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La lista de Schindler, El niño del pijama de rayas, Ana Frank, La vida es bella y tantas otras historias nos han contado, de primera mano, lo que le sucedió a los judíos durante la II Guerra Mundial.

Quizás por eso estamos vacunados contra el horror. Echamos alguna lagrimilla la primera vez que conocemos la historia, o incluso la  segunda. Sin embargo, la mayoría debemos reconocer que los cuerpos famélicos que las protagonizan y las cámaras de gas y los campos de exterminio son tan previsibles en sus tramas, que no nos impresionan.

Creo que no me equivoco demasiado si afirmo que, en cada nueva película, con cada nuevo libro sobre este tema, empatizamos más o menos con los protagonistas y eso hace que la historia nos duela en mayor o menor medida. Pero pocas veces nos paramos a interiorizar, a reflexionar sobre lo que realmente pasó. Y eso es lo que me ha ocurrido  precisamente con el último libro que he leído: 28 días.

28 días, toda una vida,

28 días, toda una vida,

He de decir que elegí este libro por equivocación. Me explico: tras Una bicicleta en la playa -que también tenía como fondo la II Guerra Mundial desde una perspectiva muy diferente-, me apetecía otro tipo de historia.

Y en esas estaba, buscando mi siguiente compañero de insomnio, cuando cayó en mis manos un libro de David Safier. Creo que éste es el autor de uno de los libros que más he regalado y recomendado en mi vida: Maldito Karma.

Es, la de Maldito Karma, una historia loca, divertida y que me ha dado momentos de tan absurda alegría, que lo he regalado y recomendado una y otra vez como antídoto para sobrevivir a la realidad que nos rodea.

Con ésta historia en mi memoria y con fe ciega en el escritor, elegí otro libro suyo como compañero de viajes (sin leer casi ni el título y desde luego sin ver anuncios, críticas, ni nada de nada).

Mi sorpresa fue cuando, ya teniendo el libro en mis manos, leí, casi por inercia, la sipnosis. No tenía nada que ver con lo que buscaba y creía necesitar… pero le estoy tan agradecida a Safier por Maldito Karma, que decidí darle una oportunidad para ver como se desenvolvía con un registro absolutamente distinto a lo que conocía de él.

Tu vida se basa en tus hecho

Tu vida se basa en tus hecho

La experiencia con 28 días ha sido bestial. Como libro me parece perfecto. Me gusta su prosa, el clima que crea y la frialdad y a la vez cercanía con la que nos recuerda una de las etapas más lamentables de la especie humana.

Mi ignorancia e incultura sobre los hechos que rodearon al suplicio judío me ha llevado a leer el libro sin saber que se trataba de una historia real.

La maestría de Safier ha hecho que, efectivamente, se trate de un libro duro -imposible que fuese de otra forma-, pero que, en no sé que momento me tocase una tecla mágica con la que me saltó el resorte: no es una historia más, que se mezcla y pierde entre las demás, es un legado que me ha obligado a interiorizar hasta la incredulidad lo que allí pasó.

Sí, a estas alturas de la vida, éste es el momento en el que, desde que tengo conciencia, alucino, me desgarra el descrédito, la incomprensión, sobre una masacre que nunca debió de convertirse en una historia más. A mis taitantos y después de ver mil historias basadas en hechos reales o de ficción, he topado con este libro que ha sido el que, de verdad, me ha hecho pensar en la dura realidad que tantos miles de personas vivieron 

Seguro que más de uno estará pensando que éste no es su momento para leer un libro así. Pero hay algo quiero dejar muy claro; no hay frivolidad, ni descripciones grotescas de una realidad insoportable.

Hay un lenguaje directo, que ha secuestrado mi interés al 100%, pero que no me ha atormentado la vida y eso que yo soy una llorona con título y reconocimiento.

Sí, ha habido lágrimas, en una sola ocasión, pero es que no soy de piedra (gracias a Dios). Lo que más le tengo que agradecer a 28 días es que me ha hecho ser consciente de que no es una historia, sino que es una realidad que debería ser absolutamente insoportable para el imaginario colectivo.

