulneren su intimidad... ¿Cómo van a tener derecho a despedirse de un chucho?

Suerte Teresa en tu enfermedad física y en ésta tortura sicológica a la que te están sometiendo los que deberían ayudarte.

Por cierto ¿de verdad tienen gracia todos esos chistes y falsas portadas que se están divulgando sobre este tema? Siempre dije que tenía un sentido del humor raro… Yo no veo la chispa por ninguna parte.


¡Qué levante la mano el que esté leyendo este post y no haya pensado en alguna ocasión que su vida 2.0 a veces tiene más dinamismo y protagonismo que su yo real!

Si no lo has pensado aún, a lo mejor estás a tiempo de tomar medidas antes de que esta reflexión se convierta en una realidad. Para mí ya es tarde…

Hoy, en la entrega mensual de Divagando con… tengo la suerte de tener como contraparte a David Gómez, un auténtico experto en Redes Sociales y el entorno 2.0, para hablar precisamente sobre esto: cómo el “yo 2.0” se está comiendo con patatas al “yo real” en un nuevo marco de relaciones sociales del que es difícil escapar.

la foto

¿Me pasas el pan?

David Gómez

Hace algunos, mas bien muchos, años leí en un Reader Digest la historia de una mujer, profesional de alto nivel y acostumbrada a mantener una intensa vida social, que debido a su primer embarazo decidió apartarse un tiempo y dedicar un par de años a estar con su hijo.

Durante aquél tiempo su vida social se redujo a cero. Ni fiestas, ni cenas, nada, pero después de tres años decidió que quería volver a retomar su vida social, aunque estaba temerosa de haber perdido la práctica.

Llegó el día del reestreno, era una cena formal y allí estaba ella, sencillamente radiante y dispuesta a volver a ser el centro de la reunión. Comenzó la cena con el cóctel y los entremeses y comenzaron las primeras conversaciones, todo parecía ir bien. Primer plato, y cada vez se sentía más cómoda y relajada y atraía más y más conversaciones.

Pero el clímax llegó con el segundo plato. Ella hablaba animadamente y toda la mesa la escuchaba con asombro. Ella estaba extasiada y disfrutando del momento, hasta que se dio cuenta del por qué: mientras hablaba le estaba cortando la carne a su vecino de mesa como solía hacer con su hijo.  Verdaderamente hacía mucho tiempo que no salía.

Pues bien, durante los últimos meses he estado muy centrado en lanzar mis perfiles profesionales contactando y estableciendo nuevas relaciones a través de las redes sociales en la web, pero hace unos días me ocurrió algo singular. Estuve en la presentación de una asociación dedicada a promover las startups tecnológicas y todo era un extraño déjà vu. Por un lado conocía a muchos de los presentes pero solo de cara, esta era la primera vez que veía el resto del cuerpo. Había cruzado muchas palabras con ellos, pero no conocía sus voces. Nos conocíamos de antes, pero ¿de Twitter o de LinkedIn?

Hace apenas 10 años que se crearon las redes sociales en internet y ya tenemos más “amigos” en ellas que en nuestro mundo físico. Es cierto, las redes sociales nos están permitiendo ampliar nuestro universo personal, pero hay algo que les falta y de lo que no debemos privarnos: el contacto personal.

La posibilidad de dar un apretón de manos o, mejor aún, de dar un abrazo o una palmada en la espalda, de cruzar una mirada de complicidad o una sonrisa o, por qué no, una buena “bronca”, es algo de lo que no podemos prescindir.

Así que, seguiré cuidando y haciendo crecer mi red de contactos, pero creo que debo volver a recuperar mi mundo “desvirtualizado”, no sea que acabe enviándole un DM a mi vecino de mesa para pedirle que me pase el pan.

“Hola, soy Ikram y soy adicta a las Redes Sociales”

PerfilLo primero en llegar a mi vida fue Facebook. Era maravilloso poder estar al tanto de lo que le pasaba cada día a familia que tengo al otro lado del charco, recobrar el contacto con amigos que nunca debí perder de vista o saber cómo crecían los hijos de esas personas que siento tan cerca, pero que viven tan lejos.

Luego fue LinkedIn. Las cosas en el trabajo se empezaba a poner mal, así que había que comenzar a moverse. Esta Red parecía la solución a todos mis males. 

A continuación (tras un intento fallido), Twitter. Durante años, una de mis obligaciones laborales era estar al tanto de los teletipos de las principales agencias de noticias y, esta rutina, me dejó ya con hambre de espontáneos títulares de información.

Luego vino algún tonteo con otras redes que uso, pero que no suponen una relación estable en mi vida… y por fin, el blog.

Así, lenta pero afianzando el terreno, el espíritu 2.0 fue apoderándose de mí vida y sí, lo reconozco:

Hola soy Ikram y soy adicta a las Redes Sociales.

Mi vida virtual es bastante más aventurera que la real. Mi vida social tiene lugar con mucha frecuencia al otro lado de una pantalla. Es más, no creo que pudiese sobrevivir un día entero sin conexión a Internet.

En estas situaciones siento una especie de claustrofobia, que seguro que alguien ya ha bautizado, y que hace que mi capaciadad respiratoria disminuya según lo hace la cobertura del móvil

Vale, sí, igual es un poco exagerado, pero es cierto que, a día de hoy, mi relación con Internet es más que cordial. Y, para ser honestos, no tengo muy claro que sea algo malo. Desde luego, no me siento culpable.

En mi situación actual (desempleada y afincada en una zona residencial con una actividad más que limitada durante el horario comercial -luego es peor todavía-), creo que ha sido para mí una auténtica vía de escape.

Es verdad que constantemente relaciono lo que me pasa en la vida real con un posible post; o que hago fotos a cosas -que muchos considerarán estupideces- pensando en contar con imágenes para mi Almanaque en positivo, o para mi albún de iPhotos. Pero como soy muy muy sociable, creo que tengo cuerda para el mundo real, el virtual y para una tercera dimensión.

Ahora sí, voy a practicar el “propósito de enmienda” para eliminar uno de mis tics más reprochables en este asunto. Es un gesto que es muuuuuy feo y que además es síntoma de esta adicción. Sin duda es una falta de respeto que creo que incomoda bastante a nuestros contertulios: consultar o utilizar el móvil para mandar mensajes o WhatsApp mientras estoy manteniendo una conversación real con otra persona. Ahí es cuando si noto que el yo 2.0 empieza a comerse mi mundo real.  

¿Y tú? ¿En qué dimensión te encuentras?

¿Has notado ya algún síntoma?


El título no es muy original. De hecho, se lo he tomado prestado a la maravillosa película de Isabel Coixet que a todos os recomiendo (aunque me imagino que la mayoría ya la habéis visto, pero no está de más verla de nuevo, eso sí, con una caja de clínex al lado).

no toiSin embargo, no pretendo robaros un poquito de vuestro tiempo para contaros cómo imagino mi vida una vez que yo no esté (me dan yuyu esas cosas), ni para confesar que tengo una enfermedad incurable y estoy en las últimas (todo el mundo a tocar madera se ha dicho ¡todos!) o hacer un testamento vital (eso sí debería hacerlo, aunque creo que este no es el lugar adecuado) si no para confesaros que yo, no soy yo

No hablo ahora de mi desdoble de personalidad entre la vida en horizontal y la vertical (dormida y despierta, que nadie afloje su imaginación más de la cuenta), si no que yo no soy realmente un cangrejo (lo sospechabais ¿eh? chic@ list@!  A ver quién se cree que un cangrejo pueda darle al teclado con esas pinzas tan toscas que tienen) Pero hay más, no me llamo Ikram (total, seguro que el 90% de vosotros aún os estáis preguntando qué c… de nombre es ese y el 98% no habéis conseguido ni memorizarlo -No dudo de vuestra inteligencia, si no del acierto de mi existencia-).

El caso es que soy un ser enteramente virtual. Sí, como lo lees. Que cuando apagas el ordenador o sales de esta página, dejo de existir. Y soy real, en la medida en la que me lees o que me escriben o me recuerdan…  Bueno, siempre que a ninguno de vosotros os de por imprimirse mi foto y ponerme cual póster de Samantha Fox de cuerpo entero en la habitación o en una carpeta.

Menos risas, que en mi caso sería más fácil. Lo primero porque de cuerpo entero abulto poco y podéis hacerlo desde una impresora cualquiera. Y lo segundo, porque es incluso más fácil encontrar una foto mía desnuda que del mito erótico de los 80… Los cangrejos no solemos gastarnos demasiado en trapitos y de hecho, creo que no tengo ninguna foto vestida.

¡Vale! Soy consciente de que los cangrejos no somos muy eróticos… Eso se lo dejamos a otros habitantes marinos… (sí, los percebes,  las ostras y las chirrrrrrrrlas, qué parece que hoy andas un poco espes@).

Pues como os iba diciendo, sólo existo en la medida en la que esté en el ordenador y la mente de cualquiera de vosotros y los Srs. de Jazztel (lo de señores en estos momentos es un eufemismo, porque estoy más cabreada que una mona –desconozco si es cierto que las monas se cabrean mucho) me han dejado sin conexión a Internet desde el viernes pasado… (Lo que me lleva a confesar que los post del sábado, domingo y lunes estaban programados y que éste que escribo ahora y que es el correspondiente al martes, no sé cuándo podré colgarlo…).

Y la inaccesibilidad al blog va ligada también al correo electrónico, a Twitter (venga, aprovecho para recordaros mi cuenta (@IkramBarcala) y en definitiva a todo mi yo. Vamos, qué vivo sin vivir en mí. Qué veo como transcurre mi vida sin existir hasta que a estos Srs. (continua el eufemismo) de Jazztel les dé por devolver la conexión a mi humilde morada.

Pero claro, no puedo explicarles la gravedad del asunto. Primero porque sin conexión no existo; y segundo, porque no me iban a tomar en serio

Muchos verán en este caso una sesión de cura a mi adicción a las redes sociales, que yo ya he confesado de antemano que padezco. Pues me parece genial… ¡para quien se quiera curar! Yo es que estoy tan pichi con mi cuerpo de cangrejo viniendo aquí de vez en cuando a echarme unas risas con vosotros y viendo que me contáis, así que, como no le veo el lado malo a esto, pues no sé por qué voy a tener que dejarlo.

Así que no. Qué no me curen. Qué paso ¡y qué me devuelvan mi conexión! Qué si eso, cuando me dé por ahí, ya haré yo por irme a alguna cala con mala cobertura y punto. Mientras tanto ¡Por favor, déjenme existir!

¿Recogemos firmas para que me devuelvan la conexión?