Sin duda, es un libro que recomiendo. No hay momento adecuado para él pero merece la pena leerlo,

Por cierto, sí, añoro a sus personajes como cada vez que soy secuestrada por un libro. Eso nunca cambia 🙂

PD2- Esto de dejarme llevar por el los impulsos a la hora de seleccionar un libro, está resultando realmente muy positivo. 

Y tú, ¿qué tipo de persona quieres ser?

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Dispara que yo ya estoy muertoCuando estudie la carrera, la asignatura de Relaciones Internacionales, me la dió un profesor de origen palestino. Creí que al fin sabría cuál es realmente el problema que hay entre palestinos e israelitas. Sus clases, desde luego no estaban bañadas de objetividad, pero es que además, eran bastante malas, en ese tema y en cualquier otro. Así que seguí con el mismo descocierto que ya tenía.

Con el transcurso de los años, he seguido atónita con lo que quiera que sea que motiva esa locura. No lo entiendo. No me cabe en la cabeza y al final todo se traduce en muertes y más muertes. Inseguridad. Atraso. Terror. Resignación. Dolor.

Acabo de terminar el libro de Julia Navarro, Dispara que yo ya estoy muerto y, aunque en principio el título me pareceía un sinsentido, ahora entiendo que es imposible elegir uno mejor. No puedo juzgar su seriedad histórica (aunque tampoco tengo duda de ella) pero, lo que es cierto es que este libro, además de atraparme desde el minuto cero, me ha obligado a ponerme en la piel y sentir en lo más hondo, una serie de sucesos históricos tan vergonzosos, que no sé como después de todo eso nos podemos seguir considerando seres racionales.

El libro es duro. Muy duro. Pero no hay nada gratuito ni morboso en su redacción. Es, simple y llanamente una realidad que no debemos olvidar y que no debe de dejar de dolernos para… ¿Evitar que se repita, iba a escribir? Lo cierto es que se repite, se sigue repitiendo miles de veces por todo el planeta y no aprendemos la lección.

Sra Navarro, felicidades por su libro y salude a sus personajes de mi parte. Hace dos días que terminé el libro y los extraño a cada minuto. Tanto, que aún no he empezado ninguna otra lectura. Sigo con mi periodo de duelo poslectura.


Portada de Alicia en el país de las maravillasComo lunes que es vamos a recordar algo positivo. Algo que me gusta y me ha hecho -y me hace- pasar buenos momentos.

En esta ocasión se trata de un libro, teóricamente infantil (yo me enamoré de él y puse como escusa a mi hija para comprarlo) pero que en realidad es, desde luego, para personas de cierta edad, entre otras cosas por lo delicada de la edición

Se trata de la versión de Alicia en el país de las maravillas de Rober Sabuda. Una adaptación desplegable del cuento original de Lewis Carroll que a mi me parece una autentica delicia. 

Aqui os adjunto algunas imágenes pero he de decir que, además de ser un cuento desplegable impresionantes, tiene texturas diferentes: el gato es aterciopelado, el juego de té tiene un tacto que bien podría ser el de la mismísima porcelana y la vegetación dista mucho del papel convencional.

Además, no sólo el elemento esencial del cuento se despliega formando un autentico escenario en 3D, si no que en cada página hay una especie de minilibro adherido, con nuevas sorpresas. 

Por cierto, yo no le voy a discutir a Carroll nada, pero si a mi me pasase todo lo que le sucede a Alicia, creo que lo llamaría más bien Alicia en el país de las pesadillas ¿no crees?

alicia 5

Interior de Alicia en el país de las maravillas


Fiel a mi rutina bloguera, hoy lunes os quiero recomendar algo que a mí me ha gustado, con lo que he disfrutando durante días y que espero que para vosotros también sea algo agradable.

Portada de El viaje de Pau

Se trata de el libro de una amigo (aunque sea virtual) que he leído casi en primicia, ya que, aunque ahora ya está a la venta tanto en Amazon como en La Casa del Libro, yo lo tuve en mi poder en versión digital antes de que todo eso pasase.

Esta (casi) exclusiva ha sido todo un honor, pero también  una responsabilidad, no os lo voy a negar:  ¿y si no me gustaba? ¿cómo se lo iba a decir?… Tras las primeras páginas ya supe que esa era una preocupación menos en mi vida. Muy mala evolución tenía que tener el libro para que no me gustase. 