 

¡Besos a todos! Y… si alguien lee esto, estoy significará que vuelvo a estar viva (juraría que este tipo de testimonio en las pelis suele ser al revés: “si lees es esto significará que los peores presagios se han cumplido”, y cosas así ¿no?

Pues eso

¡MuacK!

¡Hasta que Jazztel quiera!

PD: Si a alguien le da por hacer lo de la foto de cuerpo entero, que me lo diga y se la envío con dedicatoria 😉

 


Pues ya llegó el primer martes del mes, pero no de un mes cualquiera, sino de ¡¡¡Julio!!! y como está mandado en este blog, toca una divagación “a pachas”.

Como es el mes de los “tiempos libres”, las vacaciones, los viajes y esas cosas, me he buscado un compañero de divagaciones de lo más oportuno: Lorenzo Pardo, un manchego (sí, como Almodóvar y Sara Montiel) muy exótico, que se ha ido a vivir a Libia y, desde allí, nos deleita con un blog muy peculiar y divertido que, además de hacernos pasar un buen rato, nos sumerge en una cultura absolutamente diferente.

Para los que no conozcáis su Crónica Libiana -ya os vale, os estáis perdiendo un blog de los buenos- os confieso que es uno de los que tengo de cabecera.

Lo conocí hace muy poquito, pero desde entonces, todos los días alcahueteo un rato por él para ver si tiene algo nuevo -y eso que los electroduendes no me dejan casi nunca poner comentarios a sus post ¡con lo que a mí me gusta darle al palique, aunque sea por escrito!-.

Para que sepáis de lo que os hablo, aquí os dejo esta pequeña/gran colaboración como muestra. El tema: El tiempo libre ¿Qué más oportuno para el mes de Julio?

¡¡¡Gracias Lorenzo por unirte a mis divagaciones!!!

Y al resto: gracias por seguir ahí y nos vemos tras la divagación de Lorenzo con mi versión de los hechos 😉

Tiempo libre

¡Oh, no, tiempo libre!

Avatar de Lorenzo PardoLo que menos me podía imaginar cuando me vine a vivir a Libia, es que acabaría haciéndome amigo cibernético de Ikram Barcala, el único cangrejo español que ha logrado unir a toda una comunidad de vecinos en la búsqueda de una lentilla. Sin embargo, así ha sido, y si me alegro de ello, más me alegro de que hoy vayamos a divagar a cuatro manos.

El libio medio tiene muchísimo tiempo libre. Dado que las necesidades básicas llevan décadas siendo subvencionadas por el estado, y que los petrodólares atraen mucha mano de obra barata desde Túnez, Egipto o el Chad, los nativos pueden permitirse el lujo de trabajar poco, haciéndolo básicamente en lo que les gusta y cuando les apetece.

Esta situación, que a muchos nos parecería algo de ensueño, se convierte paradójicamente en una especie de tortura, ya que en Libia, por decirlo de alguna manera, hay poco que hacer. Seguramente sea este el país con menos oferta de ocio en todo el Mediterráneo, y la población, a medio camino entre una sociedad ancestral basada en las historias de los abuelos, y una sociedad rabiosamente actual guiada por el internet, lleva bastante mal un sentimiento que los libios denominan ksaad: el aburrimiento.

Gran parte del tiempo libre se dedica al monitor, consumiendo la tele y el ordenador muchas horas del día a día libio: triunfan los culebrones latinos, nadie se pierde Arab Idol, Facebook o Twitter la petan… en fin, nada que no conozcamos en España.

El problema viene cuando se quiere hacer algo fuera de casa. De cines y teatros, mejor ni hablamos, y la música en directo es un concepto tan, tan desconocido, que a menudo ni siquiera mis alumnos angloparlantes entienden la palabra Konzert, y les tengo que explicar lo que es como a niños. Muchos suelen mirarme con cara de tortuga, más aún si añado que es algo muy divertido.

No obstante, en España sabemos por experiencia que cines, teatros o conciertos tampoco son las ofertas de ocio más apreciadas por el gran público; el rey del ocio, al menos para nosotros, es sin duda el bar.

Pues bien, si queréis hundir en la miseria a gente como Javier Urrutia (no hay como el calor del amor en el bar), Daniel Higiénico (si no fuera por el bar nadie podría recoger el placer de soñar) o Joaquín Sabina (esa hora maldita en que los bares a punto están de cerrar), mandadlos a vivir a Trípoli.

Bien es cierto que aquí abundan las teterías y los fumaderos de narguile (más conocida aquí como shisha), y que además suelen llenarse; sin embargo, la juventud libia pide otra cosa, o más concretamente, la juventud libia pide alcohol.

En este país, no es solo que el alcohol esté prohibido por la religión, sino que está prohibido por ley. Sin embargo, poca gente hay que nunca lo haya probado, y muchos lo consumen regularmente. ¿Que cómo lo consiguen? Mediante un floreciente mercado negro que ofrece licores caseros, así como vodka o whisky de contrabando. El jueves noche es normal ver coches llenos de gente, aparcados en algún rincón pobremente iluminado, sus ocupantes dándole a la botella y/o a otras cosas.

¿Cómo beben los libios? Muchos siguen una norma no escrita: no puede sobrar nada. Si tenemos una botella, nos la bebemos hoy, si tenemos doce, también. La concepción general es que hay que aprovechar el momento, ya que el alcohol aquí es carísimo (una botella cuesta cerca de sesenta euros), y no siempre se puede conseguir. Además, se da un componente religioso: puestos a pecar, peco del todo, que para una copilla no me juego el paraíso (esto último explicado por libios, no es simplemente mi percepción del asunto).

Un entretenimiento al que, quien más quien menos, toda la juventud libia (y parte de la senectud) se entrega con fruición, es dar vueltas en coche. Aprovechando que la gasolina es prácticamente gratis, los amigos (o las amigas) se suben al auto con sus mejores galas, ponen la música a tope, y se dedican a pasear calle arriba, calle abajo, principalmente por las avenidas comerciales de Qarqaresh y Benaashur.

Qué placer encuentran a pasar cuatro horas encerrados en un coche, tragando humo de escape en un atasco eterno e inmutable, es algo que todavía se me escapa, pero lo disfrutan muchísimo. Al fin y al cabo, es la manera de ver y de ser visto, de encontrarse con los conocidos (a los que saludaremos de coche a coche, empeorando así el atasco), de lucir palmito y de, por lo menos, salir de casa.

Para terminar, el ocio veraniego: la playa. Los libios aman, adoran, se extasían con el mar, y aunque esta afición pueda parecer menos pintoresca, es un espectáculo ver cómo llenan la arena, equipados con sombrillas, tumbonas, fresqueras, alfombras, televisores y, en ocasiones, corderos vivos con los que harán después una barbacoa.

En fin, que si queréis venir a Libia, hacedlo, ya que es un país muy interesante, lleno además de gente estupenda; sin embargo, en caso de que andéis buscando un fiestón a lo ibicenco, donde la vorágine de placer y descontrol os haga tener que recordar el viaje más por las fotografías que por vuestros borrosos recuerdos… pensáoslo dos veces.

Tiempo libre ¿libre?

Avatar de Ikram BarcalaLo de divagar sobre el tiempo libre tiene su guasa ya que, cuanto más lo pienso más convencida estoy de que es algo así como un ser mítico, del que hablan las leyendas; o tal vez prehistórico, que sí existió, pero que se ha extinguido; o como las luciérnagas -ya conocéis mi teoría de que es algo que soñé de niña, pero que realmente no existe-)…

El caso es que, he llegado a la conclusión de que, en el supuesto de que sea algo real, sólo sucede antes de los 30. Luego, llegas a una especie de menopausia del ocio y poco a poco desaparece o se enajena y pasa a ser algo que no te pertenece.

Pero es muy recurrente eso de preguntar ¿y a ti que te gusta hacer en tu tiempo libre?

¡Me parto con la pregunta! ¿Por qué no nos preguntan de paso que haríamos si nos tocasen 100 millones de euros? Puestos a soñar…

El caso es que, en ese momento, a todos se nos ocurren cientodiezmil cosas -y a cada cual más topicazo-: leer, pasear (o más bien deambular, que es como divagar pero con el cuerpo), montar en bici, nadar, quedar con los amigos, oír música, ir al cine o al teatro

Sí, esa es mi respuesta, lo habéis adivinado. Y no es que mienta, es que al final, leo un poquito todos los días antes de dormirme y es casi ya un ritual antes de bajar mi persiana ocular, pero es tan poco lo que me da tiempo a leer, que casi me da vergüenza decir que lo hago ¡Con la de libros que yo devoraba!

Lo de pasear es de coña ¿Caminar por caminar? De verdad que me encanta, pero si saco un minuto y ese caminar no se convierte en “ir a”, lo hago a toda pastilla para tonificar glúteos y quemar calorías. No hay tiempo para hacer las dos cosas por separado: pasear relajada y hacer ejercicio.

¿Montar en bici? Sí, esto si que lo hago siempre que puedo. Me escapo con mi bici -ya os la presenté- y me desahogo de todas mis tensiones (mis calorías, mi cansancio ocular de tanto ordenador, la atrofia muscular de la vida de hoy en día…), pero cuando encuentro un momento para ello, voy tan pillada de tiempo que casi también parece una obligación más que un momento de ocio, y más cuando todo el mundo te dice (porque te conoce y te quiere, lo sé): “tienes que salir más con la bici” ó “mujer, pues oblígate a ello, que luego lo agradeces”…

Pues, será una percepción mía, pero creo que el “tienes que” y la palabra “ocio” están como reñidas ¿no? Y es que además, ni si quiera lo hago en “tiempo libre“, si no en un huequillo que le he robado al momento maruja (¡cómo tengo que esforzarme yo para no robarle más momentos a ese papel, madre mía!) o a algo por el estilo.

De nadar, quedar con los amigos, hacer senderismo y demás, ni hablamos. Por supuesto que voy al campo a relajarme, claro que sí. ¡A relajarme y a cansar a mis renacuajos, a ver si se acuestan por una vez temprano y saco un minuto para depilarme siquiera!

La moraleja de todo esto es que, el “tiempo libre“, a medida que pasan los años, es algo más inexistente. Primero porque cada vez tienes más obligaciones; y segundo, porque cada vez tienes más aficiones. Así que, se convierte en una regla de tres inversamente proporcional que es muy difícil de cuadrar.

Por eso, no puedo por menos que quedarme perpleja cuando oigo a mi hija decir “me aburro” ¡y pensar que yo también lo decía cuando tenía su edad! ¡Qué inconsciente! ¡Con la de cosas que hay que hacer y el poco tiempo que tenemos para ellas!