¡Ah! ¡Qué aún no he dicho el libro del que se trata! Seguro que más de uno -seguidores compartidos en su mayoría- ya lo habéis averiguado. Es, como no, de “El viaje de Pau”, de Benjamín Recacha.

Los habituales de este blog ya le conocéis, ya que ha sido mi primer invitado en “Divagando con…” y es, además, uno de mis lectores más activos (a ver si los demás vais tomando más confianza y empezáis también a dejarme algún que otro comentario 😉 ¡qué me hace mucha ilu! ). 

Volviendo a “El viaje de Pau”. Es el primer libro de Benjamín y seguro que no es el último. Y, aunque al lanzarse a la autoedición, su arranque no está siendo fácil, yo creo que va a tener mucho éxito y que, sin duda, es el comienzo de una gran carrera. 

En “El viaje de Pau” encontramos dos tramas que se entrecruzan durante todo el libro. Por un lado, en el presente, sobre como se conocen los protagonistas y como va evolucionando la relación entre ellos. Y por otro, la historia de uno de tantos desaparecidos durante la Guerra Civil Española. Una de esas historias inconclusas que dejaron muchos corazones rotos, vidas suspendidas en la duda y el dolor y capítulos sin desenlace en demasiadas familias. 

La dichosa Recuperación de la Memoria Histórica ha sido últimamente un tema muy repetido y hasta cansino para los que no vivimos en nuestras propias carnes, ni de cerca, historias como la que se cuenta en “El viaje de Pau”. Ahora he comprendido que, simplemente nos resulta un poco más difícil, e incluso molesto interiorizar esa parte de la historia y por eso nos producía hastío ver como se retoma el tema una y otra vez. Pero es, leyendo historias como ésta, como te das cuenta de que no es que se retome el tema una y otra vez, si no que no se termina de cerrar y por eso hay que insistir en él. 

Nos cuestan los desaparecidos de la Guerra Civil, sin embargo, a casi nadie nos cuesta poneros en el pellejo de los padres de Marta del Castillo que tienen la certeza aun 99% de que su hija fue asesinada, pero que no han conseguido que les digan a ciencia cierta como murió y dónde está su cuerpo, para intentar cerrar ese capítulo y continuar con sus vidas que en cualquier caso han quedado destrozadas. Realmente es algo similar en ambos casos y de hecho, el dolor y la necesidad de conocer un final se repite en cada historia de un desaparecido, como forma natural para culminar el proceso de duelo de cualquier ser humano. 

A lo mejor hay que dejar al margen los perjuicios iniciales sobre si nuestros antepasados estaban en el bando de los buenos o de los malos para poder entenderlo. Y perdonad que insista sobre este tema, pero es que yo soy una de tantas personas para las que este problema les resultaba ajeno y que gracias al libro de Benjamín he podido entender porque se vuelve una y otra vez sobre él.

¿Y la historia de un desaparecido en la Guerra Civil nos va a hacer pasar un buen rato? Pues eso precisamente no, pero todo está enmarcado en esa otra trama, perfectamente descrita, en la que aparece el lado humano y positivo de las personas y que está tan bien desarrollada, que cuando tienes un hábito de lectura en el que te enganchas a una hora determinada al libro, todos los días, cómo te lo saltes una vez, es como si te estuvieses saltando una cita real con unos amigos. ¡Y los añoras! ¡Vaya sin los añoras! Yo ya llevo cinco días sin Pau, Sandra y demás, y parece que, o me escriben una carta o un mail diciéndome que están bien o voy a seguir viviendo sin vivir en mi

En definitiva, es una gran novela que ahonda en un tema que, sin duda, a muchos molestará, pero que también a muchos otros les hará reflexionar (y en ocasiones revivir) sobre los acontecimientos de una parte de la Historia. La base argumental está cimentada sobre una magistral descripción de la personalidad de cada personaje, velada entre los acontecimientos y sobre todo la descripción del paisaje del Valle de Pineta. ¡Dudo que haya muchos lectores de “El viaje de Pau” que no estén pensando ya en organizar una escapada a esta zona!

Pau, digo Benajamín, ¿tú te has planteado proponer la venta de este libro en las oficinas de turismo de la zona? Muy pavos tienen que ser para no darse cuenta de la gran promoción que haces del Valle de Pineta. ¡Me río yo de la capacidad promocional de Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen!