Pero que no encuentre por ningún lado al dichoso “tiempo libre” no significa ni mucho menos que no haga cosas que me gustan ¡Bonita existencia tendría entonces! ¡Y encima con mi riesgo añadido de ser inmortal!

Claaaaro que las hago. Pero es cierto que para ello tengo que robarle pequeños instantes a otros “quehaceres“. Por cierto, voy a robarle otro ratito al sueño para repasar y terminar de editar este post que, aunque me leáis por la mañana (o cuando mejor os cuadre), lo voy a dejar preparado desde la noche anterior, que mañana tengo un día muy complicado, sin tiempo para nada ;).

Muack!


Dibujo de un reloj de arenaCon la resaca (ficticia) aún de la Noche de San Juan, que un año más ha pasado por mi vida con ese pesar de “el año que viene lo celebro como Dios manda” (aún que a todas luces es una celebración pagaba donde las haya y Dios ahí manda poco), hoy me dio por expiar viejos lastres.

Empecé por limpiar mi buzón de correo que acumulaba más de un millar (pues aunque parezca mentira, esta vez no exagero) de viejos correos que, si bien no hacían mal a nadie, tampoco tenía sentido que siguiesen engordando mi bandeja de entrada.

Después fue mi lista de seguidos en Twitter.

Cuando acabé de limpiar mi mundo virtual llegó el momento de ponerme con el real y la tomé con la lista de llamadas pendientes, la habitación del peque, los “porsis” inútiles del bolso ¡hasta el chocolate de la nevera! (no lo tiré, no os hagáis ilusiones ¡con la cantidad de gente que pasa hambre en el mundo! como diría mi madre).

Me dio por librarme de todos los “trastos viejos” que acumulaba en mi lista de “tengoque” y los entregué al fuego de la hiperactividad.

Lo malo es que, una vez que pasas de los treinta, los días sólo tienen 10 horas reales frente a las 24 que marca el reloj y, por mucho que me dé el tabardillo y no pare ni un segundo para intentar quitarme de en medio tanta tarea pendiente, sus manillas siempre me ganan la partida.

Por eso, aunque intenté quemar los trastos reales e inventados en una virtual hoguera de San Juan, la realidad parecía un ninot burlón que observaba como el tiempo se escurría bajo mis pies mientras me colaba por el cuello de un imaginario reloj de arena.

Ok, siempre habrá más “tareas pendientes” que tiempo para realizarlas así que, mi propósito es iniciar el Solsticio de verano rindiéndome a esta evidencia y así evitar morir estrangulada por su presión.

Namaste.

Mente en modo Pause.

En cada instante sólo hay tiempo para pensar en lo que haces en ese momento. Cuando lo termines, ya llegará el paso siguiente.

¡Feliz verano a todos!


Post -it en el que dice:por fin es viernes. SmileHoy es viernes, así que todo el mundo debería estar más contentó que unas pascuas.

Conectas Twitter y el mensaje más leído es

-“¡¡¡¡Por fin es viernes!!!!”

Así, con muchas exclamaciones. Como de estar muy muy contento.

Yo no he conocido a nadie que no le gusten los viernes. Y si lo hay -que de todo hay en la viña del Señor-, seguro que la presión social le impide confesarlo. A ver quien es el guapo que dice :

– “No, a mi lo que me ponen son los lunes, con su vuelta a la rutina y su madrugón”.

Pues bien, a mí, por lo general, me fastidia cuando las cosas te tienen que gustar por narices. Porque a todo el mundo le gusta.

Por ejemplo, en Navidad hago un gran esfuerzo, pero la verdad es que hasta que llegaron los niños me ponían más bien nostálgica. Ahora creo que sobreactúo tanto que término por creérmelo… No, no es cierto. Es que les veo tan entusiasmados que me lo contagian.

Los cumples… Fantásticos todos… menos el mío. No por hacerme vieja, que eso se nota día a día. No es algo que pase de golpe -aunque el comentario más frecuente, y estúpido, es “¿y qué, cómo te sientes con XX?”-. Es que nunca me gustó demasiado.

Se supone que todo el mundo te llama y te felicita. Y tienes una marcha loca y una fiesta que es la pera… Pues bien, soy de principios de agosto y le pilla a todo el mundo preocupado por dónde colocar la sombrilla y con el propósito de olvidarse de relojes y calendarios ¡Y vaya si lo consiguen! ¡Hasta mi madre, que nunca va a la playa ni pone sombrilla!

Ya llevo en mis espaldas el trauma de no poder llevar nunca caramelos a clase. Eso, que tu que eres de octubre o abril no entiendes, me ha dejado marcada de por vida. Estaba esperando a tener hijos para que llevasen los caramelos más ricos del mundo y ahora resulta que eso ya ni se estila (molan más las piscinas de bolas y los hinchables) y encima está prohibido en los coles…. Y ahí sigo yo, con mi trauma sin cicatrizar y sin resarcirme.

Volviendo a los viernes. A mí personalmente, no es que me disgusten, pero no es mi día preferido. No entiendo tanto alboroto.

Para empezar, hay que madrugar igual que el resto de la semana. Los niños y el Sr. Aludido -y yo, claro- acarrean el cansancio de toda la semana con lo cual, están a la que saltan o no pueden con su alma.