Por cierto ¡Feliz lunes!


Portada del libro de Carlos del Amor "La vida a veces"¡Ya tenía yo ganas de recomendar este libro!

Y no porque haga mucho que lo leí. Lo acabé la semana pasada.

Pero es que, desde que supe que Carlos del Amor había escrito un libro, estaba segura de que era de los que quería tener en papel (yo soy mucho de libro electrónico. Me parece más ecológico y práctico) y que me iba a encantar.

¡Y encantar es poco!

Lo cierto es que lo leí antes de hacer la recomendación de la semana pasada y podría haber escrito este post hace siete días y así matar esas ganas locas que tenía por compartir. Pero me mordí las ganas y elegí dejar reposar mis impresiones. Nunca me ha gustado terminar un libro y comentarlo al instante o empezar en ese momento con otro.

Tengo la costumbre de “guardarle las ausencias” al menos, durante un día y de ver que sabor de boca deja cuando me despido de él. Si es de los que dejan poso o simplemente “fue bonito mientras duró”.

En este caso os diré que “La vida a veces” es un libro de relatos absolutamente delicioso.

He intentado no leer nada más que una historia de cada “sentada” para interiorizarla, saborearla… Pero la verdad es que lo he devorado.

Cada relato me gustaba más que el anterior y eso me daba hambre de más…

Creo que no pasarán ni un par de meses antes de que lo vuelva a leer.

“La vida a veces”

Es un libro editado en enero de este mismo año por Espasa y la portada ya es una auténtica maravilla. Es una obra de más!gráfica basada en una idea de José Manuel Méndez Casanova. Personalmente me parece una imagen preciosa y que trasmite auténtica calma. Es la captura de un instante. Una historia entre real y ficticia congelada.

Y el título… la mejor síntesis posible de lo que alberga el libro.

Pero vamos a lo importante. Su contenido.

Vaya por delante que yo no soy muy dada a los relatos breves. Soy mas de tochos que superan las 800 páginas ya que creo que hay que ser un auténtico maestro para “pintar una historia” en apenas seis páginas. Pero maestros los hay y este libro lo ha escrito uno. 

Son algo más de veinte historias a las que hay que sumar la introducción más sincera que he leído nunca. Una introducción que continúa al final del libro y que contextualiza cómo se creó.

Y el resultado es que, entre que -como habréis imaginado- soy fiel seguidora de los reportajes de Carlos en los informativos de La 1 y que nos detalla perfectamente ese momento de concepción, mientras lo leía podía oír la voz del propio escritor contándome cada historia. Y podía verle cómo ese narrador protagonista que vive, entiende y siente cada noticia que da.

Me gustaría recomendaros alguno de los relatos, pero la verdad es que hay que leer todos. Pero tomándose su tiempo. Degustando sus experiencias.

Con el relato de “Marta” por ejemplo, me he puesto en la piel de alguien en el que en la vida había pensado y que creo que va a cambiar mi visión de profesiones como esta. Si queréis saber de que profesión se trata, tendréis que leerlo en el propio libro, que no pienso destripar nada. 

Otros relatos, con el lenguaje más dulce, han dado vida a situaciones durísimas que han hecho que me plantee, una vez más, en que mundo vivo y cuantos “Eusebios” hay a mi alrededor. 

“La vida a veces” termina con unas hojas en blanco para que cada uno escriba la historia no quiere olvidar por nada del mundo.

En mi libro, de momento, sigue en blanco. No se si llegaré a utilizarlo porque este es de esos libros que voy a prestar a todo el que me de pié. ¡Y que voy a regalar aún más!

¿Lo has leído? ¿Qué te parece?

De parte de la princesaMe gusta comenzar la semana recordando -y compartiendo con vosotros- algo que me haya hecho feliz, aunque sea durante un rato, y para hoy he elegido un libro.

No es ningún best-séller de los últimos años, ni un clásico de la literatura española, pero seguro que más de uno lo habéis leído: De parte de la princesa muerta de Kenizé Mourat.

Es una novela que leí por primera vez hace más de 20 años -¡uy, igual me he pasado!-y que me fascina. Mi cuenta pendiente es viajar a Turquía a recorrer todo los los parajes de los que se habla en este libro.

Se trata de la historia de la última Familia Real Otomana contada por la hija de la última princesa y como perdió su reino. Es, por tanto, una de esas que se catalogan como novela histórica muy muy bien contada, que te atrapa y te sumerge en una época que resulta muy lejana en tiempo y espacio.

La verdad es que, a pesar de que he leído este libró un montón de veces, siempre es como la primera vez, con la ventaja de que ahora me reservo las últimas páginas para leerlo en la intimidad.

En la primera ocasión devoré sus últimas páginas en el Metro y acabé con todo el vagón pendiente de mí mientras lloraba desconsoladamente y, como la escena se repite cada vez que lo leo… prefiero pasar el sofocón en privado.

¡Ah! Igual que os recomiendo de corazón este libro, que con toda seguridad devoraréis, os recomiendo saltaros la segunda parte. Foto en blanco y negro de la escritora y periodista Kenizé Mourad

Cuando vi que la periodista Kenizé Mourad había escrito la continuación de De parte de la princesa muerta: Un jardín en Badalpur se me iluminó el alma.

El primer libro te deja hambriento de más. Echas tanto de menos a los personajes, que la idea de volver a tenerles entre tus manos resulta fascinante.

Sin embargo, tras leer con tanta expectación Un jardín en Badalpur os diré que me cuesta creer que sea de la misma autora ¿Dónde está la pasión y el ritmo de De parte de la princesa muerta?

Con De parte de la princesa muerta disfrutaréis, soñaréis y viajaréis en la historia pero Un jardín en Badalpur, en mi humilde opinión, es un auténtico coñazo. Y no puedo decir otra cosa del resto de los libros de esta autora… 😦

Es una pena e imagino que no es muy habitual pero, la autora de mi libro preferido no ha escrito nada más que me guste ni medianamente.

¡Pues venga, ya tenéis lectura para este puente -aunque creo que esto sólo afecta a la Comunidad de Madrid-, que pinta que va a ser de mantita y sofá!

Y tú ¿Conocías ya este libro? ¿Te animas a leerlo?


Hoy es el Día Internacional del Libro. A nadie se le escapa, porque ni los medios de comunicación, ni las librerías y ni, sobre todo, los grandes almacenes, van a dejar que nos olvidemos.dia del libro 4

He de decir que yo soy muy aficionada a los “Días mundiales de…”.

Desde luego creo que se debe leer todos los días, que hay que tener presente a las personas con enfermedades raras todos cada uno de los minutos de nuestra existencia y no debemos perder de vista ni un momento las pautas de prevención del cáncer, pero es que además ¡yo soy muy de celebrar!.

Me gusta celebrarlo casi todo.

Y me parece genial que celebremos un día al año cada una de las cosas importantes de nuestra vida cotidiana qué, por otra parte, son tantas, que en una misma jornada hay que conmemorar varios Día Internacionales (o Mundiales, según las versiones) del Libro, de los Derechos de autor, de San Jordí… y seguro que de 26.000 cosas más. ¡Pues a celebrarlo! ¡Y si con esa excusa hay que regalar libros y flores, pues se regalan!

El Día Internacional del Agua, de la Naturaleza, de la Raza Gitana… en general son fechas que nos hacen ser más conscientes de las cosas que tenemos delante de las narices y que no apreciamos adecuadamente.

La verdad es que el único día que no me gusta celebrar es el de mi cumpleaños. Bueno, no y si. Digamos que ese día me pongo “huevona” y si lo celebro porque lo celebro, y si no lo celebro, porque no lo celebro. Pero es cierto que es un día que rara vez estoy feliz. En cualquier, caso se agradecen los regalos 😉 Me gustan más los tiestos -con flores dentro claro- que los ramos, me encantan los dulces, los complementos y por su puesto las joyas. Por si alguien tiene especial interés en mejorar ese día, digo.

Volviendo al tema del que hablábamos. El Día Internacional del Libro es una auténtica contradicción en sí mismo. Según la UNESCO se hace para conmemorar el fallecimiento de  Miguel de Cervantes (que realmente falleció el 22, aunque que tampoco hay que ser muy tisquismisquis digo yo); William Shakespeare (que sí fue el 23 del abril, pero del año Juliano, es decir, que si lo ajustamos a la realidad estaríamos hablando del 3 de mayo del calendario Gregoriano) y Garcilaso de la Vega.