Es el día que intentas dejar todo hecho (que dicho sea de paso es imposible) así que, te das una paliza para intentar luego disfrutar del fin de semana y te acuestas molido y con cierta frustración porque obviamente no lo has conseguido…

El súper esta llenó, porque todo el mundo hace lo mismo.

El parking del cole esta lleno porque ese día va papi, mami y si pegan los abuelos a por los niños, pero eso si, cada uno con su coche.

Las carreteras están llenas porque todo el mundo escapa para aprovechar el fin de semana.

¡Hasta el cesto de la ropa está lleno con todo lo que hay pendiente de lavar de esa semana!

Pues nada, que muy bien. ¡Qué feliz viernes a todos, que yo me quedo con los sábados, que por lo menos puedo remolonear en la cama, no hay cole y como el viernes parece que todo quedó solucionado -mentira cochina-, tengo todo el día para disfrutar!

Muack!


El primer martes de mayo estrené sección (Divagando con…) y experimento con mi amigo virtual (también conocido como virutal) Benjamin Recacha. La verdad es que para mí la experiencia fue absolutamente positiva.

En primer lugar, tuve el honor de contar con uno de sus inteligentísimos textos en mi blog.

La propuesta era que ambos creásemos un post con sobre el hashtag #gratisnotrabajo. Cada uno con su estilo, su experiencia y su opinión.

Se trataba de ofreceros dos opciones sobre un mismo tema. Él además tuvo la amabilidad de publicar ambos post también en su blog, con lo que hicimos una especie de intercambio de seguidores: yo os presenté a Benjamín (por si alguno no le conocíais) y él a su vez, me presentó a sus lectores. Ya os digo, una experiencia de lo más positiva.

Para esta segunda entrega de Divagando con… (la idea es que se repetir la experiencia el primer martes de cada mes), mi “invitada” es una persona muy muy especial para mí @LaReinaBruja, autora del blog con el mismo nombre.

Es una mami bloggera y muy tuitera, a la que tampoco conozco en persona, pero que siempre me ha aportado mucho en este mundo virtual que es Twitterland.

La Reina Bruja en su blog nos cuenta las “Aventuras y desventuras de una bruja y sus brujitas” y por eso, el tema que la he propuesto para divagar no es el de ser madres, sino “Remadre”. Porque si la maternidad (paternidad) es magia y caos con un hijo, cuando llegan más…)

Si estuviésemos sobre un escenario os pediría un gran aplauso para ella, pero como es un blog os recomiendo que no os perdáis ni una coma de su post. 😉

¡Mucak!

Tablero de la sección

La Reina Bruja

Avatar La Reina Bruja

Cuando la querida cangrejita me pidió escribir para su blog le dije que sí sin dudarlo. Lo que no contaba es con mi falta de tiempo y me veo escribiendo como todo lo que hago normalmente: a última hora, deprisa y corriendo. Y esto no es culpa de la maternidad, es que he sido así de desastrosa desde que tengo uso de razón.

Soy hija única, encima pertenezco a una familia enorme la cual tengo a 1000 km de distancia, con lo que desde bien pequeña decidí que cuando fuera mayor yo no quería tener sólo un hijo. Es más, siempre decía que 2 seguro y, si se podía, 3. 

Así que cuando me quedé embarazada de la primera y aún siendo un embarazo pesado por las náuseas, porque me salió diabetes gestacional y eso de pincharse el dedito tres veces al día era un rollo, a pesar de la cesárea……. yo tenía claro que no sería mi único embarazo. 

Pero cuando embarazada por segunda vez, ilusionada con la primera eco, salta la sorpresa….. “Ven, que primero te digo cuántos llevas”… entonces sí tuve claro que era mi último embarazo. Eso, aparte del vuelco que dio nuestra vida el día que volví a casa con dos enanas en los brazos.

Siempre he dicho que si te tienen que venir dos, casi mejor de segundos ya que ser primeriza de dos tiene que ser muy estresante. Confieso que he tenido mucha suerte. Las minis duermen solas desde que nacieron. No tenían ni dos meses cuando dormían casi 12 horas con dos mini pausas para comer en las cuales casi no abríamos los ojos para no desvelarnos!

Eso sí, la logística era complicadísima. Primero con el cochecito genelar en tren con los capazos, que impedían poner un patinete para que se subiera la mayor. Por lo que, la pobre, si íbamos solas, tenía que ir caminando con solos 2 años y medio. Si le sumas, chupetes, biberones, baberos, recambios, pañales, etc, etc….. para 3, os podéis imaginar el bolso con el que salíamos de casa. 

Pero lo que peor llevé fueron los celos de la mayor. Destronada de golpe por dos. La pobre pasó de ser el centro de atención a quedar un pelín desplazada. Por mucho que se intenta no cambiar ciertas rutinas, por mucho que quieras mantener un grado de atención, lo cierto es que no das para más y la pobre lo nota. Al principio del todo fue medianamente bien, pero al llegar las vacaciones escolares y quedarnos las cuatro en casa, fue un verano bastante duro. 

Pero ya pasó. Las mellizas tienen hoy día 4 años. La mayor 6 años y medio (importante el medio!!!). Y a día de hoy sigo mirándolas de vez en cuando y pienso si es verdad que son las tres mías. Pasar de uno a dos es duro, pero sentir seis brazos alrededor tuyo, abrazándote, y diciendo “mami t’estimo molt (mami te quiero mucho)”… no tiene precio.