Dibujo de peluche leyendo un cuento

Vamos, que lo celebramos ese día por una serie de casualidades inauditas y son tan inauditas que no son ciertas…

Por otra parte ¿no sería un poco más acertado celebrar cuando nace un gran escritor, -que es a partir del momento en el que empieza a haber alguna esperanza de que nos deje grandes obras como legado- que cuando fallece, que parece evidente que a partir de ese momento, libros libros ya va a escribir pocos? Es una idea sólo, pero vamos, que yo hoy estoy de celebración.

Lo que pasa es que en mi caso, ya al libro tal y como siempre se ha conocido no le hago demasiado caso (aunque estoy en vías de arrepentirme).

Como soy muy moderna (y sobre todo muy cómoda), después de leerme la segunda parte del Los pilares de la tierra, Un mundo sin fin, en las idas y venidas del Metro y del autobús interurbano, decidí que nunca más cargaba con un tocho semejante, y como tengo cierta tendencia a la novela histórica y a los libros de más de 800 páginas… pues mi contraparte, que es muy avispado y coge bien las indirectas –lo cierto es que eran bastante directas- me regaló un e-Reader. Y aquí estoy yo, feliz con mi cacharrito desde hace 5 ó 6 años, cuando apenas nadie tenía uno, leyendo auténticos tochos sin que mi espalda sufra lo más mínimo –o al menos por la lectura-.

Y ahora voy como una reina con mi novela de turno, la de “porsimelaacabo”, el libro que esté estudiando y algún que otro cuento para los enanos en el bolso y sin fatigarme ni lo más mínimo.

Imagen de un libro de Jerónimo Stilton

Y en esas estaba yo ésta Semana Santa cuando iba a realizar lo que se me antojaba uno de los mayores placeres que podía experimentar en esos momentos: irme a leer a la playa, con las olas del mar como banda sonora, los pies en la arena caliente y dejándome acariciar por una temperatura que invitaba a la manga corta.

Todo perfecto. Mi niña y yo, renunciando al “momento siesta” para aprovechar el solete y buscando a conciencia nuestro rincón de lectura, y cuando estaba todo listo… ¡el e- Reader no se enciende!

¡Batería cargada, tarjeta SD puesta, todo en orden y no se enciende!

Mi hija, que llevaba uno de sus ejemplares de toda la vida de Jerónimo Stilton, disfrutó del placer de la lectura a sus anchas, mientras que yo, por ser una friki modernilla me quedé con dos palmos de narices contando gaviotas.

Para  colmo, continúa sin funcionar bien y se queda colgado en los momentos más inoportunos. ¡Imagínate que estás a punto de descubrir si el protagonista conoce o no a su madre y el libro, un ejemplar a papel de los de toda la vida, se cierra y no hay forma de abrirlo, como si estuviese embrujado! Pues así me siento yo.

Y otro tanto del iPad y el periódico. Disfrutaba soñando con lo estupendo que sería poder leer el periódico en el Metro o en la playa sin tener que preocuparte de que se te vuelen las hojas o que no tengas espacio para abrir semejante sabanón y llegado el momento de la verdad, ni me atrevo a meterlo en el bolso cuando voy a salir por miedo a que me lo roben…

¡Pues aunque sea escondida en el baño, el manual de instrucciones de la lavadora o el prospecto del jarabe, os prometo que el resto del día se lo voy a consagar a la lectura! 

F E L I Z   D Í A   D E L   L I B R O


Portada de Maldito Karma, David Safier

Hay un libro que siempre recomiendo, sobre todo en esos periodos en los que nos cuesta sonreír, y que también me gustaría compartir con vosotros. Se trata de la novela Maldito Karma, de David Safier.

Sí, no es una novela histórica, ni un ensayo en profundidad sobre nada, ni un manual de autoayuda y seguramente no tendrá calidad literaria suficiente para más de uno, pero lo cierto es que yo me lo pasé genial leyéndola y, aún hoy, un par de años después, se me escapa más de una sonrisilla cuando recuerdo alguno de sus fragmentos.

No sé si tendrá algo que ver que en esta vida me haya tocado ser cangrejo

Ya me contaréis que os parece 😉