 

Reincidente… y orgullosa de serlo 🙂

Avatar de Ikram Barcala

¡Qué de dos veces al botón # el que no haya oído nunca eso de que un hijo da guerra por uno, pero que cuando son dos, la historia se multiplica por tres!

Y te lo dicen.

Y lo oyes.

Y lo intentas asimilar…

Y cuando lo vives, ni te lo crees.

Pero no tengo ninguna intención de hacer un post quejándome de la cantidad de trabajo que dan los niños y lo caótica que es la vida cuando amplias la familia. Esto ya lo hago todos los días con mi chico, mis vecis y siempre que toca ¡Qué ni de súper mami, ni quejica lastimosa!

Lo que sí tengo claro -y creo que es lo más importante de mi experiencia como madre– es todo lo que me aportan estos dos bichillos. Y que, si bien es cierto que mi vida es muuuuucho más complicada ahora para sincronizar intereses y necesidades (especialmente en mi caso que entre los hermanos hay una diferencia de edad de 6 años), también lo es que cuento con la ayuda de la hermana mayor, la experiencia de haberla tenido y no ser primeriza -que me curte para lo que me venga con el pequeñajo- y el sosiego que la edad te da para hacer frente cada instante. Con sus cosas buenas y sus cosas malas.

Por un lado esa edad (a ver, que no soy tan vieja, pero si 6 años mayor que cuando pasé por esto con la niña) hace que no te apetezca demasiado correr detrás del pitufo por el parque. Que los riñones duelan más cuando le estás enseñando a montar en bici… Pero también hace que sepas que igual no es necesario que le sujetes en todo momento en el parque. Que si te ve firme y confiada a ti, más firme y confiado estará él dando pedales… Lo uno por lo otro.

La idea de escribir este post -o al menos, mi inicio de reflexión sobre el tema- fue hace bastante tiempo. Casi un año, diría yo. Cuando en una de esas maravillosas visitas al INEM la ¿asistente social? (desconozco en que están formados estos trabajadores, la verdad) repasó mi currículo conmigo y después de hacerme unas preguntas me dijo:

–          ¡¿Pero tú qué quieres?! No sólo eres madre, sino reincidente.

Lo juro, lo dijo así.

–          Si con un hijo hoy en día es prácticamente imposible encontrar trabajo, ¡imagínate con dos! Ponte a estudiar cualquier cosa mientras, porque desde luego a ti no te va a contratar nadie.

Y lo cierto es que, de momento, aunque me duela reconocerlo, ha acertado. Pero no creo que haya sido por ser “reincidente”. Esto ni lo pongo en mi currículo, ni he tenido la oportunidad de contárselo a ningún empleador. Sencillamente nadie contestó a mis envíos de currículos.

Ese día, por supuesto, salí hecha polvo del INEM. No por haberme metido en un callejón sin salida al tener los dos hijos, como parecía decirme esta señora, sino porque sí soy consciente de que hoy en día (pero no hoy como 4 de junio, sino como cualquier día del siglo XX y XXI) parece que sea imposible que puedas disfrutar de tu faceta de madre y de profesional a la vez.

Y esa es la verdadera carga. No sumarle a un hijo otro más. Sino que en esta sociedad tener un hijo es un problema.

¿Con respecto a mi experiencia inmediata de sumar a un hijo otro más? Desde luego es el mejor regalo que le podía haber hecho a mi hija y por supuesto a mí misma. ¿Qué muchos días se tiran de los pelos? ¿Qué aun no hay una opción de ocio válida para los dos a la vez? ¿Qué no doy más de mí con tanta lavadora y la factura del colegio quita el hipo de un tirón? Pues sí, pero hoy por hoy, la pregunta más frecuentes del chiquitajo (sobre todo) es qué si se puede ir al cole con su hermana o si puede dormir con ella en su habitación. Es decir, que si pueden pasar aun más tiempo juntos.

La admiración y el cariño de este pequeñajo es el mejor regalo para la princesa destronada, aunque a veces la maten los celos. Aunque haya que fastidiarse sin ir a algún sitio porque su hermano no puede. O haya más de una vez en la que le ha pintado sus deberes. O si cada tres minutos le pone patas arriba la habitación…

Nunca me gustó la idea de tener un único hijo, porque me parecía que era como robarle a mi hija la oportunidad de tener un mejor amigo para toda la vida. Así que, personalmente ¡Soy una reincidente orgullosa! 


masaLa verdad es que este tema se lo había propuesto a una amiga que tiene bastante más gracia que yo escribiendo, pero hoy ha sido el colmo ¡¡@Millonesdevoces me siguen!!

No soy esquizofrénica, ni paranoica, ni nada por el estilo. O al menos no más que el común de los mortales en los tiempos que corren. Pero es que Twitter y sus expresiones me causan cierta desazón.
Como, por supuesto, todos sabéis, cuando a alguien le interesa lo que escribes en Twitter no basta con que te lea, sino que “te sigue. Vale, quizás tenga una connotación diferente y es como que está más pendiente de ti. Pero el hecho de tener este nuevo “seguidor”, que a priori parece positivo, va acompañado de un correo electrónico que te avisa:
 “@IkramBarcala –aquí aprovecho para daros mi usuario – @Manolo9978 te sigue”
Y la verdad, es que mi primera reacción es mirar para atrás y preguntarme: ¿A mí? ¿Por qué? ¿Qué quiere? Y da un poquito de peor rollo, si cabe, ver que detrás de ti no hay nadie. Ni @Manolo9978, ni nadie. ¡Lo que quiere decir que lo hace a escondidas!
Y por si fuera poco, a esto hay que añadir los extraños nombres que la gente se pone para manifestar sus opiniones en la red. Si bien @Manolo9978 parece que nos indica su número de celda al estilo de Mandela 46664…
(Apreciación 1: A ver… @Manolo9978 no existe. Y si existe, a mí, desde luego, no me sigue).
(Apreciación 2: al compararle con Mandela doy por hecho que @Manolo9978, si por algún casual sí que existiese y un día le diese por seguirme –que ya iba a ser una casualidad como para asustarse- seguro que es un ex presidiario político. O un héroe nacional… Algo bueno, desde luego, que sino mi mente empieza otra vez a calentarse y entonces resultaría que si que soy un poco paranoica, y no estoy por la labor).
Si bien @Manolo9978 parece que nos indica su número de celda al estilo de Mandela 46664 -iba diciendo- hay otros que tienen un nombre que, la verdad, acojona. Como mi nuevo seguidor @Millonesdevoces o uno anterior, @Masaenfurecida, que no me negaréis que dan cierto mal rollo:
“@IkramBarcala @Millonesdevoces te sigue”
ó
“@IkramBarcala @Masaenfurecida te sigue”
Uffff…
¡Y es que estos dos, Followers -sin ánimo de darles publicidad- si que existen!
En Facebook por lo menos tienes “Fans”. Lo que por otra parte también es extraño porque no soy actriz y sólo canto en la ducha ¿O es que los fans de Facebook te sigue -como los de Twitter– a la ducha? Creo que ahora sí que me estoy emparanoiando...
En cualquier caso, lo mejor es ser normalito y tener “Amigos”.
¿O no?
¿Seguro?
Sí, sí que es lo mejor. Pero lo cierto es que yo en Facebook tengo 89 “Amigos”, que es algo razonable. O eso pensaba hasta que veo que una prima mía de 22 añitos tiene ¡345 amigos! ¡Si lleva 16 años menos que yo sobre esta  tierra! ¡Pero cuando le ha dado tiempo a esa chiquilla a conocer a tanta gente! Y entonces llega el momento en el que dudas de su honorabilidad o te acomplejas.
Y luego viene el dedito de las narices… Un día de esos chungos vas tú y pones:
“Mi jefe es un cabrón”
Y es que Facebook te interroga con una pregunta muy directa “¿Qué estás pensando?” Y claro, voy yo, que estoy calentita hoy, y lo suelto:
“Mi jefe es un cabrón”
Y entonces llega mi amiga del alma y, para mostrarme su apoyo, presiona el dedito que se traduce como “Me gusta” (no lo digo yo, que se lo invento el de Facebook). Y la cosa queda así:
“Ikram Barcala: Mi jefe es un cabrón.
A Patricia Soto le gusta esto”
¿“Le gusta”? ¿Te gusta? ¿Te gusta que mi jefe sea un cabrón? ¿Y tú estas en mi lista de “Amigos”?
Y tres horas después, seis “Amigos” más han presionado este botón. Lo que quiere decir que, de los ya escasos 89 “Amigos” que parecía que tenía, siete son unos auténticos “hjs de pt” o no tienen claro el concepto de amistad. Vamos que, el otro día me rompí una pierna y no lo sabe nadie (si no lo pones en Facebook es como si en tu vida no pasase nada) por si resulta que tengo un montón de “Amigos” a los que también “Les gusta” que tenga el peroné fracturado.
Sin embargo, el colmo de las “redes sociales” tuvo lugar la semana pasada también en Facebook, que la final va a resultar que da más juego que Twitter. Como te van saliendo los mensajitos de todo lo que hacen tus “Amigos”, de pronto leo –y os juro que es un caso real- que:
“Maica López y Pedro Antón van a ir al funeral de Manuel Sánchez”
Y alucinas, claro. ¡Qué se convoque a un funeral por Facebook es muy muy fuerte! Pero, como es evidente, no resistes la tentación y vas a ver quién es el difunto Manuel Sánchez –el caso es real pero el nombre es inventado. No lo busques que hay 2.700.000 entradas en Google-. Pues eso, que linkeo en Manuel Sánchez, al que no conocía de nada, y me encuentro que hay cierta interacción en su “Muro”:
“Maica López: ¿A qué hora es?
Ruth Martínez: A las ocho, tía. No sé si voy a llegar, por que salgo a las 19.30 horas del curro.
Manuel Sánchez: No te preocupes Ruth, si puedes bien y si no, pues también. Lo importante es la intención.”
¿¡Manuel Sánchez!? ¿¡Manuel Sánchez!? ¡¡¡Qué fuerte!!! ¡¡¡Manuel Sánchez convoca y responde a la gente sobre la asistencia a su propio funeral!! ¿Pero es que se va a suicidar y nadie va a hacer nada por impedirlo?
Y tres entradas más abajo, sin que, por otra parte, a nadie parezca extrañarle que Manuel Sánchez conteste a sus mensajes, explica:
“Manuel Sánchez: Por cierto, soy su hermano Luis. Qué nadie se asuste.”
¡¡¡¡¡O_O!!!!
Tarde. A mí ya no me llegaba la camisa al cuerpo…
P.D. (Otro día hablamos de los emoticonos, que voy a procesar mi experiencia “cibersobrenatural”).